Arte y Letras Historia

… y el siglo XX será mucho mejor (pequeña oda al optimismo decimonónico) (y 2)

Karl Marx optimismo siglo
Karl Marx. (DP)

(Viene de la primera parte)

Charles Darwin escandalizó a muchas mentes conservadoras con su afirmación de que las especies más complejas no habían aparecido tal cual sobre la Tierra, sino que provenían de la progresiva modificación de otras especies menos evolucionadas, lo cual llevaba a pensar que el ser humano no era más que una mutación exitosa de una especie de primate más arcaica.

Algunos se tomaron aquello de que «el hombre proviene del mono» como un insulto o como una blasfemia, y la idea no fue unánimemente aceptada (aún hoy, cosa mucho más inexplicable, existen no pocas personas que se resisten a darla por buena). Para otros, sin embargo, aquello no fue solamente una revelación sino una inyección de optimismo: si las especies evolucionan, ¡el ser humano todavía puede mejorar! A la especie humana solo le quedaba refinarse cada vez más hasta alcanzar… ¿la perfección? Obviamente, Darwin no le atribuyó ninguna dirección «intencional» al proceso evolutivo y el mecanismo de «selección natural» descrito por él no tenía detrás una mente pensante que mejorase las especies hasta hacerlas perfectas. Las que más se adaptaban al entorno sobrevivían con mayor facilidad, eso era todo, sin importar que las considerásemos «mejores» o «peores». Pero esta noción fue filtrada por la irreprimible esperanza del siglo XIX de que el mundo iba a ir siempre a mejor: en el futuro, el ser humano podría seguir evolucionando hasta que todos fuésemos extremadamente inteligentes, saludables, resistentes, fuertes, guapos y longevos.

También hubo quien le dio algunas vueltas a aquello de la «selección natural» y la competición entre individuos y especies, surgiendo el llamado «darwinismo social»: ciertos autores adaptaron los mecanismos con los que Darwin explicaba la diversidad biológica para aplicarlos a la sociedad humana. Si existía una competición entre individuos de todas las especies, también la había entre seres humanos, así que aquellos que llegaban a lo más alto lo hacían como consecuencia inevitable de sus superiores dotes.

Esta explicación simplista tuvo bastante éxito entre individuos de capas altas de la sociedad, creyendo que las tesis de Darwin avalaban la superioridad biológica innata de quienes se hallaban en estratos sociales privilegiados. Sin embargo, detrás hubo notables elaboradores que la presentaron de manera no tan simplista: fue principalmente —y a su modo, brillantemente— defendida por Francis Galton. Pretendió demostrar que el «genio» era hereditario y dedujo que la selección artificial podía usarse para mejorar racionalmente lo que la selección natural había estado haciendo de manera automática, de modo que la raza humana podría mejorarse considerablemente decidiendo qué individuos deberían reproducirse, como los granjeros llevaban siglos haciendo con el ganado. El propio Darwin estuvo de acuerdo con esta idea. Él y Galton, por cierto, tenían un bisabuelo en común, así que además de trabar amistad estaban remotamente emparentados.

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4 comentarios

  1. Consume y calla básicamente.

  2. Si algo nos enseña el siglo XIX es que pensar siempre en positivo es un engaño. «Et un Arcadia ego». Además que probablemente sea metafísicamente imposible esa Arcadia feliz, esa Utopía final.
    Por otra parte: su artículo parece decantarse por la teoría cíclica de la historia, no la evolucionista.

  3. Bueno.

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