Ciencias

No respire

no respires

¿Está usted respirando? ¿Sí? Muy bien, le propongo un juego. No será difícil, no deje de leer aún, quizá luego quiera hacerlo. La cuestión es que le voy a pedir que tome aire, como si fuera usted a hundirse en el agua para intentar superar su tiempo de apnea. Ignoro su capacidad pulmonar, por lo tanto el esfuerzo que le pido no será excesivo. Quiero que nos sigamos llevando bien cuando usted aparte la vista de las letras. Mi intención es que aprenda dos cosas. Luego le explico, si lo hago ahora la cosa pierde encanto. Bien, ¿está listo? Perfecto. 

Respire lentamente y sienta cómo se llenan sus pulmones.

Hágalo un par de veces. 

Ahora deje de respirar.

Eso es.

Lea el siguiente párrafo como el que baja a tocar con los dedos el fondo de la piscina.

Querido lector en apnea, le presento el síndrome de Ondina o síndrome de hipoventilación central congénita1. Ya sabe que en medicina es habitual utilizar la mitología para denominar alguna que otra enfermedad o síndrome. Este es uno de esos casos. Resumo el origen de este nombre. Ondina era una hermosa ninfa como amanecer en la playa, de la misma se enamoró un joven que hizo una promesa por encima de su coherencia. Habló de amor eterno y terminó por no cumplir. Fíjese usted. El infante, hábil en muchas cosas e infiel como pocos, fue descubierto. La ninfa decidió castigarle con una maldición terriblemente efectiva. En el momento en el que se durmiera, el tipo iba a olvidarse de respirar. Apnea infinita, una movida. Y en esas circunstancias, con los párpados a plomo y sin bebidas energéticas ni otras sustancias que le pudieran ayudar, terminó por cerrar los ojos y dejar de introducir aire en su pecho. Ondina siguió siendo más que bella y de paso restó un pedazo de tierra al cementerio. Por el camino confirmó una personalidad estupenda y regaló su nombre a un síndrome. Ondina, ni más o menos.

¿Sigue aguantando la respiración?

Bueno, ya puede reponer oxígeno.

Es curioso que somos conscientes de respirar cuando dejamos de hacerlo, ¿verdad? Ahora puede seguir sin hacer submarinismo en seco.

El síndrome de Ondina, enfermedad rara entre las enfermedades raras, compromete la respiración durante el sueño. Surge desde la primera inspiración, esto es, desde el nacimiento. El sistema nervioso central, entre otras cosas, no es capaz de interpretar el aumento de carbónico en el torrente sanguíneo. El automatismo que nos permite detectar la necesidad de seguir respirando queda en suspenso. Si usted ha leído el primer párrafo sin respirar, habrá sentido unas ganas irremediables de coger aire. De hecho, habría terminado haciéndolo por mucho que no quisiera. La vida se abre camino, como en Parque Jurásico. Disponemos de un reflejo que evita que nos hagamos daño aunque queramos, estos niños carecen de ese reflejo. Para ellos toda aquella situación en la que el carbónico se vea acumulado no es un riesgo aunque sea un riesgo. Damocles en estado puro.

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