El pasado es hermoso porque nunca comprendemos una emoción en el momento. Se expande más tarde, y por eso no tenemos emociones completas sobre el presente, tan solo sobre el pasado.
(Virginia Woolf)
Un componente relevante de los juegos es la introducción del azar. Muchos de ellos se practican con dados para introducir la idea de que más allá de la planificación de la partida es importante las cartas o fichas que te toquen en el reparto o el número azaroso que saquen tus dados. El juego es una de las actividades a las que el cerebro dedica toda su capacidad. La realidad está para que haya material para jugar1.
Paradójicamente el ser humano busca estabilidad y certeza. Así en la tierra como en el cielo, reza la frase que anhela el orden y la continuidad que se percibe en el firmamento en contraste con la imprevisible existencia terrenal.
Se tolera mal la incertidumbre, es lo que más amenaza la continuidad de la vida. Necesitamos predecir lo que va a ocurrir y, a menudo, preferimos construir una teoría estrambótica y poco viable que explique la realidad, antes que quedarnos sin ninguna hipótesis. La vida, para ser experimentada, necesita previamente ser imaginada2.
Las personas que han sido criadas en contextos violentos, por ejemplo, adquieren la costumbre de establecer hipótesis basadas en observaciones cotidianas con el único fin de predecir si ese día van a ser golpeados o no por las personas que los cuidan3. Se fijan en cosas como la forma de respirar que tiene su perpetrador antes de propinar el ataque, sus movimientos oculares, el ruido que hacen sus pies cuando caminan por el pasillo de la casa, el arqueo de las cejas y otros gestos específicos, o el humor que trae cuando llega a casa y que pueden calibrar por el sonido que hace la llave al entrar en la cerradura. El objetivo de estas observaciones es reducir la incertidumbre.
Creatividad emancipadora o alienación
Con la incertidumbre se inauguran dos vías del pensamiento.
En primer lugar, la duda estimula el conocimiento. Todo aprendizaje se produce a partir de una crisis cognitiva. Si el maestro de escuela no logra que sus aprendices vean la relación que tiene el conocimiento que se les quiere enseñar con las necesidades que tienen en su vida, será mucho más difícil que se produzca el aprendizaje. Por eso, la primera tarea del enseñante es mostrar que la materia que imparte puede ayudar a los alumnos en sus necesidades vitales.
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