
No, no es la primera pandemia, eso ya lo sabemos. La referencia más cercana a la plaga que nos asola es la infausta y mal llamada gripe española, que asoló el planeta hace ahora poco más de un siglo, dejando tras de sí al menos cincuenta millones de muertes, un macabro récord del que todavía está lejos la COVID19. Por no hablar de enfermedades como la viruela o la tuberculosis, que asolaron el mundo siglo tras siglo, llegando al extremo de acabar, en algunas épocas, con el treinta por ciento de la población adulta europea. Solo la peste negra, en sus oleadas más cruentas, fue capaz de superar tan apabullante mortalidad. No es de extrañar que a este trío funesto (viruela, tuberculosis y pese bubónica) se le haya calificado con el nombre de capitanes de la muerte.
A menudo, la magnitud descomunal de estas tragedias nos hace olvidar que suceden en sitios concretos y afectan a personas de carne y hueso. Sobre todo hoy en día, cuando la prensa nos inunda con estadísticas cada día más huecas, hasta el punto de que ya no reaccionamos frente a los cientos de fallecimientos diarios, ni apenas nos conmueven las noticias que nos informan de la inminente saturación hospitalaria. Una de las facetas más dramáticas de la pandemia es que nos hace olvidar que, tras cada una de las cifras que cuantifican la devastación que provoca el virus (ayudado por nuestra propia estupidez), se esconde un drama humano.
Quizás sea necesario, para ganar algo de perspectiva, huir tanto de la persistente numerología como del vacío de perspectiva al que nos aboca la plaga. Una forma de hacerlo es echar la vista atrás. No hace falta irse muy lejos, de hecho, para encontrarnos con lo que ha sido, en realidad, una constante en la vida de nuestros antepasados. En las líneas que siguen, proponemos acercar la cámara a un escenario concreto, en un momento puntual, distinto al actual. En concreto, visitaremos la Valencia de finales del siglo XIX, durante la letal irrupción del cólera en 1885.
El cólera está provocado por una bacteria, Vibrio Cholerae, que produce una grave infección intestinal, que puede ser causa de fuerte diarrea y la consiguiente deshidratación del enfermo. Su difusión en condiciones de insalubridad es muy rápida, ya que la vía de transmisión preferente es oral-fecal, y por tanto el bacilo se propaga a través del agua insalubre, así como alimentos contaminados.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Interesante este artículo del que no tenía conocimiento, el cólera parece algo alejado de nuestro mal llamado primer mundo,que suele darse hoy en dia en zonas como la india, consecuencia directa de una mala higienización, pero no hace tanto timepo, tambien asolaba estas zonas