
Nos han contado lo tórrida que era Grace Kelly al bajarse las bragas, cómo te rompían brazos y piernas si suspendías en la Universidad de Alcalá, el dogma de fe de Ricky Gervais sobre los límites del humor —no ponérselos—, y las cagadas con la química en Breaking Bad. Y son cosas como esta las que te resumimos en este Jot Down News, nuestra revista artículo por artículo, sección por sección, para que no te pierdas nada.
Arte y letras
Cuando te cuesta hallar la disposición para hacer las cosas, una vez la encuentras solo deseas continuar hasta vislumbrar el final. Te guía una fiebre irracional, indómita, ajena. Se llama «desenfreno». Es como la escena de sexo en la cocina de El cartero siempre llama dos veces, como Los Pichiegos escrita en una semana por Rodolfo Fogwill, o como cuando Grace Kelly se bajaba las bragas. Es «Acabar pronto». Por Juan Tallón.
Invitado a un recital de poesía, del que no acaba de entender gran cosa, una ciencuentona con peinado a lo Cleopatra y gargantilla de terciopelo negro al cuello, se acerca al autor en un café de Nueva Orleans. Su prima exclama, maravillada, que le ha gustado a Anne Rice. Después de eso el recital le cansa, sale a buscar aire, y fuera hay alguien que le abraza… buscando su cuello. «Elegía del vampiro». Por Juan José Gómez Cadenas.
Humor
La primera comedia británica que traspasó todos los límites fue Beyond the Fringe (Más allá del borde), en los sesenta. Fueron admirados por el Monty Python John Cleese, y por todos los críticos de Broadway. Su habilidad, unir la larga tradición satírica literaria a la sátira social y política presente en el cine de su tiempo, con Peter Sellers a la cabeza, y a las comedias radiofónicas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. «Más allá del filo: la comedia británica». Por Julio Tovar.
«¿Hay algo sobre lo que no deberías hacer una broma? No, no lo hay. Depende de lo bueno que sea el chiste […]». Y es que cuando se trata de defender su trabajo, él aparca temporalmente sus chistes sobre la Biblia, los prejuicios contra los homosexuales, el alzhéimer, el sida o el hambre en África. Si el público se ríe, nada más importa. Es su base, y sobre ella ha construido una carrera complementaria y menos conocida «Ricky Gervais, mago del patetismo». Por Iker Zabala.
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