In memoriam: Charlie Watts

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Charlie Watts durante un concierto de los Rolling Stones en 1970
Charlie Watts durante un concierto de los Rolling Stones en 1970. Foto: Cordon Press.

Permitan que les hable de Victor Wooten. Muchos de ustedes ya sabrán quién es, pero para aquellos que no, lo presento: Victor Wooten es uno de los mejores bajistas del mundo. Un virtuoso, un genio. Procede de una familia donde cada miembro dominaba un instrumento, y lleva tocando desde que se andaba en pañales. Es capaz de hacer cualquier cosa concebible con ese instrumento, ya sea tocar cosas muy complicadas usando técnicas que lo dejan a uno boquiabierto, o tocar cosas sencillas con una sensibilidad exquisita. Domina el ritmo como se espera de un bajista de primera clase, pero eso no le impide dominar también las melodías y las armonías como si fuese un pianista.

Wooten es una bendición para quienes apenas sabemos música. Es un fantástico orador con el poder de resumir la esencia de la música en unas pocas frases, y escucharlo hablar sobre música es tan hipnótico como verlo tocar. No se anda por las ramas, y sus consejos musicales (por ejemplo: «Nunca pierdas el compás intentando encontrar una nota») son tan directos y pragmáticos como los de Thelonious Monk en su día, y sirven no solo para quienes tocan un instrumento, sino para que los oyentes tengan una idea de dónde buscar la calidad de los músicos. Wooten posee un instinto didáctico envidiable y suele citar una idea Albert Einstein: si no eres capaz de explicar algo con sencillez, es que tú mismo no lo entiendes. «¿A qué viene todo esto en un texto de homenaje a otro músico?», se estará preguntando usted. Pues bien, voy a tratar de explicar por qué en mi cabeza tiene sentido. Cuando he sabido de la muerte de Charlie Watts, lo primero que me ha venido a la mente, además de un luctuoso ensombrecimiento, ha sido una pequeña perorata que Victor Wooten pronunció sobre la clave para que la música llegue a los oyentes:

Maya Angelou dijo que las personas no recordarán lo que dijiste, no recordarán lo que hiciste, pero sí recordarán cómo las hiciste sentir. La música no es diferente. Si puedo atraparte mediante el sentimiento, ya te tengo, y puedo conseguir que escuches para llevarte hacia donde están las cosas buenas. El sentimiento es la clave. Tú naces teniendo sentimientos y morirás teniendo sentimientos. Los sentimientos no son algo que necesitas aprender; son otro lenguaje universal: el amor, el odio, los celos. Nadie ha aprendido esos sentimientos, no son dependientes de la cultura. Sentimos cosas en todas partes y en todo momento. Así que, cuando eres capaz de llegar al oyente con un sentimiento, puedes tocar con menos técnica pero acabas tocando más música. Si B. B. King se presentase a un concurso de guitarristas bajo los estándares de hoy día, ni siquiera sería admitido, ¿verdad? [En un concurso se trata de] cuánta teoría sabes, cuántos acordes tocas. B. B. King tocó las mismas cinco notas durante sesenta, setenta años. Pero tus abuelos y tus nietos conocen el nombre de B. B. King. Esta pasada Pascua perdimos a Allan Holdsworth. Impresionante músico. Pero tu madre no sabe quién es Allan Holdsworth, ni tampoco lo saben tus hijos. Todo el mundo sabe quién es B. B. King. Deduce por qué. Y, después, toca de esa misma manera.

Mejor que ninguna otra cosa, estas palabras me hacen entender cuál es la conexión que mucha gente siente con Charlie Watts. En los ya antediluvianos tiempos del cassette, la segunda cinta de música que tuve en mis manos fue el directo Still Life de los Rolling Stones, cuyo efecto fue tan mágico como el de la primera, una recopilación de canciones de rock & roll de los cincuenta y principios de los sesenta que mi madre, con un infalible instinto, me regaló diciendo: «Esto te va a gustar». Y ya saben que las obsesiones musicales de la infancia no solamente duran hasta la adolescencia, sino que ya nunca se olvidan. Recuerdo perfectamente la sensación que me producía la presentación del concierto, mientras sonaban por megafonía unos breves compases de Take the A Train de Duke Ellington (¡Tardé años en poder escuchar la pieza completa!), y el invariable escalofrío cuando los Stones empezaban a tocar «Under my Thumb». No importa lo maravillosa que sea, que lo es, la versión en estudio de la canción. La versión del Still Life siempre será la que ponga los pelos de punta.

Gracias a aquella cinta, los Rolling Stones de 1981 fueron el primer grupo de quien podía citar todos los miembros. Aunque parezca mentira, ni siquiera conocía los nombres de los cuatro Beatles a quienes, de hecho, no había escuchado, o no había sido consciente de escucharlos. Y la batería de Charlie Watts fue la primera que pude asociar a un nombre y un estilo concretos. Fue el primer tic-tac reconocible de mi infancia como oyente. Charlie tenía una manera de tocar sencilla y asequible que, como dice Wooten, apelaba al sentimiento. Y eso es justo lo que necesita un niño cuando está aprendiendo a escuchar. Su estilo también era lo que necesitaban los Rolling Stones. Aunque el virtuosismo instrumental es admirable, no es la única herramienta admirable que puede poseer un músico. En especial cuando hablamos de grupos de rock, que son entidades musicales generalmente fundamentadas en la casualidad y la química: cuatro o cinco jóvenes de una misma zona empiezan a tocar juntos y crean un sonido que, a diferencia del de las orquestas sinfónicas, suele distar de ser perfecto. Pero es un sonido único en el que algunos miembros se vuelven sencillamente insustituibles. No porque cambiando de miembros los resultados vayan a ser peores. En realidad, los discos de los Rolling Stones tienen varias canciones clásicas donde la batería no la toca Charlie Watts: «It’s Only Rock ‘n Roll», «You Can’t Always Get What You Want», «Happy», la parte final de «Tumbling Dice». No es fácil percatarse porque las pocas veces que ha sido sustituido, los sustitutos han imitado su estilo.

Lo importante son las canciones en las que sí está, y la manera en que ha contribuido a construir el inconfundible sonido de los Stones. La música de los Rolling Stones nace normalmente, aunque no siempre, de los riffs de guitarra de Keith Richards. Acostumbran a ser fraseos cortantes, muy rítmicos, muy afilados. Cuando los has oído una vez, ya nunca confundirás esas canciones con otras. Los tres primeros segundos de «Rocks Off» sirven para que cualquier fan salte de la silla y reconozca la canción. En eso consiste el genio de Richards, una fábrica andante de frases memorables. Alguien como Richards necesita un batería que sepa leer esos fraseos. Una de mis canciones favoritas de los Stones es «If You Can’t Rock Me», donde los Stones suenan tan Stones como es posible concebir. De nuevo, un seco riff de guitarra es la parte reconocible, pero la canción se edifica sobre el ritmo simple —y nada seco— de la batería de Charlie. Y, ¿los últimos cuarenta segundos? Son Charlie y nada más que Charlie. Hace justo lo que tiene que hacer para crear tensión, y hace justo lo que tiene que hacer para liberarla (minuto 3:25). Hace un pequeño redoble, cambia la manera de tocar y eleva la canción a un nuevo nivel justo antes de que esta termine. Y el oyente lo siente; no sabe por qué, pero lo siente.

La cuestión de la técnica daría para discutir en otro momento, pero siempre me ha molestado que alguien pueda menospreciar la forma de tocar de Watts por el hecho de que Watts no fuese capaz de ejecutar determinadas virguerías. Y ojo, soy el primero que disfruta con los baterías muy técnicos como Neil Peart, con los baterías apabullantes como John Bonham, y no digamos con los baterías salvajes y excesivos como Keith Moon. Pero estos no serían buenos baterías para los Rolling Stones aunque técnicamente posean más recursos que Charlie Watts. Un virtuoso circense en los Rolling Stones tendría tanto sentido como Yngwie Malmsteen tocando escalas veloces en lugar de los hachazos breves de Keith Richards. Y así como Richards siempre ha sido el cerebro de la banda, Watts era el corazón. Era un batería jazzy, no al modo de Buddy Rich, desde luego. Y ni falta que hacía. Es como cuando alguien hace de menos a Ringo Starr: si Stewart Copeland y Dave Grohl dicen que Ringo es grande, es que Ringo es grande y punto. Del mismo modo, si Chad Smith o Stephen Perkins tratan a Charlie Watts como un maestro, es porque Watts es un maestro, y punto. Como he dicho más de una vez, no me hagan caso a mí, hagan caso a los músicos.

Del antiguo swing, Watts heredó la elegancia, la discreción y la capacidad para poner acentos en el momento indicado. Basta escuchar la música que tanto lo influyó para entender su filosofía. No se trata de cuántos golpes por minuto se hacen, sino de hacer los golpes que demanda la música de los compañeros. Y esto es algo que Watts hacía a la perfección. Lo único es que él lo hacía en la música rock, consiguiendo que los Stones sonasen diferentes a muchas otras bandas cuyos baterías solían provenir de un rhythm & blues más contundente. Con ese estilo tan suyo aprendimos muchos a escuchar, a mover la cabeza, a golpear el suelo con el pie. La cadencia de Watts nos es tan amada como lo que cocinaban nuestras madres y abuelas. Supongo que las madres y abuelas de ustedes, salvo alguna excepción, no eran chefs de restaurantes con estrellas Michelin. Y eso no significa que nos guste la idea de que Ferran Adrià venga y «deconstruya» nuestro potaje familiar favorito. Hay cosas que el exceso de afán técnico puede destruir. Y Charlie Watts es insustituible. Los restantes Stones tienen suficiente influencia (y dinero) como para fichar a alguno de los mejores baterías —en el sentido técnico— del mundo, y quizá lo hagan, pero dudo que haya algún batería que sienta que de verdad puede ponerse los zapatos de Watts (como Watts tampoco se pondría los zapatos de ellos en otras bandas).

Otro ejemplo. No hay ninguna complicación en la batería de otra de mis canciones favoritas, «Stray Cat Blues». Pero es esa batería la que hace que la canción, cuya letra es bastante perversa de por sí, suene aún más perversa. La batería de Watts suena como una serpiente de cascabel, y ahí está el secreto del tema. Produce el efecto de un ritmo mortecino cuando, en realidad, no es una canción lenta. Apenas más lenta que, por ejemplo, «Another One Bites The Dust» de Queen. Velocidad similar, sensación muy distinta. Lo que Watts toca no es técnicamente difícil; no sé nada sobre tocar la batería, pero imagino que es sencillo de reproducir. Cosa distinta es que otros baterías capten ese sonido reptiliano o, más bien, que sepan sustituirlo con algo mejor. «Stray Cat Blues» también es una de las canciones favoritas de dos insignes fans de los Stones, Johnny Winter y Chris Cornell, quienes hicieron sus propias versiones. Matt Cameron, el por otra parte extraordinario batería de Soundgarden, no reprodujo el ponzoñoso siseo de Watts y por ello la versión de Soundgarden no suena tan retorcida. Johnny Winter fue más astuto; aunque su batería de entonces, Richard Hughes, tenía un estilo muy diferente al de Watts, Winter ralentizó su versión para conseguir por otros medios un efecto similar. Las versiones de Winter y Soundgarden me gustan mucho, ambas, pero no tienen la serpiente de cascabel, que es lo que esta canción, que habla de depredación, necesita:

En fin, hay muchos (¡muchos!) otros ejemplos, y siempre así de sutiles, de por qué Charlie Watts era tan importante para el sonido de los Stones. En las canciones más conocidas, y en las menos. Tomemos una canción solitario de Keith Richards con su banda X-Pensive Winos, «Take It So Hard» (¿La mejor canción en solitario de Richards? ¡Voto que sí!). Empieza con uno de esos riffs de guitarra tan increíblemente reconocibles, pero pronto se echa algo de menos. Y ojo, el batería, Charley Drayton, no es un cualquiera; de hecho ha trabajado con una imponente lista de grandes nombres. Pero falta ese indefinible toque swing de Watts, esos detalles que no están en el sitio donde los pondría otro batería. Supongo que lo que intento decir es que, por mucho que nos duela, no habrá Stones sin Charlie Watts. Habrá, si lo hay, algo parecido a los Stones. Pero será como si alguien se empeña en cambiarle las especias al guiso favorito de nuestra madre. No va a funcionar. Cuando uno ha crecido amando algo, no hay manera de mejorarlo. Que Mick Jagger y Richards sigan haciendo música juntos me parecerá genial, pero, aunque duela pensarlo, oficiosamente, al menos para mí, con Watts han muerto los Stones.

Crean que soy el último interesado en un mundo sin los Rolling Stones, pero así de cruda es la realidad. Cuando uno crece acostumbrado a escuchar sonar ese platillo en los Stones, quiere ese platillo en los Stones, y ya no le sirve otro. Te echaremos de menos, Charlie.

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22 Comentarios

  1. El tío tenía una cosa que no son capaces de imitar muchos baterías. Y es que no funcionaba como un metrónomo perfecto. Tenía su pocket, pero su pocket iba siempre un insignificante puntito por detrás del tempo. Es esa sensación de ritmo mortecino de la que habla Emilio en el artículo. Se nota mucho en canciones como Honky Tonk Women o Tumbling Dice: suenan como arrastradas, como si estuviera tocando con una botella de whisky encima, pero esa manera de tocar no las hace lentas. Les da un peso de la hostia.

  2. “Que Mick Jagger y Richards sigan haciendo música juntos me parecerá genial, pero, aunque duela pensarlo, oficiosamente, al menos para mí, con Watts han muerto los Stones.”

    Somos muchos los que pensamos igual. Estupendo homenaje.

  3. Gracias por maravilloso artículo, me has hecho disfrutarlo tanto como una canción vieja de los stones. Lo he leido dos veces seguidas y lo he guardado.
    Larga vida también a los buenos periodistas

  4. Charlie Watts posiblemente tenía más técnica que la que se muestra en sus discos con los Stones (y se deja ver en sus discos de jazz). Y aquí radica uno de los miles de ejemplos que hay en las bandas de rock/pop/etc… instrumentistas con gran técnica que se ponen al servicio de las canciones si hacer redobles vertiginosos a los15 timbales de la batería o recorrer innecesariamente con la guitarra dos escalas en tres modos diferentes en 5 segundos.
    Y el tío tenia huevos: le soltó a Morritos Jagger que el no era su batería si no que Mick era su “puto cantante”.

    Lo que nunca he entendido, y ahora es frikada de batería, como es que en sus últimos kits de bateria llevaba dos platos tipo china. Tampoco es que la música de los Stones requiera éste tipo de platos (de hecho con uno bastaría); pero el colmo de las cosas es que los coloca al revés de su montaje normal y encima uno lo tiene donde estaría el típico plato crash principal de 16″-18″ a la izquierda. No se si esto viene de su bagaje de jazz o que… pero nunca lo he entendido.

    Última frikada: Monster of Rock de Cstle Donington 1994 – en los bombos de Igor Cavalera de Sepultura se lee “Charlie” en uno y “Watts” en otro.

    • No solamente le solto eso a Primadonna Jagger, tambien le solto una hostia que le lanzo a tres metros de distancia, en la puerta de casa de Jagger y contado por Keith Richards.

  5. Esta música le gusta a mi abuelo. A mi entender es basura británica sobredimensionada por la moda de una época. No prevalecerá salvo en la mente de los ya infectados por ella.
    Hay cientos de bateristas tan buenos como ése, si no mejores, aunque con peor fortuna. Más vale tener suerte que talento.
    Por citar a unos cuantos bateristas mejores que el tipo ese sólo en la historia del jazz: Gene Krupa, Jo Jones, Philly Jo Jones, Dannie Richmond, Max Roach, Billy Higgins, Art Blakey, Roy Haynes y Buddy Rich.

    • Lamentamos mucho su desagrado señor, la puerta está abierta para los que quieren estar aquí y también para los que se quieren ir

      • ¿Porqué enseñarle la puerta?. Que opine lo que quiera (no voy a usar el manoseadísimo “libertad de expresión”). Pero es el comentario más divertido de todos los aquí escritos. Y eso que soy seguidor de los Rolling que me encantan.

    • Bueno, pues ya ha tenido que venir alguien a decirnos cómo estamos de equivocados los que escuchamos a los Stones, entre otros grupos. Y a calificar su música de “basura”, ni más ni menos. Y al rock, “la moda de una época”, ojo. Que difícil debe ser andar siempre tan indignado. En fin, ignoro cuánto tiempo prevalecerá su música, de momento llevan ya unos 60 años. Veremos cuánto prevalece lo que usted, o yo, hagamos en nuestras vidas.
      Y su abuelo tiene un gran gusto musical, todo sea dicho. Y qué guai, eh?, Usted conoce muchos bateristas de jazz que los demás no, qué incomprendido.

      • Y también hay otros que, aun conociendo muchos baterías de jazz (probablemente más que Lo4d), somos bien capaces de disfrutar de los Stones y de valorar mucho el saber hacer de Charlie Watts.

    • Flaco, si no te gusta esta música no la escuches y punto. Yo soy fanático de The Beatles y tambien me gustan los Stones, eso es lo bueno de la musica; no es uno u otro; como en el futbol. La musica dependiendo del estado de animo podes escuchar una cosa u otra. Esto es lo grande de la musica. Si hubo musicos mejores? Quizas si o no. Pero Charlie fue el batero de los Stones y punto. Gracias por la musica.

    • No prevalecerá? Mentes infectadas? Hace 60 años que tocan, llenan estadios en todo el mundo, los escuchan 4 generaciones diferentes, vendieron millones de discos.
      Me parece que el que tiene la mente infectada es otra persona cuyo comentario es de los peores que he leído.

      • Me daban ganas de marcarme un Godwin. Lo mismo habría primero que determinar que bateristas del pop-rock empleaban la caja de ritmos. También convendría hablar de Auto-Tune después de Cher.

    • Hombre… “no prevalecerá”… llevamos 58 años desde el primer disco de los Rolling Stones. Miles de grupos les han imitado a lo largo de la historia del Rock y siguen haciéndolo. Guste lo que le guste a este señor no sé qué entiende por prevalecer.

  6. ¡Dios! Toda una vida soñando con ser Jagger, bailar como Jagger y haber vivido una vida loca de Rolling Stone, como Jagger, y ahora, con la muerte de Charlie -y también con al edad- uno se da cuenta que en realidad prefiere ser algo más parecido a lo que representa Watts: fiable, preciso y elegante en lo suyo, y, al parecer, respetuoso con los demás. Una buena persona, en definitiva, una buena persona como nos pedía mamá. No se puede aspirar a más. Magnífico artículo, Emilio, el mejor que he leído sobre el batería de los Stones y, en realidad, sobre los Stones mismos, y he leído unos cuantos, la verdad. Vuelvo a escuchar canciones de la banda y lo hago con oídos nuevos gracias a ti y, por supuesto, a Charlie, my darling.

  7. Buenas. Gran artículo, Emilio.

    Agrego a la lista, lo que hizo en Paint It Black. No sólo porque he conocido punkitos que sólo respetaban esa canción de los Stones, sino porque es la bateria lo que la convirtió en un ícono fácil -y hasta gastado- para ilustrar Vietnam. Transmitir sentimiento, como dijiste al inicio del texto…

  8. IN MEMORIAN: DON EVERLY. El fallecimiento de una superestrella como Charlie Watts parece hacernos olvidar que tres dias antes se fue también otro gran musico Don Everly, que también seria merecedor de un in memoriam.

    • Yo espero que saquen algo sobre el, pero creo que ya estan tardando. Y sin desmerecer a Charlie, para mi este tuvo mas importancia, junto con Phil. En comparacion personal, como grupo es otra historia y para gustos los colores.

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