¿Cuál ha sido la moda musical más ridícula?

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Huele a marihuana. Huele mucho a marihuana, y una nube enorme pendula sobre sus cabezas como si fuese la boina de Madrid a finales de agosto. Algunas rayas de farlopa reposan sobre la mesa, a medio consumir. Turulos hechos con billetes, tarjetas de crédito olvidadas, dos o tres copas con los hielos aguando el mejunje. Cinco cuerpos desplomados sobre sofás y butacas, la corbata medio suelta, sonrisa boba en el rostro, ceño fruncido y perlitas de sudor sobre la frente. Estamos, como quizá ustedes hayan deducido, en mitad de un brainstorming de la industria musical.

Al menos así lo imagino yo, ojo, nunca estuve en tales situaciones y ni siquiera tengo amigo alguno que se dedique al tema (si lo tenía supongo deje de hablarme después de esto, oigan). Pero vamos, solo así me puedo explicar ciertas… aberraciones. Monstruosidades. Atentados. Modas, sí, modas. De lo peor, de lo más bajo. Aspectos tan cercanos a la tortura que deberían estar sujetos al derecho internacional. 

Yo pienso en esos astutos productores planteándose el asunto. Oye, Jack Johnson, tú has leído a Kant. Pues ahí me pillas, John Jackson (gracias a Futurama por todo), ¿es uno de Operación Triunfo? No, no, qué va… un filósofo. Un qué. Un filósofo, del siglo XVIII. Del siglo qué. Bueno, en fin, ya veo. La cosa es que me estaba preguntando… Kant decía que actuásemos siempre como si nuestras acciones pudieran convertirse en ley universal. Hostia, qué profundo eso. Sí, ¿verdad? El caso es que… ¿tú crees que lo hacemos? No entiendo la pregunta, John Jackson. Toda esta mierda con la que nos forramos… en fin… que si desearías vivir en un mundo donde no hubiera más cosas. Ah, eso… pues no, claro, pero el dinero mola, ¿no? Sí, mola mucho. Pon otra vez a ese reguetonero que nos llega desde Villafranca del Bierzo, creo que tiene potencial.

En fin, es todo una dramatización, como los telefilmes de Antena 3. Pero, sospecho, con base real. Solo así, con esa mezcla de sudapollismo absoluto, ambición desmesurada y politoxicomanía aguda se explican algunas modas que la industria del entretenimiento musical (Monesvol los tenga en su infinita gloria) ha insistido en encalomarnos desde hace décadas. Niños perfectamente aborrecibles, relajantes temas que provocan ansias homicidas y coreografías dignas de George A. Romero se alternan en este complicado ranking. Escuchen y voten o añadan en los comentarios lo que estimen conveniente, pero solo bajo su responsabilidad.

PS: Durante la elaboración de esta lista ningún redactor de Jot Down resultó herido de gravedad. No demasiado, vaya. En fin, igual un poco. 

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Canto gregoriano

Bien, empezamos fuerte. Vamos a coger algo que huela un poco así, como a incienso apolillado, y lo ponemos de moda. Qué te parece. No colará, te digo que no colará. Que sí. Bueno, pues coló. Fue a finales de 1993, justo mientras el Deportivo pillaba una ventaja bastante buena que, sin duda, le iba a servir hasta finales de Liga. En aquel tiempo unos tipos majísimos se fueron hasta el monasterio de Santo Domingo de Silos y grabaron a los monjes mientras cantaban para más cerca de Dios estar. O algo. Resumiendo: la cosa fue un bombazo, con cientos de miles de copias vendidas, un número uno y los freires codeándose en listas con Gloria Stefan, Aerosmith o Céline Dion (que resultaba aún más pacata que ellos, añadimos). En fin, parecía un chiste, pero funcionó y dio origen a varias secuelas, porque hasta el último monasterio de nuestro bendito orbe tenía gorgoritos escondidos entre sus muros. También deparó consecuencias graciosillas, como que algunos monjes, convertidos en divas pop totally, se escapasen de celdas y refectorios, para verse por la tele en los bares del pueblo (según decía fray Miguel Vivancos, que era, lo juro, responsable de comunicación en su cenobio), que remezclasen sus vocecillas angelicales con sonidos del bakalao más espídico o, en general, que no se acreditase la esperada avalancha de fieles y vocaciones. 


Il Divo y similares

Estábamos avisados. Con lo de Los Tres Tenores, que también tenía ratitos bastante grotescos. Pero vaya, al final eran tipos respetables y respetados, así que tragabas (o te ibas a otros pastos, no siempre tienes que tragar). Pero con Il Divo la cosa se fue de madre. Ese repertorio. Esos movimientos. Esas fotos en las que salen con pose de «ven p´acá que te voy a cantar un aria de Verdi contra la pared». Esa absoluta falta de vergüenza (con lo importante que es la vergüenza). Personajes sin carisma inventando un género que podemos denominar poperístico. O prostituyéndolo, vaya, que seguro hay aberraciones anteriores. Pero al menos Luis Cobos tenía pelazo y lucía trajes estrambóticos, que siempre suma. Desde luego quien reunió al grupo echó bien de huevos al tema. Porque al final, amigas y amigos, esto es una boys band como New Kids on the Block, Backstreet Boys o (los más dañinos) Linkin Park. Ah, crearon escuela (Il Divo, digo, no Linkin Park, que también, solo que ahora nadie se acuerda de aquello, y mejor así) que es la peor cosa cuando hablas de tanto bochorno. Lo jodido es que ni siquiera eran autoparódicos, con lo fácil que hubiese sido. También gozoso. Mamarrachismo extremo, y aquí bancamos muy mucho a los mamarrachos.


Relaxing cup of café con música: Enya y acólitos

A ver, Enya se llama Eithne Ni Bhraonain, lo que nos lleva a pensar que tuvo un discurrir complicado por la escuela. Eso sí, tener un nombre tan jodidamente cool y ponerse una sosería como Enya (versión británica del original) es para abuchear a la buena señora. En fin, guárdense la reacción, porque tendrán motivos para expresarla más adelante. Enya hace música… cómo decirlo… dicen que relajante. Sintetizadores, la voz así muy dulce, truquitos para crear ambiente. Música de la Tierra Media, dicen los cursis. Canciones para la bajona del día después, dice tu primo, el techno. El problema es que Enya creó escuela, y durante un tiempo cualquiera que asistiese a clases de yoga o hubiese abrazado alguna vez un árbol sacaba discos de ese rollo. Que, además, tenían la curiosa costumbre de provocar exactamente la reacción contraria a lo buscado. Vamos, que te ponían de mala hostia. De muy mala hostia. Dispuesto a invertir en cualquier industria del señor Burns, oigan. Un poco como cuando Quint araña la pizarra antes de decir que sí, hay que salvar la hostelería y la libertad de tomarnos unas cañas después de la ofi, pero también deberíamos joder a ese escualo. Ya saben. No juzguen duramente a la moza, no solo fue culpa suya. Ah, vive en un castillo (punto a favor), al que ha puesto el nombre de Manderley (punto a favor) y tiene diez gatos (no acabo de verlo), así que al menos debe ser una persona de conversación interesante y con bastantes habitaciones para las visitas.


El pop rural-verbenero

Oye, y si mezclamos letras humorísticas, ritmos simplotes y altas dosis de catetistmo… ¿qué? Pero catetismo falso, ¿eh?, nada de pueblos reales, solo la imagen que tenemos de los pueblos desde esta terraza de La Latina, joder, qué bien se está, camarero otra de bravas. Pues eso. Tipos con pinta grotesca (porque la gente en los pueblos tiene pinta grotesca, ¿no?, o sea, que yo una vez fui a la sierra y aquello era, no sé… horrible, ¿sabesss?), rimas facilonas, gallinas, tractores y algún doble sentido por ahí, para solaz de gafapastas y listillos. Vamos, una cosa que ofendía profundamente en municipios inferiores a los cinco mil habitantes pero gustaba mucho por discotecas y pubs tirando a pijo-canallitas. Zapato Veloz, el Koala, ese tipo de engendros. Que hayamos sobrevivido a ello nos dejó preparados, sin duda, para los eventos más complicados. Cuenta la leyenda que algún urbanita, confundido, acabó en el pilón durante las fiesta patronales de cualquier pueblo, al reproducir comportamientos que creía conocer por culpa de estas aberraciones musicales. No nos juzguen, son nuestras costumbres, y hay que respetarlas.


Baladas heavies

Muy a favor de las baladas, ¿eh?, eso vaya por delante. Y más todavía de los heavies, Dio los tenga en su gloria. Pero cuando juntas ambas realidades… No sé, a veces salen cosas complicadas de digerir. No tanto como cualquier canción de un grupo (trist)indie, pero casi. Sobre todo cuando empiezas a hacer más baladas que canciones rápidas. O cuando solo se te conoce por eso. Un guiño a los Scorpions finales (ojo, me dicen por línea interna que Scorpions siguen por ahí, calvos y melenudos a la vez, dando conciertos) y los hair metal que pasaban más rato maquillándose que componiendo. Entiendo que si eres Axl Rose pues solo hagas baladillas, porque Axl Rose llevaba a veces camisa de franela a cuadros y metió delfines en un videoclip (dos de las cosas menos rockeras que existen), pero el tema torna peliagudo cuando ves a Manowar (embadurnados en aceite, sudando testosterona e incorrección política, pinta de secundarios en Xena, la princesa guerrera) sacando gorgoritos y contando melindreces al escucho. Oigan, miren, no. Pues nada, al menos una por disco, cuando no más. A veces hasta en plan grandilocuente, como en el Use your Illusion (que es a la grandilocuencia lo que Eddy Merckx al ciclismo). Diez minutitos de media, dejamos uno y medio para que se luzca Slash… ¿Slash? ¿Slash? Despierta tío, despierta… rápido, que alguien llame a una ambulancia.


El rap chungo

Que no tengo nada en contra del rap, ¿eh? Del rap de verdad, se entiende. A ver, si me das a escoger entre escuchar un disco entero de esa cosa o tirarme por un acantilado hago el salto del ángel y un doble mortal justo antes del agüita. Pero nada en contra. Lo juro. Yo aquí me refiero a otra cosa. Mucho peor, mucho más chusca. Caspa rimando. La Telecinco más espídica, allá por principios de los noventa (tampoco se crean que ahora programa documentales de fauna, ¿eh?). En aquel entonces tú cogías al tonto del pueblo, le vestías con colorinchis, le ponías a que te rimase dos o tres palabras… Y, bum, ya tenías un rap. La cosa estaba mucho más cerca de El príncipe de Bel-Air que de NWA, para entendernos, pero oigan, que aquí teníamos a Mario Conde como ejemplo de entrepreneur, así que no le pidan peras al olmo. De esa forma, en una sucesión que hubiese asustado al mismísimo Tim Burton, sobrevivimos al rap de Gil y Gil (lo juro), al de Cruz y Raya, al de Leticia Sabater, o los rancios (valgan lo reiterativo) que echaban cada Nochebuena en Telepasión (maravilloso título, oigan). Lo jodido es que, misterios de la mnemotecnia, pasa un cuarto de siglo y siguen ocupando espacio en tu memoria en lugar de, no sé, los temas correspondientes a una oposición de notario. Que seguro te iba a rentar mucho más.


La canción del verano

Cuando llega el calor, los chicos se enamoran… y también pierden el más elemental sentido de la estética, parece. Cada año, con regularidad prusiana en sus invasiones a Francia, el verano nos regalaba un atentado cultural de dimensiones colosales. Uno que, para mayor desgracia, resultaba casi imposible de evitar, porque cubría absolutamente todos los negocios de hostelería en un radio de mil kilómetros alrededor de la Castellana. No me pregunten quién lo decidió así, pero ocurría. La fórmula no tenía mayor secreta: tres minutos y medio, leves referencias a cosas consideradas «estivales» (como la sangría, la playa, o el frungimiento sin control), estribillo fácil de recordar (el resto de la letra se podía rellenar perfectamente con «la,la,la» o gemidos varios, si se optaba por lo poco sutil), y una coreografía de esas que quedan bastante chulas en los programas de José Luis Moreno y dan repelús al verlas por discotecas casposas y chiringuitos con olor a gambas. Lo más trágico del asunto es que esas tonadillas actúan hoy de manera casi sinestésica, trayendo a tu mente recuerdos (buenos y malos) que estarán asociados a ellas por toda la eternidad. 


Pequeños monstruos

Cogemos un niño pequeño, lo disfrazamos de posadolescente y le ponemos a cantar en playback canciones. Canciones que tienen dos formatos: a) jugamos con la inocencia del prepubescente e introducimos jocosos dobles sentidos; y b) planteamos letras para gilipollas. No parece muy prometedor, ¿verdad? Pues hubo toda una industria alrededor de esto, oigan. Primero los clásicos. Marisol o Joselito, que acabó viviendo en mi pueblo y paseándose por pubs de mala muerte con su sombrero de cowboy, sus rizos morenos y su metro sesenta. Pero yo me refiero a los otros. Los otros. La moza esa del gorila. Ay. La María Isabel. Incluso Raulito. Bueno, a este lo perdono, porque durante una entrevista en directo mostró auténtico talento como compositor al rimar «Telecinco» con «por el culo te la hinco». Mis respetos. El producto más perfeccionado del movimiento fue Jordy, francés de cuatro años que tuvo un hit (lo juro) en el que describía lo complicado que era ser bebé. Aquello disparaba bastante los niveles de vergüenza ajena, con el chaval intentando seguir su playback, bailarinas macizorras alrededor (en los noventa ponían bailarinas macizorras hasta en las visitas del papa) y cierta sensación de que sí, se estaba cagando encima. Ah, también «sacó» otra canción dedicada a su novia, porque aquí el que no corre vuela. Macaulay Culkin de marca blanca. El horror, el horror. 


La movida

Gente sin talento. Letras estúpidas. Cardados imposibles. Cierto aire de pijismo transgresor. Y, sobre todo, mucha pasta detrás para potenciar lo que era un movimiento tan esnob como vacío, tan alejado del ciudadano medio como idiota. Si Andy Warhol fue una tragedia para el arte estos copiaron (mal) lo peor de Andy Warhol. Imagínense. A ver, la época no ayudaba, porque allí había más coca que en una fiesta de Queen, y por cada servicio se escuchaban relinchos de caballo. Pero vaya, no les quitemos su mérito: algunos llevan forrándose desde hace décadas sin haber hecho nada medianamente original, e incluso han creado segundas y terceras generaciones de engañabobos surgidos a su vera. Ahora hay incluso reivindicación de la movida, porque con los años todo es reivindicable (salvo Albert Londres, con lo bueno que era), y siempre hay un roto para cualquier descosido mental. Ah, la nostalgia, qué de chorradas hacemos en su nombre. Un último apunte… que la grei mayoritaria de esta movida sea ahora declaradamente antivacunas es el mejor ejemplo de que, queridos niños, las drogas muy buenas no son.


Los mix

A ver, la idea en sí no es mala. Meter en un único disco mogollón de canciones. Artistas distintos, quizá hasta estilos diferentes, como mucho cierto hilo común. Vamos, lo mismo que hacía usted, querido lector, cuando le grababa a su amor platónico esa cinta pastelosa con baladas heavies y canciones-no-muy-evidentes-pero-sí. Sin erótico resultado, añadimos. Bien, pues todo eso, pero mal. De primeras metemos solo pachangueos, que ya de por sí es cosa como para ir a la cárcel. La canción del verano, la canción del mes, la canción de ese programa de la tele que patrocinan las babosas cerebrales (gracias de nuevo, Futurama). Luego, por si no ha quedado claro, añadimos revisiones cada vez más chuscas y sonrojantes. Ah, e incorporamos un eje conductor. Uno que, como comprenderán, no va a ser el condado de Yoknapatawpha (que, por decirlo todo, tampoco es que me mate, ¿eh?). Puede ser un personaje famoso (y tendremos el Padre Apeles Mix), o una frase graciosilla (y tendremos el Manda Huevos Mix), o un genio atemporal (esos Chiquito Mix… ay), o el tigre de algún tipo (Currupipi Mix, yo te invoco), incluso sitios de esos donde vas a fiestas sanísimas con zumos y fruta (y nos sale el Ibiza Mix número LXXII). No se crean, aquí también hay espacio para el punk más irredento. Solo así se puede explicar que hubiese un Bombazo Mix con doble de Aznar en la portada poco tiempo después de su atentado fallido. Ya ven, peor que Eskorbuto.


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51 Comentarios

  1. Use your illusion I & II es el disco más innecesario que jamás se ha hecho, por venir de donde venían

    • Entiendo el comentario pero, tras la aparente grandilocuencia de algunos temas(enormes y esenciales,por otra parte)había un álbum muy variado y heterodoxo. Perfect Crime…Garden of Eden….Shotgun Blues…..No todo fue la trilogía Don’t Cry/November Rain/Estranged con sus respectivos pomposos videos.

      Lo del venir de donde venían daría para mucho pero…..de momento….lo siento, tu comentario ha estado erradiiiiiisimo

      • Y con su respuesta queda claro que solo ha escuchado a Queen a través de Kiss FM. Sheer Heart Attack, March of the Red Queen, Stone Cold Crazy, The Prophet Song, I Want it All (entera, no el #¥¢* radio edit)… Eso es ROCK y no pop que por otro lado, son las 4 canciones que repiten siempre en las radios (odio Don’t Stop Me Now, a lo bestia).

      • De acuerdo contigo. Pop de cierta calidad, y no siempre. Y Mercury un caprichoso ” Primadonna “

  2. Pues yo añadiría toda esa serie de discos de Café del Mar, Buddha Bar, y similares. No porque no contuvieran alguna joya escondida, sino porque era ponerlo y ya la gente se imaginaba en la playa miirando el atardecer con los ojos entornados y cuando acababa la música te veías de nuevo en tu barrio arrabalero. Cuanto daño diossss

    • Cierto. Se me había olvidado ese horror. Y lo peor es que dió origen a esa moda de sitios cuquis con multitudes de parejitas ardientes, chicas soñando con maromos sensibles,sentados frente al mar esperando un atardecer que es el mismo en su pueblo. Pero pagando un pastón que estamos en Mykonos, o en Formentera o en Tarifa …o en La Latina si estás tieso.

      • Y aplauden. Trecientos gilipollas mirando el atardecer y cuando el sol se oculta aplauden por lo bien que lo ha hecho ese día. Lástima de lanzallamas….

  3. Yo no sé ni una miaja de música, os lo digo como lo siento. El tema de los mix, a ver, es que para gustos los colores, aunque como decía mi bisabuelo Romualdo algunos gustos merecen palos y bardascazos, (a lo mejor el día que yo me encuentre con él en el cielo me desloma por mis gustos, él era de porrazo fácil).
    El caso, que yo ponía el Bombazo Mix en el 96 y sabías que no escuchabas a Mozart o Salieri, pero qué leches, eran las ferias del pueblo y flirteabas con las mozas de tu quinta o cercanas. Subías al coche de choque con la chica que te gustaba con ese musicote a todo cimbel y yepaaa te sentías el Di Caprio con la Winslett en tu pueblo.
    Lo que trato de decir, que me atalego un poco perdonad, es que se mezcla la música con los recuerdos y tendemos como seres humanos que somos a idealizar esos bonicos momentos pasados.
    Gracias por el artículo, me lo pasaron y es muy bueno. Perdonad porque me han dicho que era una web así para gente como con estudios y yo pues oye me expreso regular tirando para mal pero quería decirlo.

  4. El autotune es lo más ridículo de la historia de la música sea cual sea el género donde lo metan. Lleva ya de moda unos añitos, y parecía q no iba a durar precisamente por lo ridículo pero, joeeer, qué tostón.

  5. Iba leyendo el artículo y desde el principio tenía en las meninges al maldito bebé francés. Hasta que hizo su aparición y vi la luz. Mi voto es evidentemente para los Pequeños Monstruos

    • El caso es echar una risas. Pero yo también reconozco que tengo dos o tres discos suyos, incluida la banda sonora de The Celts que me sigue pareciendo una maravilla. Y no sé las grabaciones, pero yo he oído a los monjes en directo en Silos y cuidadín. Completas la excursión con un lechazo y un vino de la tierra y es un planazo.
      De los otros, yo era ver a los del Divo y echar mano a la escopeta.

      • A mí me gustaba mucho Enya al principio (de acuerdo con lo de los Celts), claro que era un joven casi imberbe. Luego, al lado de algún buen tema, llenó los discos de la fórmula que le ha permitido comprarse un castillo. Chica lista, sin duda.

  6. Algunos críticos “serios” tendrán que exiliarse del planeta cuando dentro de unos años (pocos) lean las reseñas del trap y en concreto las de Tangana saludando a “El Madrileño” como uno de los discos del 2021, y referencia musical de los últimos tiempos.

    • Está muy sobrevalorado ese chico, no? Que si que cagará dinero y bla bla…pero que parece que además le quieren dar un barniz culto a sus temas ciertos sectores de la crítica que no hay por donde cogerlo.

      • Me tomé la molestia de escucharlo en un viaje reciente para ver qué me estaba perdiendo y me pareció tan vomitivo como el reguetón. Entre esto, el coronacirco y las redes sociales estoy en un tris de apearme de la especie humana.

  7. Rosalía. Ya está, ya lo he dicho. Me repite más que unas sopas de ajo con cazalla. Me paso la vida esquivando su supuesta música porque descubro que la chica tiene buena voz y vive de ¿cantar? mal y con acento impostado (eres de BCN, ni de Úbeda ni de Matalascañas leñe). La trago tan poco como a toda la movida JUNTA (y se llevó mi voto ese fenómeno cutre, de ombliguismo madrileño, dudosa aportación musical y causa de dolores interminables de cualquier otro género musical).

    • Coincido. He tenido la inmensa fortuna de no haber escuchado más que una ¿canción? (por llamarlo de alguna manera) de esta mujer. Jamás, ni en mil años, ni en mil vidas, podré entender su éxito.

  8. una tía me trajo de Venezuela cuando vino a España un disco que me dijo era “música de allá”. Cuando lo puse me pareció la mayor basura de todas las que había oído en mi vida. Al poco tiempo, entrando en una discoteca pusieron una canción que me decían mis amigos que era nueva pero me quedé con el runrun de que la había oído antes… Era el Camaleón, primera canción del disco que me había traido mi tia y canción del verano ese año. Nos merecemos la extinción

  9. Añado la moda del Chill out. Hace tiempo todo tenía su versión Chill out. Los Beatles en Chill out, Madonna en Chill Out, Enya en Chill out (doble chill out, arg!), Pantera en Chill Out (bueno, esto no pasó…). Recepciones, Salas de espera y Asesorías tuvieron (y tienen) esta música coñazera como banda sonora.

    • Si el Chill Out incluye todas las versiones de standars de pop y rock en bossa nova, considero que es la moda gran ausente de esta nota, y que si hubiese estado en la lista se llevaba mi voto inmediatamente.

  10. Yo igual también estoy un poco harto del estilo Manu Chao (que canta y toca como si fuera maestra de párvulos en clase) y de artistas como Lila Downs y similares que se dignan a coger un género popular, cantarlo de la manera más sosa y desapasionada posible y venderlo a las clases media, media alta y alta para que se crean sibaritas.

  11. La pesadilla celta. Celtas cortos y largos, Núñez y Hevia, festivales en pueblos remotos, mercadillos medievales…

  12. he votado por la cancion del verano porque es la unica tortura de la lista que no puedes evitar. Vayas donde vayas esta ahi, destrozando cerebros.

  13. El Eurodisco (con esos sampleos empalagosos y grupos surgidos sólo para repetir una única canción hasta hoy en bingos bailables a beneficio de algun noventoso ex bailarín con una próstata como un pie) y ese horror del Flamenco pop, que acá en el “cono” sur quedamos hasta la tusa de esos gitanos poperos y su insoportable “Volaaareee…..ooohhh….cantare…..” y la peor de las pesadillas, “Bamboleiroooo………..”

    • Te me has adelantado.
      Por puro rigor, si desfilamos por aquí a La Movida, lo siguiente próximo tiene que ser el Indie.

      Ahora se hacen llamar Hipster. Pero son lo mismo. No engañan a nadie.

  14. Pues para mí… el “bastardaje” .. uy perdon… el “Mestizaje” sobre todo el que corría (y corre aún) por aquí en Barcelona : empezando con Manu Chao, Mano Negra, Pata Negra, Peste Negra… y sucedaneos de segunda fila como Color Humano, Cheb Balowsky, Macacos y Dusminguet,… y la herencia que han dejado de grupos que cantan al buenrollismo jipi siendo hijos de papa con rastas : Pegatinas, los Stay Homas de los cojones, Txarango, Buhos, Catarres y demás abrazafarolas.

    Siempre los consideré lo más radikal que los quinceañeros de clase media-alta podían escuchar jugando a ser rebeldes: “uy mira… si fuman porros; llevan rastas… que radikales y alternativos, uy uy… uala .. llevan sandalias”

    Y todo el día que si Nicaragua, que si Somos un mundo, que si Hermano, dáme la mano!, que si viva Palestina (pero no la ubico en el mapa)

    Dios .. sólo de recordar las fiestas de la Mercè de la segunda mitad de los 90 es que me encabrono !

  15. Era muy muy dificil elegir, porque a excepción de las baladas heavies (que en pequeñas dosis va, pero cuando se pusieron a hacer una igual a la otra ya no) lo demás son mierdas importantes.

  16. Falta Heroes del silencio en esta lista, y por supuesto, la moda de hacer versiòn andina de temas famosos.
    Mi voto para los niños cantantes

  17. Añado la moda reciente de versionear canciones con voces femeninas mustias y ñoñas con ritmo chill out como en el programa de Bertín Osborne que lleva a famosos a casa. La moda se ha extendido también a anuncios de telefonía y demás.

  18. Coldplay

    En su ausencia he votado la movida, y hubiera votado pulsando mu fuerte la pantalla a Héroes del Silencio o el sindios de chilloutizarlo todo

  19. He echado en falta la lambada y una mención explícita a Georgie Dann en el apartado ‘Canción del verano’, pero tremenda lista.

  20. Faltó la plaga de cantantes latinos que nos invadió a comienzos de siglo: Chayanne, Ricky Martin, Carlos Baute, Thalía, Paulina Rubio, Sonia y Selena, el Luis Miguel ya bizco… Ni la wehrmacht invadiendo Polonia.

  21. El maldito Alex Ubago…Dios, él sólo era ya una pesadilla en sí mismo. Igual que Alejandro Sanz, Antonio Orozco y toda esa panda de ÑOÑOS sensibleros que amargan la vida a la gente.

  22. Pues aqui en Chile recuerdo que pego fuerte cierta cancion de origen español que insistia en resaltar las bondades un tractor de color amarillo que por alguna razon es lo que se lleva ahora, por dios, la tocaban cada cinco minutos en la radio en un bucle demoniaco.El horror.

    Tambien recuerdo con escalofrios las canciones con autotune de Paulina Rubio y su presentacion en vivo en el muy chileno festival de viña del mar donde me quedo en claro que hasta yo canto mejor que ella.

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