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William Blake es el patrón sobre el que hemos construido nuestro concepto moderno del artista visionario. Sus rasgos son los rasgos de Blake. Sus paseos nocturnos, sus encuentros con fantasmas, sus mitologías de la imaginación. Todo viene de Blake.
Fuera de lugar. Incomprendido. Adelantado a su tiempo. Expresiones que nuestro imaginario asocia con el artista visionario. «Pictor Ignotus», lo llamó su biógrafo victoriano Alexander Gilchrist, aunque Blake no fue un desconocido en su tiempo ni mucho menos. Al contrario: los testimonios que recoge Gilchrist transmiten más bien la idea de que en la escena cultural de Londres su excentricidad estaba en boca de todos.
De Gilchrist a Chesterton, las primeras biografías de Blake se ocupan de la controversia inevitable de la locura del artista de Lambeth. Ambos biógrafos recogen testimonios que afirman su locura, que la matizan o incluso la cuestionan. Ambos están de acuerdo en atribuir la fama de loco de Blake a dos razones. La primera se puede considerar ideológica, y es lo que Chesterton llama la «falta de decoro» de Blake: aquí entrarían cuestiones como la articulación de opiniones y religiones heterodoxas, las muestras de radicalismo político, los exabruptos, el nudismo o las leyendas de su experimentación conyugal. En su tiempo, estos rasgos bastaron para que muchos consideraran que el lugar de Blake era una celda de Bedlam.
La segunda razón, por supuesto, son las visiones literales.
Blake ya estaba viendo fantasmas en la primera infancia. «En Peckham Rye —cuenta Gilchrist—, a los ocho o diez años, tuvo su primera visión. Mientras paseaba, levantó la vista y vio un árbol lleno de ángeles, con las brillantes alas centelleando en las ramas como si fueran estrellas». A partir de entonces, el Blake niño siguió viendo ángeles, al arcángel Gabriel, a la virgen María o al profeta Ezequiel (al parecer ya entonces los dibujaba). Las visiones de contenido bíblico y religioso continuaron durante toda su vida adulta y originaron una buena parte de su producción artística: el famoso fantasma de una pulga, por ejemplo, es el «retrato» de una criatura que se le apareció a Blake. La famosa cena con los profetas Isaías y Ezequiel del Matrimonio del cielo y el infierno es la crónica de un encuentro doméstico con esos dos fantasmas.
«Cuando Blake vivía en Felpham —explica Chesterton— los ángeles parecían tener su hábitat natural en los árboles de Sussex tanto como los pájaros. Los patriarcas hebreos paseaban por las colinas de Sussex con la misma facilidad que si estuvieran en el desierto». Interpretar esto como simple locura, dice Chesterton, sería «tomar una cuestión abierta como la cuestión de lo sobrenatural y pretender cerrarla de un solo golpe a cal y canto echando la llave del manicomio a todo el misticismo de la historia».
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Hermoso artículo. Gracias por hacerme despegar un poco los pies del piso por un rato.
Interesante. Quizás es posible otra lectura de Blake, ni mística ni loca, sino asentada en la ley moral (y en la locura de creer que el león y el buey pueden convivir). Como en Witness against the beast, de E. P. Thompson.
Pueden convivir pero siempre teniendo en cuenta que «una ley para el león y el buey es opresión».
Me ha gustado el articulo, Javier, y William Blake me parece uno de los creadores mas grandes de todos los tiempos, uno de los pocos que merece eso de «genio».
Pero me produce rechazo ese concepto de las enfermedades mentales como explicación de todo. Son teorías que no se pueden demostrar en casos como Blake, promovidos por biógrafos voraces o bien vagos que les cuesta mucho quedar en eso de «no lo sabemos».
Además, es dar la vuelta a la historia de la humanidad…
Llegamos la ciencia en Occidente hace solo 400 años y con enorme resistencia del Poder.
Durante decenas de miles de años en la Tierra las sociedades humanas han creido en dioses, espirtus, magia, religión, es de las pocas cosas comunes que se encuentran en todas las sociedades humanas.
Todas tenían y muchas siguen teniendo creencias irracionales.
De ahí que lo que es nuevo y raro y nuestro es el escepticimso, la racionalidad, la ciencia…
¿Por que se dice que William Blake tiene esto o aquello y no se lo dice sobre Fernandez Díaz que cree la Virgen María vela por la Guardia Civil por ejemplo?
Además, sabemos por los tests de Rorschach que la cuestión no es tan fácil como «ver visiones o no verlas»…
Se puede ver la vieja o la mujer joven en aquel grabado famoso y ambas son «visiones» ojo…
Cuidado, que corremos el riesgo de tratar algo que era muy normal antes como resultado de una enfermedad o patologia..
Y el escritor, como tu sábrás, tiene «visiones» de alguna manera, y no solo el escritor, sino el lector también…
En fin, ehorabuena por el articulo…
PD: La pregunta es: ¿solo los que tenían enfermedades mentales veían visiones en el pasado?
Yo creo que no, que no es sostenible aquello.
Porque si es asi: ¿como explicar la creencia generalizada en brujas en la Europa medieval?
¿O en fantasmas en el siglo XIX?
¿O de los que creen que han visto extra-terrestres en nuestro dia?
¿Tienen toda esta gente alguna enfermedad mental?
No es sostenible.
Estamos hablando de sociedades enteras, no solo de unos cuantos individuos con alguna enfermedad mental, que son más bien distintas entre ellas por cierto (las mezclas).
Volviendo a los artistas, a mi me parece mucho más interesante y fructifero la expresión de George Steiner para explicar el fenomeno artístico: «presencias reales» lo llama Steiner.
Que todos los grandes creadores parecen tener un acceso especial a sus personajes, los viven como «una presencia real» en sus creaciones y en sus vidas general tal vez (Shakespeare vivia con sus personajes, según se decía).
Es cierto que el caso de Blake parece que haya más fundamento de visiones, pero más que eso, yo no me atrevería a afirmar…
Blake sostenía que todas las religiones son una, que no hay religión natural. Yo no diría tanto pero un fondo de razón si creo que tiene. Las religiones son distintas aproximaciones a Dios, pero no creo que todas sean igual de validas.
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