Black Widow: éxito, rutina y una magia que se ha esfumado

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Black Widow. Imagen: Disney/Marvel Studios.

(Este artículo no contiene spoilers de la trama)

Lo peor que le puede pasar a una película es que, al terminar, se quede uno pensando en cómo podría haber sido mejor de otra manera. No es que Black Widow sea la peor película del año, ni siquiera es la peor que he visto este mes. Es una película entretenida, supongo, pero poco más que eso. El penúltimo ejemplo de una fórmula que comercialmente todavía funciona, pero que está artísticamente agotada.

Desde una perspectiva comercial, Marvel Studios ha seguido una estrategia impecable. Y aunque está claro que no han producido las mejores películas de la década, su promedio de calidad ha superado a su rival en el género de los superhéroes, DC Films, y a algunas otras franquicias de entretenimiento masivo. Supongo que los superhéroes de Marvel seguirán funcionando en taquilla hasta que surja una novedad deslumbrante que eclipse este subgénero, o hasta que el público joven que ha crecido con estas películas se aburra y se ponga a buscar otras cosas. Ocurrirá más tarde o más temprano, pero el género morirá de viejo como le sucedió al wéstern. Eso sí, el «más tarde o más temprano» podrían ser meses o podrían ser veinte años.

Black Widow es una muestra del agotamiento de la fórmula. No me cabe duda de que en Marvel son conscientes, pero la maquinaria está en marcha y mientras estas películas den mucho dinero, continuarán explotando la fórmula (eso sí, están está experimentando posibles salidas en televisión, como WandaVision). Black Widow sufre el mal de las grandes franquicias: los ejecutivos y los departamentos de marketing llevan el timón y las películas terminan pareciendo un listado de requerimientos que hay que incluir en ellas porque los estudios de mercado, sumados a los buenos resultados de películas anteriores, así lo requieren. Son películas hechas con piezas prefabricadas. Literalmente, pues no es ningún secreto que en estas películas hay muchas escenas de acción y efectos especiales que empiezan a ser manufacturadas en los ordenadores bastante antes de que empiecen los rodajes propiamente dichos. En otras épocas, los efectos especiales digitales se añadían a posteriori. Ahora hay secuencias completas antes de que el director y los actores hayan pisado los platós. El rodaje ha de supeditarse a los efectos, y no a la inversa. Lo mismo puede decirse de ciertos contenidos que los ejecutivos quieren que estén incluidos en el guion: han de estar incluidos, y el guion ha de supeditarse a ellos. Con toda maquinaria sucede que cada nueva creación es una repetición de pautas rutinarias.

Sé que no soy el único que hubiese preferido que una película sobre la Viuda Negra hubiese sido, por ejemplo, una historia de espionaje clásico con acción (pero acción creíble) y un buen desarrollo psicológico del personaje. Algo más terrenal. Natasha Romanoff, más que una superheroína, es una combinación entre agente secreta y ninja, y era una perfecta candidata para protagonizar una historia anclada en la realidad. Era lo que el personaje pedía a gritos desde hacía años y ahora era el momento de hacerlo. Viendo la película da la impresión de que, al menos en un principio, alguien tuvo la intención de seguir ese camino, o quizá el del drama más convencional, y algunas de las secuencias apuntan hacia la idea de que el esqueleto inicial de la historia estaba más pegado a tierra que la usual ensalada de peleas hipertróficas. Eso sí, la directora del film tenía poca voz en esto porque una películas del MCU no la obra de quien ostenta la dirección, sino que son el resultado de una serie de estrictas decisiones empresariales marcadas de antemano por el estudio.

Es una pena porque Black Widow es una película más de Marvel, previsible, sin sorpresas ni atrevimientos, cuando había mimbres para algo mejor. Tenemos a una superestrella carismática, Scarlett Johansson, en el mejor momento de su carrera como actriz (aunque, intuyo, bastante harta de Marvel y de su personaje de la Viuda). La Scarlett de hoy tiene más gravitas que la Scarlett de hace diez años y es más creíble como personaje complejo. Tenemos a una directora con visión, Cate Shortland, que en su carrera acumula escasos pero interesantes largometrajes. Tenemos a una Florence Pugh que no deja de demostrar su capacidad para brillar. Teníamos a un David Harbour que se las arregla para salirse con la suya con el poco material que le dan. Y tenemos a Rachel Weisz, una buena actriz que, aunque aquí parecía estar pensando más en la lista de la compra que en la interpretación, tiene una presencia capaz de llenar sus escenas incluso cuando no hace gran cosa en ellas. Con estos buenos materiales es inevitable sentir que se ha perdido la oportunidad perfecta para hacer algo que se saliese del molde del MCU, el universo cinematográfico de Marvel. Pero no iba a suceder. Disney, insisto, es una maquinaria donde las decisiones artísticas se toman en los despachos.

Black Widow ni siquiera ha sido pensada como una despedida para el personaje de Johansson, que ni siquiera es la protagonista de su propia película, sino una secundaria de lujo. Primero porque la propia Scarlett Johansson, probablemente, no se sentía con ganas de implicarse mucho más. Y segundo porque había que lanzar el personaje de Florence Pugh, sabiendo que Johansson no va a volver. Black Widow ha sido pensada como el eslabón de enganche entre una saga de películas que ya ha terminado (la famosa «fase 3» del MCU) y otra saga de películas que está a punto de comenzar. Teniendo un público fiel que todavía desea ver estas historias enlazadas entre sí, es una astuta jugada comercial, como lo fue colocar el estreno de Captain Marvel entre Avengers: Infinity War y Avengers: Endgame. El problema es que la recompensa está diseñada para quien de antemano sea un fan del MCU. ¿Desde el punto de vista cinematográfico? Es agradable ver a este reparto, pero la película se desvanece en el olvido en cuanto termina. No hay nada memorable o digno de mención que no hayamos visto ya muchas veces. Más o menos lo que le sucede a La guerra del mañana: es agradable ver a Chris Pratt, Yvonne Strahovski, J. K. Simmons y demás actores, pero La guerra del mañana adolece de ser una película prediseñada que se parece a muchas otras, y las pocas escenas que se salen del patrón no hacen más que recordarnos que estamos en mitad de un ejercicio rutinario. Eso mismo es Black Widow.

Podría ser que Marvel Studios esté preparándose ante la posibilidad de que en algún momento la fórmula cinematográfica decaiga por sí sola, y de ahí la decisión de diversificar su contenido en programas televisivos más atrevidos, como también ha empezado a hacer Lucasfilm con el universo Star Wars. En televisión (donde incluyo las plataformas digitales) es mucho más fácil y barato experimentar. Se puede ir tanteando la reacción del público; no sin pérdidas en caso de fracaso, pero son pérdidas más asumibles que las de un gran fracaso cinematográfico. Las superproducciones de la gran pantalla tienen que recaudar mucho dinero para resultar rentables y, mientras no fallen, han de seguir la fórmula que les ha hecho ganar tanto dinero. Esa fórmula se basa en que los espectadores del MCU quieren ver cierto tipo de espectáculo visual-adrenalínico en pantalla grande. Mientras paguen su entrada, Marvel les va a ofrecer ese espectáculo por encima de cualquier otra consideración. Black Widow contiene algunas secuencias en las que se intuye que podría haber sido otra cosa, pero son un espejismo en mitad de lo de siempre. Cada diez minutos hay secuencias de acción frías y demasiado programadas, y el argumento va volviéndose más absurdo conforme se hace necesario incluir esos detalles que los ejecutivos consideran imprescindibles.

Lo más interesante de Black Widow no es la película en sí, perfectamente prescindible. Lo más interesante terminará siendo el aspecto comercial y el todavía experimental estreno a dos bandas: las taquillas de los cines por un lado, y el vídeo bajo demanda en las casas, el VOD, por el otro. La cosa ha funcionado. En el primer fin de semana, Black Widow recaudó ochenta millones en la taquilla estadounidense y unos impresionantes sesenta millones en Disney Plus (estos millones son más de valorar porque Disney no los tiene que compartir con distribuidores o exhibidores, y se los queda todos para sí). Si sabemos que Disney ha considerado un gran éxito lo de Black Widow en Disney Plus es precisamente porque la compañía ha hecho públicos los números, cosa que no sucedió con Cruella o Raya y el último dragón, títulos con los que sospechamos —por no decir sabemos— que no funcionó lo del VOD.

Y esta era la gran pregunta: ¿hay futuro en los estrenos mixtos? Parece que sí. El precio por ver la película en Disney Plus quizá parezca caro. Y lo es para quien viva solo. Pero en los Estados Unidos el sistema funciona: los treinta dólares que allí cobran por ver el estreno en casa, y que no hace tantos años hubiesen parecido una locura, ya no son tan disparatados. Pensemos en una familia estadounidense de cuatro o cinco miembros, donde los padres tienen trabajos estables y una televisión grande; para ellos, llevar a los hijos a un estreno en las salas de cine puede suponer unos cien dólares (o más) sumando entradas, desplazamientos, bebidas, cena, etc. Por una tercera o cuarta parte de lo que pagarían yendo a la sala, tienen el estreno en casa, con imagen de alta definición, aceptable sonido, la comodidad del hogar y la nevera repleta de sus aperitivos favoritos comprados a precio de tienda normal (y no a precio de corsarios, como en las salas). La pandemia nos ha enseñado que ver cine en casa no está tan mal. Eso parece haber acelerado un proceso de cambio en los modelos de consumo que llevaba ya unos años cociéndose.

Es muy posible que el modelo haya llegado para quedarse, especialmente en este tipo de películas palomiteras. Durante la pandemia, puedo haber echado de menos las filmotecas y los cines donde se proyectan películas minoritarias, que son salas tranquilas con público respetuoso y donde siempre es un placer ver cine. Pero, francamente, ¿ir a ver un estreno de Marvel en una sala grande repleta de adolescentes? No puedo decir que eche de menos esa experiencia. Esto, por supuesto, depende de cada persona y de sus gustos. Sí me merece la pena ir a una sala grande a ver películas de Nolan o Tarantino, por citar a dos directores de los que no soy precisamente fan, pero que desde luego se trabajan mucho el aspecto visual. Lo mismo sucede con Denis Villeneuve. O con Ridley Scott: sin importar cómo de estúpidas me parezcan sus nuevas películas de pseudo-Alien, la pantalla grande recompensa el visionado. Estos son cineastas que utilizan los efectos especiales en favor de su visión artística, y no a la inversa. También me recompensa ver en pantalla grande las nuevas películas de Star Wars, que como películas en sí no me han gustado, pero que en cuanto a efectos especiales siguen estando a la cabeza del pelotón, y con diferencia. Fui a ver The Last Jedi y Rise of Skywalker en pantalla grande exclusivamente por su parte visual, sospechando de antemano que iban a ser dos tontadas como sendos pianos. Que lo eran, pero qué efectos, qué espectacularidad en la pantalla del cine. Por el contrario, no le veo la ganancia en acudir a las salas para ver una de Marvel donde las secuencias de acción son tan artificiales y tan parecidas a un videojuego que me suelen producir ganas de rebobinar o levantarme a por bebida. ¿Veinte euros para evitar ir al cine? No es un mal trato.

La cuestión es que si los estrenos en VOD se consolidan, al menos en películas tan populares como las de Marvel, podríamos (en condicional) asistir al retorno de un  género que, salvo en el cine animado, parece casi extinto: el blockbuster familiar. Es verdad que el MCU ha jugueteado con el concepto de blockbuster familiar, por ejemplo con Guardianes de la Galaxia, pero su fórmula general sigue más los patrones del cine para adolescentes: mucha acción grandilocuente en la línea del monstruo final de los videojuegos y ciertas tramas con pretendido enfoque serio que son más solemnemente intrascendentes que adultas. Precisamente algunos de los males que aquejan a Black Widow. Quizá estoy pecando de optimista, pero un triunfo del VOD en las películas de Marvel significa reunir a las familias frente a una única pantalla, como en los años setenta, y quién sabe si podría ser positivo para la evolución de estas películas.

Nadie niega que Marvel Studios ha jugado magníficamente bien sus cartas durante una década larga, pero es innegable que Black Widow muestra síntomas claros de desgaste. Y por el contrario, ¿quién imaginaba hace diez años algo como WandaVision? Que a mí no me ha gustado, pero eso es lo de menos: WandaVision ha sido una apuesta arriesgada y triunfante de la que se puede decir cualquier cosa excepto que no haya trascendido los moldes del MCU. WandaVision tiene la frescura y las ganas de hacer cosas distintas de las que carece Black Widow. Si el público de Marvel se acostumbra a este nuevo tipo de contenidos en las plataformas, los largometrajes insignia podrían terminar derivando hacia ahí.

Eso podría terminar en películas menos costosas, no tan enfocadas a la grandilocuencia, más en la línea de Guardianes de la Galaxia. Lo cual sería una ventaja para Marvel, que ya no tendría que lidiar, por ejemplo, con las superestrellas que van inflando los presupuestos con sus crecientes peticiones salariales (véase el caso Robert Downey Jr.), o las estrellas que sencillamente se cansan, como Scarlett Johansson. El MCU es como una inmensa serie de televisión donde los episodios son largometrajes que se estrenan en cine; ha sido muy rentable, sí, pero también es potencialmente problemático. Un par de estrenos fallidos bastarían para que todo un calendario previsto de años de largometrajes tuviese que ser modificado radicalmente. Ahora mismo Marvel Studios tiene un tesoro que es el valor de su marca, pero también se ha puesto un listón muy alto. Intentar superar el listón y fallar en el intento podría llevar a que el valor de la marca se resquebrajase por el camino como estuvo a punto de pasarle a Lucasfilm con la renqueante Solo.

Black Widow se acaba de estrenar por dos vías y ha funcionado comercialmente. Cinematográficamente, sin embargo, es la cansada reliquia de una era terminada y en Marvel serían muy tontos si no lo viesen (spoiler: no son nada tontos). Es una película hecha de cosas que ya hemos visto muchas veces, mostradas de las mismas maneras que otras muchas veces. No hay nada estimulante (si descontamos a la propia Johansson, claro). Es como comida de un tupper: se puede masticar, se puede tragar, te proporciona nutrientes para vivir un día más, pero no es un festín del que te vayas a acordar mucho tiempo. Y es una pena, porque se ha desperdiciado el último aliento de un personaje al que nunca se dio suficiente cancha y que podría haber dado mucho de sí con el vehículo indicado. Con todo, abre las puertas a posibles nuevas formas de concebir el universo Marvel, y todo dependerá de cómo funcionen próximos estrenos duales. Las cosas están cambiando en la industria, y eso sí es excitante.

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5 Comentarios

  1. Mientras la gallina ponga huevos, los pintarán de oro con el marketing. En cuanto a la película Solo, del otro universo cinematográfico, creo que el problema fue no haberle podido hacer un lifting a Harrisond Ford y que él mismo interpretara su personaje.

    • Otro comentario de mierda hecho por los payasos que siempre. Podíais haber hecho el comentario con en culo de Harrison Ford… Pero no. Claro que no. Os faltan neuronas, os sobra testosterona y a los demás nos hace falta que alguien os quite el puto teclado, a ver si así nos libran de vuestra estupidez.

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