
Hace unos días albergué en mi casa a un par de chavales muy guapos que venían a ver mi ciudad; chicos guapos de los que piensan que el tobillo es bello. Íbamos a dar la primera vuelta por Madrid cuando, mientras nos maqueábamos antes de salir, me percaté de que uno de ellos llevaba un bolso blanco con la imagen serigrafiada de una cinta de cassette.
Ya me había dado cuenta, puesto que tengo ojos en la cara, de que las cintas se han convertido en una especie de adorado icono popular. El otro día en la exposición de Pop Art del Museo Thyssen, vi en la tienda de souvenirs el paradigma de este culto. Vendían un cinta de cassette llena de latas de Campbell de Warhol. El no va más.

Lo gracioso de este tema es que, antes de la oleada de pasión por las cassettes como concepto, como unos siete u ocho años atrás, recuerdo haber visto también tatuajes de cintas de cassette. Tatuajes, dibujos sobre piel humana para toda la vida. Eran los inicios del siglo XXI y la gente guay se estaba tatuando lo primero que había quedado obsoleto con la llegada del futuro. Es como si se tatúa usted ahora un móvil de los antiguos con un sugerente SMS en la pantalla. ¿Que le parece una gilipollez? Pues tiempo al tiempo.
Aunque si bien cambian las costumbres y las manías, el ser humano sigue siendo el mismo. Un fenómeno semejante al de los tatuajes de cintas lo contó muy bien Mauro Entrialgo en una historieta de 1994, «Budamanía», publicada en el álbum El efecto solomillo de la Factoría de Ideas.
Trataba de un hombre que había coleccionado muñecos de dinosaurios toda su vida, una cosa molona, hasta que con el estreno de Jurasic Park ahora parecía bobo. «El sobrino de Spielberg», se lamentaba él. También era un tío que iba con el pelo largo, desaliñado y con perilla desde que le salió la barba, pero que con la llegada del grunge de pronto parecía un niñato apuntado a la última moda. Y en lo que nos ocupa, los tatuajes, contaba que se había tatuado el escudo de Batman, entonces un cómic que leían los pocos que leían cómics o la lejana en el tiempo y entrañable serie de televisión de los sesenta de los mamporros onomatopéyicos, el caso es que con el estreno de la película de Tim Burton en 1988, que hasta yo recuerdo toda Madrid empapelada con carteles del murciélago, se lo tuvo que tapar avergonzado con un parche.
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Yo tengo cajas enteras guardadas en el trastero. Y la putada es que se deterioran. He vuelto a poner alguna y no se oyen bien. ¿Algún consejo de la sabia concurrencia? ¿Lo doy por perdido? Porque si es así me niego a tirar a la basura parte de mi memoria.
Alguna vez escuché que la vida útil de una cinta de cassette era de 15 años, lo que obviamente es falso. A modo de ejemplo diré que hace poco pasé a formato digital una cinta del año 1977, grabada en directo con el micrófono del radiocasette, que se escuchaba como el primer día. Tengo bastantes de la misma época y también están perfectas. Supongo que depende del estado de conservación de cada cinta.
Yo las regalé todas. Las cintas siempre han sido basura, que no me vengan ahora a santificarlas los modernos (por cierto, que conozco a una chica pos-posmoderna con el logo del BID/Discoplay tatuado en el hombro).
Solo un ignorante que no ha probado cintas y equipos de calidad puede decir tal memez..lo mismo de siempre
Siento decirle que la mala calidad que percibe en los MP3 respecto a la que recuerda de las cintas se debe a una combinación de pérdida de audición por tanto escuchar música con cascos y audífonos e idealización nostálgica del pasado – o quizá, principio de Alzheimer, como un servidor. :)
Las cintas de cassette salieron al mercado por baratas y compactas, como bien señala en el artículo. Jamás se distinguieron por su gran calidad de sonido y si por su vida extremadamente corta. Recuerdo tener una recopilación de los beatles en una cinta que a base de escucharla había acabado por interpretar su propia versión instrumental de un tema («Help», creo que era) a base de borrar por completo las voces dejando más o menos intacta la música.
Que la duración no es igual que en otros soportes vale..pero que no se distinguieron por calidad sonora es totalmente falso. Existieron buenos equipos de alta gama en el pasado así como cintas realmente buenas de cromo y metal. Tambien las hubo en posición normal como la TDK AD-X o la AR. A mucha gente ahora le vendan los ojos , les ponen un cd y una cinta de estas y le aseguro que no atinan a distinguir cual es cada uno..
Pues sí, son pura nostalgia.
Pero nunca olviaré el verano del 95, cuando cayó por azar en las manos de alguien de una cuadrilla del pueblo una cinta del Metal Works (73-93), recopilatorio de Judas Priest. Creo que la fundimos de pasarla, y los agudos de Rob Halford llegaron más alto de lo normal de las vueltas que le dimos.
Aquel puto cassette cambió nuestra vida (musical)
A mí me sorprendió «Slaughter of the soul» de At the gates, también de ese año. Cabía casi entero en una tdk de 60 minutos. Esas cintas eran una jodienda, porque con 30 minutos en cada cara siempre se te cortaba alguna canción. Sin embargo, de «Slaughter of the soul» solo te perdías un pequeño fragmento de la instrumental del final… Y vuelta a empezar de nuevo con «Blinded by fear». Todavía no conocía el «Reign in blood» de Slayer, que duraba 29 minutos.
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joder!! yo vivía enfrente del 72 de General Pardiñas….
bravo, bravo, bravo. mil puntos por el momento ‘te voy a hacer la portada de la cinta, que verás’. momentos inenarrables.
esa maqueta de tijuana in blue que poníamos mi amigo edu y yo y su madre entrando en la habitación diciendo que dejásemos de cantar… ‘no, mamá, son los tijuana’.
hay aparatejos que incorporan la pletina para las cintas y su entrada de usb para la modernez. un hallazgo para el cuarto de baño.
recomendable el libro de david byrne ‘¿cómo funciona la música?’, que también le dedica un apartado a las cintas pero con menos gracia.
bravo.
Las cintas no olían a cacahuetes, las Sony olían a electrónica nueva un poco plasticosa, las TDK tenían un olor parecido pero las BASF eran el paraíso, olían a fábrica química alemana a la orilla del Rín. Pocas veces he vuelto a oler ese maravilloso aroma, una vez debajo de un «scalextric» en Alicante (supongo que por algún material asfáltico sintético) y la otra en un taller de motos. Claro está que estos olores acaban por evocar músicas, de ahí su magia.
Evidentemente se han quedado obsoletas, pero durante mucho tiempo fueron lo máximo de la modernez en reproducción musical, es decir,en un pequeño instrumento podías resumir, recopilar, a tu antojo y gusto, varios discos o las canciones que mas te gustaban de cada disco, y cuando te aburrías lo grababas por encima.Eran pequeños, y manejables, le podías poner la portada que querías y era un buen regalo, muy personalizado. Genial. Creo que ha sido uno de los grandes inventos de la humanidad.
muy bueno el artículo, solo he hechado de menos que mencionases la opción de grabar de la radio en el cassette, yo tengo decenas de cintas con temas completos grabados de radio 3, directos etc… que sigo oyendo en el cassette por que me gusta oírlas en el orden que las tengo grabadas mejor que aleatoriamente en spotify
Mi padre compró en los bazares de la barceloneta, donde el Xampanyillo, una TV pequeña que a su vez llevaba radio, cassette, y era portátil…con mi independencia de la hab. compartida con mi hermana mayor a la salita donde estaba esta TV ( todo en uno ) a la edad de 13 años empecé a disfrutar como una enana…al estar integrado el cassette con la TV tb podía grabar los conciertos y videos musicales que salían en la2 mayormente…¡ Qué tiempos ! Aquel aparato de la Philips aunque la TV era en blanco y negro era una gozada…además tenía para meter los auriculares y mis padres no se enteraban de que no estaba durmiendo…
Todavía tengo las cassettes de esa época ( sobretodo de La frontera, La Guardia y EUDLF y tb mi 1º walkman…bueno 1º y único que tuve…
P.S.: De hecho empecé a ser fan de EUDLF porque un compi del » insti » en 2º de BUP me pasó una cassette de Como la cabeza al sombrero…
Si conservas tus cintas de La Frontera, tendré que llamarte hermano.
El mp3 tiene una calidad de sonido pésima. Vale que no suena de fondo el ruido de los entrañables cassettes, pero ahí faltan frecuencias, información o lo que sea. Está bien para escuchar música en el ordenador o en el coche, pero si quieres buena calidad de sonido, el cd o el vinilo.
A ver, el MP3 es un formato de compresión CON PÉRDIDAS, como el JPG.
Un CD graba 44100 muestras de 16 bits cada segundo en cada uno de sus dos canales estéreo, o sea 44100*16*2=1411200 bits por segundo, o sea unos 10,09 megabytes por minuto. Si lo comprimes a un MP3 de 128kbps lo estás reduciendo a 0,91 megabytes por minuto, o sea 11 veces menos. Y aún así suena bastante bien.
En una época en la que las conexiones ADSL de 50 megas no existían, se agradecía poder transmitir una canción entera en menos de una hora. Si quieres que se oiga mejor, en lugar de comprimir a 128kbps usa 256kbps o 320 kbps y verás como mejora la cosa. O directamente pasa de comprimir con pérdidas. Usa un formato sin pérdidas o directamente el WAV a pelo.
Directamente me compro el disco que me guste y listo. El cd y el vinilo no han desaparecido, señal de que algunos aún nos gastamos el dinero en música.
Lo estropeas todo con el » a ver»:
«A ver, pedazo de ignorantes, aquí vengo a iluminaros con mi sabiduría, que si no vengo yo moriréis en la estulticia»
En realidad era «a ver si esta vez consigo una explicación sencilla que no se me vaya por encima de las quinientas palabras» pero me parecía que ya empezaba mal y lo recorté a las dos primeras. :p
Leer el nombre de El Payo Juan Manuel me ha puesto la piel de gallina.
Bravo, Álvaro!
Yo que por aquel entonces comenzaba a ser un ser humano musical, recuerdo que la primera vez que grabé fue en una cinta negra de BASF, para poder escuchar en mi walkman el Greatest Hits de Simon&Garfunkel.
Que época… luego llegaron los discman, minidisc, mp3…
Magnífico artículo para los que seguimos disfrutando de las cintas como el primer día. ¿Cómo se podría hacer hoy para hacer como mi primera cinta que queme hasta la muerte y que llevaba el Kill’em all de Metallica por un lado (con el Metal Militia cortado, ¡horror!) y un recopilatorio de Obús y unas cuantas canciones de Leize por el otro? Atesoro mi caja de TDK’s y sigo agrandando mi colección a base de demos del más puro underground… long live tapes!
La primera canción que servidor grabó en un radio cassette en el año 1971, fue «Cowgirl in the sand» de Neil young con Crazy Horse, presentada con su aterciopelada voz por Constantino Romero. La segunda, «Black Dog» de Led Zeppelin y la tercera, «If you could read my mind» de Gordon Lightfoot.
A partir de ahí, ya no recuerdo nada. ¡Quiero a un abogado!
Con esto de las cintas llegué a tal estado freak que cuando grababa un LP entero y veía que sobraba mucha cinta, en vez de colocar canciones de relleno recortaba dicha cinta. Les quitaba los tornillos, quitaba una lateral y procedía con el tajo y el re-montaje. Superad eso.
Yo también lo hacía!!! :P
Vaya, menudo «crack». Ni se me había ocurrido. Yo repetía canciones hasta llenarla.
¡Ja, ja ja! Yo también lo hacía. Lo malo es que se acababan rompiendo, ya que la cinta era más débil que la parte de plástico transparente que estaba al final de cada cinta.
Otra cosa que hacía yo era empalmar con celo los dos extremos de cinta cuando ésta se enrollaba dentro del reproductor y había que cortar y pegar.
También recuerdo ir detrás de todo el mundo para que me grabasen el «Final Countdown» de Europe y todos pasaban de mí. Con el primer dinerillo que gané me compré una cadena de música y el CD y me quité esa espinita.
Excelente el artículo, felicidades.
Hace un par de años me reencontré con mi exnovia, dejamos de vernos cuando teníamos 14, lo primero que le solté fue: «mira, el cassette que te hice cuando nos besamos por primera vez (1984)..»
Le dio mucha risa y acabamos oyendo el dichoso casette que para mi sorpresa se escuchaba bien.
Conservo muchos de aquella época, guardo con especial cariño el «Live at Leeds» importado así como en vinilo, una joya, presumo.
No me gusta el tono del artículo, pero sí me gusta el tema sobre el que versa.
También me gustan los comentarios que han vertido los lectores: la palabra que mejor define esas reflexiones posiblemente sea nostalgia. Y es que es bonito recordar esos tiempos en que una ignorante felicidad nos envolvía a todos. Si cierro los ojos puedo ver con nitidez cómo en el cajón de mi mesita poco a poco iba aumentando el número de cintas, especialmente de un grupo en particular: The Alan Parsons Project. Cuántas veces tarareé (sin conocer su traducción) «I can read your mind» de su «Eye in the sky». Y lo entretenido que resultaba crear las portadas de las cintas. Las cintas, además, y aparte de la meramente musical, tenían o podían tener una función que el texto no menciona. Y es que en aquellos tiempos estaba muy de moda ir con el radiocasette (con el loro) a todas partes, en mi caso, a la plaza del pueblo. Sin embargo, nosotros también fuimos al cementerio: a grabar una psicofonía. No sé por dónde pararía el quinceañero Iker Jiménez por aquellos entonces y probablemente el cuarentón J. J. Benítez empezase a disfrutar económicamente de su archiconocido superventas, pero yo (el menda), junto con dos amigos, grabé una. Recuerdo aquella tdk perfectamente. Ahora al escribir esto, estoy recordando también una escena en la que las fundas de las cintas estaban rotas. De hecho, se desajustaban con mucha facilidad. «Grábame una cinta» me decía mucha gente. Yo fui disc-jockey desde el 88 al 91. De todo el cúmulo de experiencias y gratos recuerdos que aquella época me aportó, dos permanecen en mi memoria y seguramente no la abandonarán nunca. En el primero, para Nochevieja, toda la pandilla me pidió música, ellos me pidieron una cinta con todos los éxitos de la época. En un momento de excitación durante la grabación del susodicho casette, para más teatralidad si cabe ya que eran las 12 del mediodía y la luz entraba por las ventanas del pub que, en condiciones normales, solo se abría de noche, cogí el micrófono y dije no sin antes bajar la banda en la que sonaba una canción: «¡Eh, va, joder, qué estáis todos hechos polvo!». Al día siguiente (Nochevieja), alrededor de las 3 de la mañana, en la primera de las ocasiones en que tras escuchar las dos caras, vuelves a las mismas melodías, aquella frase se volvió a oír en nuestro almacén, pero, ahora sí, y aunque no sabía que acertaría tan de pleno, mis amigos estaban completamente borrachos y hechos polvo encima de unos sofás raídos que, sabe Dios de dónde, conseguimos para tan señalada ocasión. En el segundo, puedo ver las cabezas de la gente dentro del local, el humo del tabaco que casi se podía cortar con un hacha mientras sonaba la canción «El límite» de «La Frontera». Al igual que me ocurría con «I can read your mind», con «En el límite del bien (el límite del bien), en el límite del mal (el límite del mal)», tampoco era completamente consciente de su significado a pesar de estar en castellano.
Cuando vuelvo a escuchar esas canciones, no sé si me gustan porque son buenas o porque cuando las escuché por primera vez me sentía feliz.
Mucho Payo Juan Manuel, que ni su padre lo conoció, y no menciona a los reyes de las cassettes de gasolinera: Camela.
Por lo demás, la verdadera utilidad de esa mierda de artefacto era el poder grabar canciones de la radio, con los anuncios y las gansadas del locutor de regalo.
Álvaro, tú que siempre defendiste la idea de que el hombre solo debía llevar encima lo que cupiese en los bolsillos de sus pantalones vaqueros, que te juntes con muchachada con bolsitos… No te reconozco… :-p
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El mejor recuerdo que tengo de las cintas es que con nueve años me grabaron el Live After Dead de los Iron Maiden (que el colega tenía en doble cinta EMI, para mayor regocijo), y lo escuché asombrado una y otra vez, cada noche, en un walkman, desde la cama.
Ah, y que los gitanos las vendían piratas y fotocopiadas a doscientas pesetas en el mercadillo (dos por trescientas).
Salud.
Yo también le di unas pasadas al «Live after death». Me encantaba el inicio con «Aces high»y la presentación de Bruce Dickinson de «2 minutes to midnight», «Revelations» y su final con el grito de un espontáneo, «The flight of Icarus»…Es una pasada de directo y el video es el mejor que han sacado.
Recuerdo algunas cassettes de «cromo», algo carillas, que al grabar sobre ellas desde cd o vinilo se oían de maravilla. No gual que el cd, pero diría que muy cerca de la calidad del vinilo… aunque he de decir que mi plato era gama media.
También es cierto que hablo de hace 20 años o más, así que es posible que la realidad sea totalmente opuesta a lo que yo recuerdo.
Pocas pegas le veía yo a ese formato, en cualquier caso.
Pues a mí alguna de cromo me salió rana. Vendría ya defectuosa de fábrica, pero tenía un sonido pésimo.
Nadie ha comentado el recurso de poner dos trocitos de celo en cada extremo de la cassette original para grabar encima. Cuando hice ese descubrimiento, todas las cassettes de aprenda inglés o muchas de gasolinera de los padres pasaron a tener otro contenido bien distinto.
Esa Vera…
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Pura nostalgia. Conocí el 8-pistas que llevaba mi padre en el coche, y que ciertamente sonaba estupendamente. Luego en uno de sus viajes compró un adaptador, que básicamente tenía el aspecto de un cartucho de 8-Pistas, pero debajo llevaba pilas y arriba insertabas la nueva modernidad… El «Compact Cassette»… la caña! Yo tuve en casa un buen equipo, porque mi padre era buen audiófilo, y tuvimos vinilos, cassettes y luego vino el glorioso y también tristemente dejado para el recuerdo CD o «Compact Disc». Los niños éramos más perezosos y pasábamos del vinilo, y trasteábamos con los cassettes y ese cacharrito que se llamaba «Walkman». En fin. Que guardé algunos vinilos, guardé algunos cassettes… pero lo que realmente he guardado es mi colección de CDs… después de terminar hace unos meses de pasarla toda a mi reproductor de mp3, FLAC y lo que quieras, porque la lagrimita en el ojo no me la quitaba. Ay, qué tiempos y que viajes por Europa con mi Discman… Ah fui de los que probé el MiniDisc, y señores con permiso del CD, eso sonaba que era gloria… pero claro, eso de un CD = 1 MiniDisc en los tiempos de Napster… se tenía que ir a la porra sí o sí. Así que busquen ahora en alguna tienda si encuentran un Discman que merezca ese nombre. Les ahorraré el tiempo, no los hay. Quizá reproductores serios para equipos de sonido HiFi en casa, puede que todavía… pero portátil nada. Y escucho a supuestos audiófilos hablando maravillas de sus auriculares de 300 euros, para escuchar una mierda de MP3, pero eso es otro tema. En fin, excelente post, para los que conocimos casi todos los formatos… Y sí, resistí como pude (mantengo un par de Discman en buena forma) pero eso de viajar con 10 cajas de CDs o la carpetita correspondiente… pues no… Ahora lo metes en una cajita de cerillas y sales a correr (se llama running, no footing, running) o a montar en bici… y tan contento… pero eso de pasar los vinilos en la tienda… o el clac clac de pasar cajas de CDs mientras buscabas el que querías… pues queda en el recuerdo. Saludos musicales y veraniegos.
Las Movieplay soltaban tal pestazo que era como para plantearse si era muy saudable vivir en Coslada….
Incrível como elas eram tão fundamentais e de um dia para o outro foram parar dentro dos museus e da recordação dos que hoje tê mais de 30 anos. Ainda guardo um monte delas, com músicas, com histórias e até com a voz de pessoas tão queridas, algumas que nem estão mais nesse mundo, como a minha amada madrinha e o meu querido avô.
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