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El carpintero que conquistó el Imperio romano

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Quiero suponer que uno podría escribir sobre cine o sobre ornitología sin sentir la necesidad de aclarar sus intenciones. Pero, cuando uno escribe sobre un asunto relacionado con la religión, quizá convenga aclarar la dirección que se ha querido tomar.

Empezaré por decir que hace años me hubiese parecido extraña la posibilidad de indagar sobre un personaje como Jesús de Nazaret, y aún más extraña la posibilidad de ponerme a escribir sobre él. Desde lo personal, mi relación con el asunto religioso es tangencial y se limita a un interés sobre sus aspectos culturales y artísticos. Pero nunca he sido una persona religiosa, y continúo sin serlo. No creo en una dimensión espiritual, ni en la posibilidad de la vida tras la muerte, ni en la existencia de misteriosas esferas ultramundanas.

Pasé mi infancia y buena parte de mi adolescencia siendo el desinteresado alumno de un colegio católico. Jesús, para mí, era parte del aburrido sonsonete doctrinal de una vida escolar ya de por sí aburrida. Familiarizado como estaba con ese Jesús de la tradición religiosa, consideré durante mucho tiempo que ese conocimiento me era más que suficiente. Como les sucede a muchas otras personas, creía saber lo que se podía saber sobre el personaje, y que a cada cual le correspondía decidir si ese personaje había sido inventado, o si había algo de real en él. Cualquier indagación posterior me parecía superflua.

Hay muchas cosas que sabemos, pero sobre las que ya no nos hacemos preguntas precisamente por lo familiares que esas cosas nos resultan. No me hice preguntas sobre Jesús hasta que el interés por la historia me llevó a formular cuestiones en las que nunca antes había pensado. Empecé a mirar desde otra perspectiva a aquel personaje al que creía conocer, y a unos hechos históricos tan asimilados por la tradición que ya apenas provocan reflexión.

En otras palabras, empecé a pensar sobre lo que creía saber, y me pregunté por qué creía saberlo. Por ejemplo: a principios del siglo I, esa inmensa y fascinante obra de ingeniería a la que llamamos Imperio romano se caracterizaba una religión oficial politeísta y pagana, que constituía una de sus principales credenciales culturales. Sin embargo, cuatro siglos después, ese mismo Imperio había sido transformado por el culto a un humilde carpintero galileo reconvertido en Dios. Un galileo que, en su día, apenas había llamado la atención de unos pocos centenares de personas. Empecé a preguntarme cómo era posible que un obrero palestino llegase a ocupar semejante estatus en la religiosidad romana y occidental. ¿Por qué precisamente él había sido convertido en el dios de los romanos, y por qué no algún otro individuo con un historial más ajustado a lo que entonces se entendía por grandeza? Y, si de verdad ese carpintero había sido un judío que hablaba a otros judíos sobre profecías judías extraídas de las escrituras sagradas del judaísmo, ¿por qué fueron separados cristianismo y judaísmo como dos religiones distintas?

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19 comentarios

  1. También relacionado: El catolicismo explicado a las ovejas, de Juan Eslava Galán, que casualmente es mi lectura actual.

  2. Hay muchas dudas sobre su verdadera existencia. Si vas a la fuentes y tomas las opiniones de los expertos como lo que son, simples opiniones, si buceas en la historia, te asaltan las dudas sobre la veracidad del relato que finalmente ha permeado.

  3. No hay ninguna evidencia histórica de su existencia como personaje histórico. Todo es construcción de uno de los muchos arquetipos de predicadores o rebeldes que pululaban por Judea. Pero es un negocio demasiado suculento para abrir los ojos.

    • Sí existió Jesús.
      Fuentes: Mara bar Serapión, Suetonio, Tácito y Flavio Josefo.

      • Falso, el más tempranero escrito sobre Jesús data de 60 años después de su muerte. Sigue buscando. Me he leído la historia de esos historiadores.

  4. Y si no, muéstrame una evidencia arqueológica, una solo que lo demuestre, como se ha hecho toda la vida con cualquier personaje histórico desde los albores de la civilización.

    • No soy historiador, me guío por los historiadores que me persuaden.
      En este caso por Antonio Piñero, agnóstico, racionalista y riguroso.

      https://www.antoniopinero.com/ficha-libro/existio-jesus-realmente.html

      Soy ateo, pero restringir el cristianismo, y por extensión la religión, a mero «negocio suculento» lo veo reduccionista.

      • Todo conjeturas, ni un dato fiable y fehaciente. Nada nuevo bajo el sol. Es un ejercicio de fe, hay tanto escrito al respecto y tantas vueltas y divergencias, que lo máximo a lo que se puede llegar es a la mera posibilidad. Al final todo se reduce a Ockham: en ausencia de una explicación más plausible, la hipótesis más sencilla es la que cobra fuerza. Lo demás, literatura y leyenda para seguir engrosando el cuento y cuantas más capas de especulaciones se agreguen más se creen los «historiadores» de parte que su discurso cala.

        • «Es un ejercicio de fe…»
          «…más se creen los «historiadores» de parte…»

          Habrá existido o no habrá existido, no haré casus belli de ello, pero de esos dos comentarios sí.
          En el caso de Piñero habrá que encontrar otro flanco de crítica, pues ni hay fe que valga, ni hay «historiador» de parte.
          No se compartirán sus argumentos, pero su metodología histórica es científica y estricta y se desmontará, si acaso, con mejores argumentos, no con descalificaciones generales y gratuitas.

          • Leaveacoment

            Intuyo que es Vd. un serio candidato a formar parte del selecto club de personas a lo largo y ancho del mundo que defienden la tesis de la no existencia de Jesús. La puerta abierta a desmontar a Piñero (perdóneme, pero, honestamente, el catedrático gaditano es un «historiador de parte», tan de parte como muchos otros pero, acaso, con un estilo quizá más puntiagudo) y su «Habrá existido o no habrá existido, no haré casus belli de ello» indican claramente las dudas que Vd. tiene sobre el asunto. Sea valiente. La posición más cercana a la verdad sobre el tema es la que indica Dani unas líneas más arriba.

            • No me imagino una razón por la que no podría llegar a pensar una cosa u otra. No tengo por qué no ser valiente intelectualmente.
              De hecho, pienso no sólo que no existe dios, sino que no puede existir. Es decir, mi ateísmo es esencial, no puramente existencial.
              Pero me da la impresión, por lo visto, de que para algunos para ser ateo cristiano hay que negar la existencia de Jesús, lo cual no es un requisito lógico en absoluto. Es como si para los ateos musulmanes fuera requisito negar la existencia de Mahoma (que ya sé que no es comparable).

              • Pues sí, es igualmente comparable, igual que Yahvé para los judíos. Otra cosa es que culturalmente o a nivel de folclore uno se sienta confortado por los ritos y tradiciones y necesite personalizar en un mito todo lo que de él deriva.

                • Mahoma, profeta y fundador de una religión , personaje histórico. No creo que haya duda sobre ello.
                  Yahvé, dios, ente mental, inexistente.
                  Jesús, personaje histórico para unos, para otros, no; dios para los cristianos, en cualquier caso. En este sentido decía que no era comparable, en el papel desempeñado en las religiones respectivas, divino para los cristianos y no para los musulmanes.

                  • No sé Rick, creo que deberías revisar tus fuentes:

                    » Robert Spencer, historiador islamista enumera toda una serie de los que juzga “puntos débiles” en el relato tradicional de la vida de Mahoma y del Islam en sus albores.

                    El primer punto está relacionado con la muerte del Profeta; “no aparece ningún elemento de la muerte de Mahoma en el 632 hasta más de un siglo después de esa fecha”.

                    Además los primeros datos escritos de los pueblos conquistados por los árabes no mencionan el Islam, a Mahoma ni el Corán. Llaman a los conquistadores Ismaelistas, Sarracenos, Agarianos, Mohajires, pero nunca musulmanes.

                    Spencer subraya luego que los conquistadores árabes, en sus monedas e inscripciones, no hacen ninguna referencia al Islam ni al Corán durante los primeros sesenta años de su conquista. Las citaciones de “Muhammad” son “no específicas, y por lo menos en dos ocasiones están acompañadas por una cruz”. Spencer de ello deduce que la palabra podría ser usada no solo como un nombre propio, sino también como un término honorífico.

                    Luego está el problema del Corán. Que no fue distribuido, según afirman también fuentes canónicas, con su forma actual antes del 650 d. C. Y según Spencer el hecho de que ni los árabes, ni los cristianos ni los judíos de la región en cuestión mencionen su existencia hasta el siglo VIII plantea ciertamente un problema de importantes dimensiones.

                    Según el estudioso, en realidad “no se oye hablar de Mahoma, el profeta del Islam ni del Islam mismo hasta el 690 d. C. durante el reino del califa Abd al-Malik.

                    Monedas e inscripciones que muestran las creencias islámicas también comienzan a aparecer en este periodo”. A mitad del siglo VIII la dinastía Abbaside ocupa el puesto de los Omeyas de Abd al-Malik. Y es durante el periodo Abásida, afirma Spencer, cuando comienza a proliferar el material biográfico sobre Mahoma. La primera biografía completa del profeta del Islam apareció en esta era, es decir, por lo menos 125 años después de la fecha tradicional de su muerte.»

                    Parece que los árabes se fijaron en los cristianos a la hora de construir el «relato».

  5. Ya estamos en plan faltón. De Rick, nada, y de usted.
    Va usted surfeando en cada respuesta. Es decir, a cada nueva réplica, un nuevo ángulo. Que se va por las ramas, dicho en plata.
    Que el islam sea un desarrollo o «herejía» de elementos judíos y cristianos (en concreto, nestorianos y monofisitas) tampoco quita que Mahoma haya existido
    Aunque ese Spencer tenga razón no desdice lo que he dicho: Jesús para los cristianos es dios; Mahoma para los musulmanes no es dios, es un (el) profeta.
    Y sobre lo fundamental que he dicho no creo que haya posibilidad de controversia: la historicidad o falta de ella de ciertos personajes religiosos no es condición lógica del ateísmo.
    No voy a investigar sobre los musulmanes ni sobre Mahoma, pero me da a mí que recurrir exclusivamente a este Robert Spencer es aventurado como cita de autoridad.
    Ya está, para usted todas las religiones del Libro son novelas puras, de cabo a rabo, pues muy bien. Suerte.

    • No solo es Spencer, pasa lo mismo que con Jesucristo: que todo son especulaciones y no hay una sola evidencia coetánea de su tiempo que indique la existencia de Mahoma.

  6. Acabo de leer con grandísimo interés y disfrute la serie publicada en Jot Down, y buscando la prometida séptima entrega he llegado hasta aquí. Con sinceridad: ¿voy a encontrar en el libro suficientes novedades sobre lo que ya he leído? En cualquier caso, enhorabuena por tan magnífico trabajo.

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