
La Revolución soviética, en un inicio, aspiraba a cambiar toda la sociedad en su conjunto. Hasta el fútbol. Los primeros revolucionarios despreciaban el deporte por burgués. Eso de competir a ver quién gana y es el mejor y darle un premio les parecía de horteras y se propusieron eliminarlo. No es de extrañar, porque hasta entonces el deporte solo lo practicaban los nobles, con influencia victoriana, y no permitían que los trabajadores manuales se afiliaran a sus clubes.
Cuando luego empezó a popularizarse el fútbol en las calles, los revolucionarios lo consideraban una degradación derivada de la explotación capitalista. Veían al obrero pateando la pelotita como un hámster en la rueda. Mención aparte que desde Inglaterra llegaban noticias, para ellos aberrantes, de equipos, como el West Ham United, que se formaron en las fábricas después de una oleada de huelgas en el sector para unir y confraternizar trabajadores con patronos.
Un bolchevique, Boris Efimovich Evdokimov, sí vio el potencial del fútbol para que sirviera de cadena de transmisión de las ideas socialistas. Sin embargo, en los años veinte, la URSS rechazó el deporte occidental, por elitista, corrupto y orientado al consumo. Los comunistas querían un deporte proletario, una cultura física, que tuviese como objetivo la higiene y la salud. Para promover estos deportes, se creó la Sportintern en 1921, que también tenía como fin servir de entrenamiento temprano para los jóvenes que pronto estarían en edad militar.
Una organización, la Red Sport International, inspirada por Nikolái Podvoiski, planificó el que iba a ser el deporte anticapitalista. Llegó a tener dos millones de afiliados en la URSS, Alemania, Checoslovaquia, Francia, Noruega, Italia, Finlandia, Suiza, Estados Unidos, Estonia, Bulgaria y Uruguay. Los Juegos Olímpicos que organizaba el COI entendían que eran un ejemplo de chovinismo y nacionalismo ridículo. Los suyos iban a servir para construir la ética del internacionalismo. Se llamaron Spartakiadas, en honor a Espartaco, y ninguna bandera nacional o himno hizo acto de presencia en la apertura o clausura de los huegos. Todos cantaban La Internacional y punto.
En este contexto, llegó la reforma del fútbol a la URSS en 1923. Tenía que ser un deporte educativo y formativo, no un espectáculo ni una competición. No solo contaban los goles, también puntuaba cometer menos faltas, tener menos expulsados, alinear jugadores que también hicieran otros deportes o fueran profesores de educación física en sus barrios. El Krasnaya Prensya fue el equipo que al final de temporada consiguió más victorias y quedó quinto. En la prensa, el debate giraba en torno a si era ético que alguien cobrase por hacer deporte. Se preguntaban si era lícito que alguien jugase en el club de un sindicato que no era el de su empresa.
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Hola a todos! Excelente recuento histórico del deporte y su evolución, en un momento de la historia, cuyas circunstancias podrían traspasar los límites del entendimiento común. Les felicito, porque el recuento permite indagar desde otra perspectiva–en este caso, el deporte–en la historia de los pueblos que se vieron abocados a enfrentar la II guerra mundial y sus trágicas consecuencias para la humanidad! La historia no está por demás exenta de reescribirse y comprender nuestro presente en una dimensión más objetiva, y darle al valor y al espíritu deportivo, un lugar en el pedestal que se merece en honor a la justicia. Realmente, para mi persona. estos reportajes me resultan apasionantes y concluyó que vale la pena, el poder haber accedido a este sitio web.
No idealice esta web. Hay algún que otro autor bastante infumable
El deporte es una guerra sin armas.
(min. 15:50)
https://youtu.be/MfalfT1Iqmg