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Javier Gómez Santander: «Las vocaciones hay que tenerlas para otras cosas, para trabajar lo justo. Porque te acabas inmolando»

Javier Gomez Santander para jd 0

Javier Gómez Santander (Peñacastillo, 1983) dice que no leerá esta entrevista, así que jugamos con algo de margen. Dejó el periodismo hace años, pero cuesta notarlo. Cuenta las cosas —su historia— con el pulso preciso de quien ha estado de este lado y sabe cómo narrar para enganchar. Una habilidad preciosa y preciada si la vida pega un giro y acabas como guionista de una serie. No una cualquiera: La casa de papel, reina y señora del cliffhanger

La historia de Javier Gómez, su guionista jefe y coproductor ejecutivo, puede contarse saltando de fracaso en fracaso hasta llegar al éxito tan incontestable como imprevisto. De un plató a tomar decisiones de tres millones de euros. Lo sabe y lo usa, pero en la proporción justa para no sonar como un coach sacacuartos que quiere convencernos de la trascendencia astral de levantarte cuando caes. 

Porque hay veces que la caída no es un fracaso, ni siquiera producto del azar: es, sencillamente, una enfermedad. Él habla de la suya, con una generosidad y honestidad brutal —no es un adjetivo gratuito— reflexionando sobre qué le llevó a dejarse aniquilar por un oficio, el periodismo, del que recomienda vivamente salirse cuanto antes. Como si fuera tan fácil. Como si él hubiera podido del todo. 

Nos recibe en la sede de Vancouver Media, su nuevo hogar profesional —con ventanas, patio y sonido de pájaros— y recuerda los tiempos en los que echaba veintisiete horas en redacciones sin ventanas, deduciendo el tiempo de allá afuera basándose en el atuendo de la gente a su alrededor. También de su desembarco en La Sexta, cuando informó con coña y sin ganas de eso, del tiempo. 

El lugar, pájaros al margen, es un campo de minas cuajado spoilers: Javier se apresura a borrar las pizarras en las que se «tramea», que en jerga de guionista significa decidir qué ocurrirá en la quinta temporada con Tokio, Denver o Nairobi, que hace años refieren a algo más (mucho más) que ciudades. Algo descubrimos, pero nos lo callamos: por no privar a nadie de la adrenalina cuando llegue el estreno en Netflix y también por darnos algo de importancia, para qué negarlo. 

Algo que al entrevistado se le da regular. Juega, eso sí, a soltar afirmaciones tajantes e incendiarias de su mundo, la televisión. Ya tuvo haters cuando no estaba de moda y sin embargo ahora le sorprende que no «le crujan». Ahí va su inestimable intento. Aunque no lo lea. 

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14 comentarios

  1. El personaje refleja bien la decadencia del periodismo y lo audiovisual. Los amigos te meten, trabajas para la ideología del medio a costa de lo que sea, hay que cobrar, aunque estés en el amarillismo permanente. Lógicamente hay que justificarse, ofrezco basura para acomodados, entretenimiento que no haga pensar, y cargo contra lo serio, lo aburrido. La serie es un perfecto reflejo de lo dicho. Pero imagino que se habrá forrado. Eso es lo importante.

  2. Qué han aportado T5 y La Sexta a la sociedad? Ruido y nada más. T5 empezó con el amarillismo del corazón y la Sexta lo aplicó a la política. Y sí, quizás la gente llegue a casa cansada después de currar 10 horas, pero qué le aportas con un bombardeo constante de titulares, zascas y discusiones en los que no le dejas ni 2 min para pararse a pensar. Buscar el entretenimiento no justifica la putrefacción a la q han llegado estas dos cadenas. Para mi en el momento en el que tratáis la información como un producto, sólo echáis un saquito más de mierda a una sociedad que no necesita eso precisamente. La Casa de Papel es un claro ejemplo. La primera temporada empieza decente y luego os cargáis a alguien cada rato o metéis un personaje a hacer piruetas inverosímiles con la moto. Pero imagino q se trata de eso, de que pasen cosas cada 3 minutos,de buscar el estimulo constante, la cultura del zapping, el fastfood cultural. Encefalograma plano y a funcionar. No sea cosa que alguien se pare a pensar.

  3. Del gremio de ‘creadores’ que nos echó de la tele a unos cuantos que también crecimos con ella. La información no es importante, sino el artificio, el ‘yo’ antes que la noticia, la caducidad de lo emitido antes de que acabe el día… Rellenar ese ‘acto vacío’ que es la vida con absurdos cliffhangers contínuos en cualquier tipo de contenido. Distrae, da puntos de share o será presa de algoritmos, pero no llena.

  4. Maestro Ciruela

    Recuerdo la primera temporada de la «Casa de papel» como un descubrimiento, algo muy diferente de lo que se hacía en España y que parecía que aquí no se sabía o no se podía hacer. Curiosamente, con la segunda temporada me invadió el sopor, veía todo muy artificioso, con demasiado postureo, como gustándose mucho, en definitiva: Pérdida total del inicial interés y huida hacia pastos más verdes. Ahora, al leer la tediosa entrevista a este señor, pienso hasta qué punto habrá sido el principal responsable de mi agotamiento con la serie.

  5. Pingback: Mucho Más Que Series - ¿Podría volver 'La Casa de Papel' en un futuro tras su desenlace en Netflix?

  6. Este tío no me interesa nada, pero algunas de las reflexiones de los comentarios (peterot, Pau, Miquel) son de lo más lúcido que he leido últimamente.

  7. Media hora para leerme todas estas interesantes preguntas y reflexiones convencido de que el título era: Las VACACIONES hay que tenerlas para…. Sin embargo, la incongruencia de mi erróneo título con el tema desarrollado se fue diluyendo gracias a la personalidad de este personaje que desconozco. Parece ser un buen artista si ha conseguido esconder la realidad. Gracias de todos modos.

  8. Tampoco hay que extrapolar, La casa de papel es como otras series tipo Prison Break, que realmente solo dan para una temporada, pero que funcionan bien y las van estirando hasta que la cosa ya no se sostiene por ningún lado.

    Respecto a Gonez, recuerdo que me enervaba en la sexta, cambiaba cuando salia el a toda prisa, como si la pantalla fuese a quemarme las retinas, no hay cosa peor que un gracioso sin gracia, y estaba claro que pretendia ser el Gasset de el tiempo. No lo era.

    Respecto a las privadas. Pues si, en general poco han aportado. Ahora con la pauperización de la tele menos.

  9. Demasiada testosterona.

    Criminal la reflexión sobre “no es una serie feminista”, por vacía y maniquea, igual que sus personajes femeninos, salvando momentos puntuales. También son de nivel de primaria las relaciones afectivas entre los personajes (esa relación entre el profesor y la policía, imposible creérsela si no tienes un golpe en la cabeza).

    La serie engancha en su primera temporada y tiene cosas que merecen la pena, pero hay otras que están muy mal planteadas y que, a la luz de la entrevista con este señor, ahora entiendo por qué.

  10. Andrea Moss

    No hay mejor escuela que ser becario de Ferreras: «Pastor, vamos a actualizar el polvómetro de La Sexta… Que la tengo como el periscopio del Octubre Rojo»…

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