Depredador: la magistral deconstrucción del machote (y 2)

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Depredador. Imagen: 20th Century Fox.
Depredador. Imagen: 20th Century Fox.

(Viene de la primera parte)

En el inicio, Depredador es indistinguible de cualquier otra película del cine de acción ochentero. Vemos a varios tipos musculosos que son máquinas de matar y sueltan frases pretendidamente ingeniosas mientras masacran a los anónimos enemigos. El ochenterismo de esa primera parte es llevado hasta el paroxismo, incluyendo, cómo olvidarlo, el saludo más cómicamente varonil de la historia del cine. Un momento que, viéndolo con los ojos de un espectador de entonces, parece anunciar que nos vamos a encontrar con una película soberanamente estúpida en la que todo se resolverá, como era costumbre, a base de bíceps:

John McTiernan sabía que el espectador se quedaría con la impresión de que Arnold Schwarzenegger y sus soldados ciclados eran invencibles, y que la película iba a ser una nueva Commando. ¿Un alienígena? ¡Bah! Arnold y sus ciclados amigotes van a hacerlo pedazos.

La primera jugada maestra fue precisamente la cuidadísima selección de los ciclados que acompañarían a Schwarzenegger. Para crear una convincente atmósfera de terror, McTiernan necesitaba varios secundarios musculosos que además supieran interpretar, lo cual era complicado de encontrar en los ochenta. La primera opción —y, según McTiernan, «la única opción»— era, por descontado, Carl Weathers. Se había hecho famoso encarnando al boxeador Apollo Creed en la saga Rocky, pero no era simplemente un exdeportista que se limitase a lucir bíceps en pantalla (Weathers había jugado al fútbol americano), sino que realmente tenía talento como actor. McTiernan quería que Schwarzenegger se empapase en lo posible de su naturalidad interpretativa, y Arnold hizo justamente eso: cada vez que Weathers rodaba una escena, se situaba tras las cámaras para tomar buena nota. Otro puntal fue Bill Duke, cuya capacidad dramática había sido generalmente desaprovechada por su aspecto de tipo duro, salvo en las pocas películas cuyos directores sí habían entendido que podía ofrecer mucho más (por ejemplo, American Gigolo o Car Wash).

Pero ahí terminaba la lista de buenos actores con músculos. Aun así, McTiernan podía sacar oro de cualquiera. Por ejemplo, la estrella de la lucha libre Jesse Ventura. Que no era un gran actor, desde luego, pero sí un tipo capaz de inmortalizar frases memorables como quien masca chicle. McTiernan no le pidió a Ventura que interpretase más allá de sus límites, lo cual garantizaba que no hiciese el ridículo, y se limitó a aprovechar su carisma. En cuanto a Sonny Landham, era otro actor poco convencional que había comenzado su carrera en la pornografía y después había sido doble de acción. Como con Ventura, McTiernan no le pidió filigranas y supo utilizar su carisma. Su personaje, un soldado de origen amerindio que al toparse con la misteriosa amenaza entra en un peculiar estado de pesimismo místico, terminó dejando momentos memorables en el film, para sorpresa de muchos.

Esta conjunción de armarios empotrados no parecía un caldo de cultivo idóneo para obtener interpretaciones convincentes, y menos aún peleando contra un bicho del espacio. Es decir, comparen el reparto de Depredador con el de Alien. No hay color: los actores de Alien eran de primer nivel y podrían haber representado una obra de Shakespeare. Los de Depredador tenían carisma y la capacidad de encandilar a los espectadores (o a los votantes: de este reparto salieron dos gobernadores, Arnold y Ventura, y otro que casi llegó a serlo, Landham), pero en lo artístico nadie esperaba grandes cosas. Contra todo pronóstico, McTiernan obtuvo lo mejor de cada uno de ellos. Insisto: supo qué pedirles y qué no pedirles. Como resultado, todos tuvieron sus momentos para brillar y ninguno quedó reducido a una parodia.

De los muchos detalles revolucionarios en Depredador cabe destacar el único personaje femenino interpretado por la fantástica actriz mexicana Elpidia Carrillo, que hoy es poco recordada, pero que tenía bastante nombre en el Hollywood de aquella época, pues había rodado con Michael Caine, Jack Nicholson, Gene Hackman, Richard Gere, y además había aparecido en un polémico videoclip de los Rolling Stones. El personaje de Elpidia en Depredador es una guerrillera a quien los machotes han hecho prisionera. En otra película de entonces, ese personaje hubiese sido enfocado como la contrapartida romántica del protagonista, o como la mujer insumisa que responde siempre con frases sarcásticas y cortantes, o como la damisela en apuros. Con sus debidas excepciones, estos eran los estereotipos de personaje femenino en las películas de acción de Hollywood. En Depredador, sin embargo, Elpidia Carrillo no es nada de eso. Ni es un interés romántico, ni una mujer respondona, ni mucho menos una damisela en apuros. Su personaje se comporta exactamente como lo que es: una guerrillera. Su actitud ante la presencia del alienígena es exactamente la misma que la actitud de los personajes masculinos: asombro y miedo, pero contenidos. No se pone a chillar o a llorar, porque es una combatiente. Tampoco imita los estereotipos del héroe masculino (algo que sí sucede mucho en el cine de hoy) y, al igual que la teniente Ripley de Alien, es una mujer soldado que no necesita comportarse como un varón, sino simplemente como una mujer soldado. Una mujer que también ha recibido su entrenamiento, que tiene experiencia de combate, y que reacciona en consonancia. Por todo esto, su personaje resulta mucho más creíble que el de una mujer que imite los manierismos de los personajes masculinos. En cuestión de dotes interpretativas, Elpidia Carrillo era la más talentosa del reparto principal, cosa imprescindible porque su personaje lo decía casi todo en español y apenas se comunicaba con el público (anglosajón), salvo por sus expresiones faciales.

McTiernan requería mucho de sus intérpretes para hacer añicos las expectativas del público durante el segundo acto. El primer acto es pura acción, un festival de testosterona que termina con chulería cuando uno de los soldados aplasta un escorpión con la bota, gesto de despectiva superioridad sobre los peligros del entorno. Justo a continuación, otro soldado cuenta un chiste y un tercero se ríe. Son demostraciones de victoriosa euforia. Pero algo cambia cuando, de repente, el espectador ve la secuencia desde la perspectiva del Depredador. El alienígena escucha la risa humana que, distorsionada y repentinamente desprovista de contexto, es presentada al espectador como si fuese una risa inconveniente. El alienígena también observa el pequeño cadáver del escorpión, quizá preguntándose por qué motivo los humanos se molestan en matar algo tan insignificante. De repente, el punto de vista de los soldados ha dejado de ser el único. De hecho, pasará a un segundo plano, porque ya no serán capaces de ver a qué ese están enfrentando. A partir de aquí, su enemigo será invisible. En varios encuadres, los soldados aparecerán frente a una selva aparentemente vacía. Saben que hay algo ahí, pero no entienden el qué.

Cuando el enemigo invisible empieza a cazarlos uno a uno, la película de acción se transforma en una película de suspense y terror. Los personajes que antes exudaban confianza en sí mismos empiezan a mostrarse desconcertados y, lo que es más chocante, emocionalmente vulnerables. Los tipos más duros del mundo, los mismos que en el primer acto eran un cliché cómico del supermachote, intentan guardar la compostura porque están entrenados para ello, pero sus ojos no engañan: están asustados. El guion, por fortuna, renuncia a abusar del diálogo de exposición para indicar a los espectadores cómo deben sentirse. Serán las miradas de los personajes las que nos dirán cuál es el nivel de la amenaza, y cómo de desconcertante es esa amenaza. Es notable la manera en la que cada intérprete se hace cargo del cambio psicológico de su personaje. Empezando por el propio Arnold Schwarzenegger quien, en un nivel interpretativo entonces inédito en él, consigue sin apenas palabras transmitir al espectador su creciente turbación. Las miradas y la selva vacía cuentan toda una historia:

Depredador Predator

Depredador Predator

Depredador Predator

Depredador Predator

Depredador Predator

En este punto llega uno de los momentos más ilustrativos de la película y su afán por demoler el estereotipo del macho ochentero. Confieso que en los primeros visionados, siendo aún jovencito, ni se me hubiera pasado por la cabeza que algo así podía ser sugerido en una película de acción de los años ochenta. Pero está ahí, ante la vista de todos. Cuando muere el personaje de Jesse Ventura, vemos que Schwarzenegger y Bill Duke conversan brevemente sobre el difunto. Schwarzenegger dice: «Era un buen soldado». Bill Duke, con una pausa, responde: «Era… mi amigo». En ese momento, Schwarzenegger se gira de manera muy significativa hacia Duke, impactado por un repentino descubrimiento: entre sus hombres había cierto tipo de relación de la que él no era consciente. Personalmente ya no puedo interpretar la escena de otra manera: los personajes de Ventura y Duke habían mantenido una relación homosexual y Arnold alucina cuando se entera.

Se puede discutir si la secuencia tiene realmente esta lectura o no, pero el subtexto es tan evidente que me cuesta mucho creer que no fuese premeditado. Aun así, eso no es lo importante. Lo importante es que el mero hecho de que exista esta ambigüedad es una declaración de principios. Es una ambigüedad que encaja perfectamente con el empeño de proceder a una sistemática deconstrucción del estereotipo del machote. Recordemos que es una película de acción palomitera estrenada en 1987, donde la sola insinuación de que quizá haya dos supersoldados homosexuales era, de por sí, chocante. Quizá por eso no la captó casi nadie. Hoy resulta más evidente o, por lo menos, más fácil de discutir sin que parezca una extravagancia. Por fortuna, la sociedad ha cambiado bastante en ese aspecto. Y ojo, no tengo nada en contra de la acción machirula de los ochenta: al contrario, me parece muy divertida. Pero son estos matices los que hacen que ciertas películas de aquella época destaquen sobre el resto.

El segundo acto de Depredador es, en resumen, el proceso de convertir a los estereotipos en personajes vulnerables con matices y cierta profundidad, capaces de sufrir, asustarse, entristecerse. Así, toda sensación de seguridad se desvanece a ojos del espectador. Los protagonistas se enfrentan a una amenaza de naturaleza desconocida; mientras que los espectadores de la época se enfrentan a una película de naturaleza desconocida.

La deconstrucción de los estereotipos continuará en el tercer acto cuando Dutch, el personaje de Schwarzenegger, se quede solo contra el Depredador. El espectador se encuentra ya no ante una amenaza a medio definir, sino ante el enfrentamiento entre un individuo humano y un alienígena que es, evidentemente, un combatiente superior. Es una reedición del duelo entre Sigourney Weaver y el xenomorfo de Alien. Si recuerdan el final de Alien, la teniente Ripley vence al alienígena gracias a la astucia, pero al mismo tiempo está realmente asustada: gime, respira aceleradamente, y contiene el pánico a duras penas. Su miedo hace que la película sea verosímil. Una superheroína sin miedo hubiese arruinado el argumento. Sigourney Weaver en Alien es como Gary Cooper en Solo ante el peligro: una humana vulnerable que, para hacer frente a una amenaza, ha de superar su miedo antes que nada. Pero en el Hollywood de los ochenta la vulnerabilidad del héroe ante sus propios miedos era una rareza. Por emplear lenguaje de la época, casi podría decirse que el miedo era «antiamericano».

El tercer acto de Depredador es casi completamente mudo, salvo un par de veces en que Schwarzenegger dice unas frases. Se emplea el lenguaje corporal para transmitir el estado mental y anímico del protagonista. El gran hallazgo de McTiernan consiste en convertir a Schwarzenegger en una presa casi indefensa. Lo vemos arrastrarse por el fango, cada vez más agotado. Vemos el miedo en sus ojos. Lo mismo que sucedía con la teniente Ripley, pero con un giro psicológico que en 1987 tenía gran efecto: Arnold Schwarzenegger no era una mujer. Hay momentos en que lo vemos acorralado, agarrándose inútilmente al árbol que tiene detrás, adoptando una postura de sumisión y derrota, casi como una mujer que se viera indefensa ante un violador o un asesino en serie. Entonces era muy extraño ver a un héroe de acción adoptando tales posturas. Incluso hoy resulta llamativo, porque sigue sin ser frecuente. Es más, en el cine de acción actual hasta los personajes femeninos tienden a imitar la cómica invulnerabilidad de los héroes musculosos ochenteros, y no la vulnerabilidad de la teniente Ripley. Depredador, y después La jungla de cristal, prefirieron imitar a Ripley, y eso consigue que las hazañas de sus héroes sean más impresionantes. Un ser humano en una situación extrema, sea varón o mujer, ha de mostrar miedo, cansancio, estrés.

La parte final de la película no es solamente un combate táctico o una escena de caza, sino que recuerda mucho a ciertas películas de terror en las que la protagonista, casi siempre una mujer, trata de escapar de un asesino psicópata. Schwarzenegger cubriéndose de barro y aguantando la respiración para no ser descubierto es una transfiguración de Jamie Lee Curtis tratando de esconderse en un armario para no ser descubierta por el siniestro Michael Myers en Halloween. El supersoldado curtido en mil batallas está tan indefenso como una estudiante que no ha manejado una pistola en su vida. En otras palabras, el macho típico ochentero va mucho más allá de la vulnerabilidad de Ripley. Llega a ser presentado como una scream queen. Un Arnold Schwarzenegger que terminaba la película pareciéndose más a Jamie Lee Curtis que a Stallone era algo que tenía un poderoso efecto sobre el público, incluso sobre aquellos espectadores que no captaban conscientemente la estrecha relación entre estas dos secuencias:

Pese a todo lo dicho, esto es cine, y si la completa deconstrucción del machote hubiese sido demasiado lineal, la verosimilitud del tercer acto se hubiese desvanecido. Arnold Schwarzenegger queda reducido al papel de presa, pero no puede lanzar un chillido agudo sin que el público se ría. El estereotipo del machote puede ser demolido, pero precisa de su canto del cisne. Si hay algo que McTiernan buscaba en sus héroes —no tanto en sus villanos— eran los matices. Un soldado de élite es humano, sí, pero no es exactamente una estudiante adolescente como la protagonista de Halloween. De vez en cuando ha de responder como un soldado, al igual que hacía Ripley, y hay que concederle un pequeño momento para recuperar el control sobre sí mismo.

Este momento llega cuando el Depredador se quita la máscara y vemos su verdaderamente horrible rostro, que es, por cierto, un prodigio de diseño. Schwarzenegger no grita como haría una scream queen, sino que vemos la curiosidad en su rostro: un interesante giro sobre el giro anterior. Entiende que está viendo algo excepcional, que está mirando directamente a los ojos de una criatura de otro mundo. Y en ese instante, de manera fugaz, el asombro se sobrepone al terror ante una muerte inminente. Este canto de cisne no es gratuito, sino que encaja con un personaje que ha combatido en todas partes y probablemente lo ha visto todo, excepto lo que está viendo justo ahora. El humor, largamente olvidado desde el primer acto, retorna de manera gloriosa justo cuando el espectador menos lo estaba esperando. Y es un humor que no tiene forma de chiste, sino de una expresión espontánea de incredulidad: «Qué feo eres, hijo de puta».

Una frase memorable que, ahora sí, pilla desprevenido al público. Porque el Schwarzenegger del tercer acto ya no es el Schwarzenegger del primero. En Alien, al menos de cara al espectador, la teniente Ripley empieza la película siendo la misma que seguirá siendo al final: una militar retratada de manera bastante realista. Su personaje no cambia demasiado porque la película no necesita que cambie. Lo único que cambia son sus circunstancias. En Depredador, sin embargo, el personaje protagonista cambia mucho. El público ya no lo percibe igual cuando la película termina. Al principio, Dutch es una máquina de matar. Al final, es la versión masculina de Laurie Strode. Y en esto consistía el tiro de gracia del héroe ochentero: un buen personaje de acción no tenía por qué ser muy distinto si era hombre o una mujer. Aunque, insisto, tiene que haber de todo. En mi opinión, la violencia excesiva y sin sentido en la pantalla nunca envejecerá. La democracia y las leyes sensatas son muy deseables para la vida real, pero en la ficción, por qué no, de vez en cuando está bien contemplar a Charles Bronson haciendo «justicia» mientras el pueblo aplaude. Los estereotipos son legítimos, siempre que sepamos que son estereotipos y no la realidad.

Tras el estreno de Depredador (y otras películas contemporáneas como Robocop) el cine de acción de los ochenta tampoco iba a ser el mismo. Con La jungla de cristal y el sorprendente protagonismo de un Bruce Willis al que nadie imaginaba como héroe de acción —todavía no era una parodia constante de aquel papel que cambió su carrera—, John McTiernan iba a terminar de revolucionar el género. Los héroes se asustan, se cansan, jadean, sangran… ya saben, todas esas cosas que no hacen los superhéroes.

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24 Comentarios

  1. De perfecto, poco. Un artículo muy de nuestros tiempos, pero en absoluto de aquellos. Las correlaciones, totalmente cogidas por los pelos. «Era… mi amigo» era lo que le decía el monstruo de Frankestein al Dr. del mismo nombre en aquella época. En el espíritu de los combatientes, de «Band of Brothers» tienes otro ejemplo cuando el general de la Luftwaffe arenga por última vez a los soldados, convertidos en camaradas. Puedes hacer una reconversión del argumento de «Soldado Universal», pero me da que este título y «Depredador» guardan mayor relación entre sí que las películas protagonizadas por mujeres de aquella época. Hay quien ve el futuro en los posos de café. Tú has encontrado una relación de igualdad entre los dos géneros en una película militarista de los 80s. Pues enhorabuena. A mi entender mala interpretación, mal guión, una idea mediocre, unos efectos decentes (para la época, que al caso… ahora son pésimos), una dirección muy mejorable… Más que una película eran imágenes con movimiento y mucho ruido de fondo. Peor que el colesterol alto… duele verla, salvo que quieras echarte unas risas con los colegas, bien aprovisionados de el estímulo que se embotella y un poco de verde. Entonces será lo mejor que hay. Claro que también te provocará el mismo efecto el Padre Abraham y los Pitufos.
    Escribiste cosas bastante mejores en otros tiempos.

    • Apple y su manzana mordida llena de tonos arcoiris tampoco es nada «pillado por los pelos» es así y punto. No hay dobleces ni interpretaciones. Alucino con la poca cultura de cine que se tienes, alusiones al mundo LGTBYQ+ las hay en los Ropper, en Punky Brewster y hasta en barrio sésamo, madre mía que poco cine tienes. Yo Claudio, Star Treck… Si te parece que dos machotes aceitados y ciclados no se declaran amor solo con mirarse, es que eres fan del peplum y no te has dado cuenta que no va de romanos (griegos y demás tribus). Por cierto, el análisis de esta película y de John McTiernan me parece «cojonudo», totalmente de acuerdo y obligatorio para cualquier fan de este tipo de cine (ya se me echaran encima los que piensan que si algo es popular, palomero y un éxito, es que no es bueno, pobrecitos ilusos, si supieran que la major película muda de los 80 se llamo aquí «Acorralado», benditos ignorantes.). Lo dicho, tienes ojos pero no quieres ver.

  2. En el doblaje español el personaje de Dutch dice:»Eres una auténtica belleza» cuando ve la cara del Predator. El efecto es todavía mejor.

    • ¿Y tú crees que por ahí también podemos colegir que entre Dutch y el Predator puede desarrollarse una relación homo? ¿Se lo preguntamos al autor de este artículo?

  3. Me encanta ver cómo pueden coexistir diferentes perspectivas ante un mismo hecho. Mientras que el autor del texto intuye una relación homosexual, yo veo una humanización del los personajes ante el miedo generado por algo que no es humano (creando una distancia abismal entre estos y el bicho).
    Ojo, que puede que tenga razón el autor del texto y ciertamente el director quiso «mostrar» una relación homosexual; pero en mi opinión es esta una interpretación en exceso contemporánea.
    Con todo, me a encantado el artículo.

  4. Para lecturas de género o «deconstrucciones de machotes» ya tenemos la lectura de Tarantino de Top Gun (youtube).
    Bueno dos artículos sobre una joya ochentera de pura nostalgia anabólica.
    Eso sí, el título de los artículos no refleja el contenido de lo redactado; está claro que con los tiempos que corren todo articulista quiere ser «de género» o de las «nuevas masculinidades deconstruidas»…

    • La lectura no era solo de Tarantino. Salían casi el mismo número de secuencias de vestuarios que de F-14.

  5. Ni tanto, ni tan poco. Emilio se ha flipado un poco, como el loco aquel que se hacía pajotes mirando los papeles bailando al son del viento que se los llevaba.

    Pues muy bien. Pero no lo compro.

  6. Bueno, yo no soy brillante como Emilio así que las veces que he visto Depredador se me pasó tan peculiar detalle. Pero tengo que reconocer que tiene todo su sentido. Lo normal es interpretar la famosa escena como un momento de vulnerabilidad masculina algo que, repito, yo mismo le había dado. Pero viendo de cerca los detalles como la reacción del protagonista girando la cabeza lentamente, la pausa antes de decir «mi amigo» o el movimiento de cámara, en realidad es más un gesto de asombro al conocer una noticia difícil de creer que el típico instante de camaradería entre soldados al recordar a un compañero muerto en batalla que tantas veces hemos visto en series como Band of Brothers y demás. Matices, se llaman.

    Otra cosa pero para los comentaristas expertos: esto no son las pajas mentales de Tarantino, es lo que tiene los mecanismos y rudimentos narrativos del cine . Si quieren algo que no admita algún tipo de ambigüedad, discusión o doble sentido hay otras disciplinas y ciencias más exactas. O si se busca algo que estemos todos de acuerdo, compren una piñata con forma de George Lucas y un palo con pinchos ensangrentados como el de Negan.

  7. Todo esto para colar que hubo una relacion homosexual.
    Hay que ser un poco invertido para pensarlo.
    Era su amigo, aunque al amigo le daba cosa decirlo porque sonaba a vulnerable siendo un machote.
    De ahi a que le metieran el pene por el recto empujando con fuerza y repetidamente, pues no.

  8. El gran Arnold – uso su nombre de pila como si me hubiese tomado alguna vez una cerveza con él porque reconozco que no tengo eggs de escribir su apellido correctamente – tiene una serie de películas que son obras maestras de lo que es disfrutar delante de una pantalla: Depredador, Terminator 2. Desafío Total, Mentiras Arriesgadas y El Último Gran Héroe ( esta a reivindicar como además de entre, y otras varias también disfrutables. Disfruto como un enano con Depredador y La Jungla. También con Fargo y El Hombre Elefante. Es cine distinto unas de las otras pero para mi obras maestras CLÁSICAS todas. Sí, los que tenemos una edad debemos darnos cuenta que el cine de los 90 ya es cine clásico. Para mi ser culto no es estar en un plano superior respecto a que es disfrutable y que no sino que tener cultura es conocer. A más cultura más conocimiento tengo y de ese conocimiento solo yo decido que me gusta y que no. Me alegro de conocer las sonatas de Beethoven y los conciertos de piano y orquesta de Mozart – obras maestras – , la magia de BB King en los 60 y 70 – con un puñado de discos que rozan la perfección – pero también todo lo que grabó Iron Maiden o Dio hasta 1990 – obras maestras también casi todo – y las canciones de Manuel Alejandro para Raphael.

  9. Pero nadie dice nada de la musica de Alan Silvestri, o sois funcionarios del ministerio de la Montero !!!!

    • La banda sonora es magistral, minimalista, evocadora, en fin, qué vamos a decir de Silvestri; también he echado en falta algún comentario en el artículo, sobre todo en la primera parte, que es donde se habla del total de la obra. De todas formas, enhorabuena a Emilio, es un ejercicio muy difícil intentar desentrañar el por qué del respeto y la fascinación que despierta entre los cinéfilos más cultos una película hecha para el entretenimiento.

  10. Os ha ofendido mucho a todos lo de la posible relación entre dos soldados, que sinceramente yo no veo por ninguna parte, pero que da un poco igual.

    El artículo en general me ha gustado y he aprendido de cine y me ha dado ganas de volver a ver la peli, así que enhorabuena, Emilio.

  11. Las interpretaciones sobre el carácter, motivaciones, etc de los personajes de una obra son libres, por supuesto, pero lo de relación homosexual creo que es el mayor «invent» de la historia del cine!!

    Me han gustado mucho los dos artículos. Creo que «Depredador» debe ser la película que he visto más veces en toda mi vida, por el simple hecho de que cuando la pillo zappeando soy incapaz de cambiar de canal.

    De pequeño me moría de miedo en la escena en la que el bicho «aterriza» en el lago con Arnold en primer plano agotado, pero creyéndose a salvo. Y los segundos interminables cuando pasa delante de él untado en barro.

    Qué narices, me la voy a ver otra vez esta noche!

  12. Hola Emilio, te felicito porque como siempre tus artículos me parecen muy bien escritos. Sobre el particular de la homosexualidad sugerida, opino que no hay manera de apoyar tu tesis. Podría ser como dices tanto como no serlo. Podría ser simplemente lo que parece, o sea, el reconocimiento de una amistad. Pero pienso que en el cine de acción, que es lo que esto es básicamente, por más elementos extra que se presenten, nunca se busca la profundización en nada, desde el punto de vista dramático. Está muy claro esto, para mí, en él porque todo se plantea siempre desde el ánimo de llegar a la escena donde ocurre la acción, de modo que todo lo que hay antes es mero relleno, mera excusa para conseguirlo. Siendo así, a nadie le importa realmente lo que pasa en el interno de nadie, o sea, su drama. Sólo importa esa acción, la que hace avanzar la trama. Pero, de nuevo, sin ánimo de profundizar en ella. Se podría decir que las películas de acción sinopsis, no verdaderas historias. Lo digo desde el respeto, no desde la critica. Me gustan mucho las buenas pelis de acción, tipo Jason Bourne, para mí el paradigma más perfecto de ese cine. Pero ocurre que si se quisiera contar lo que pasa dentro de los personajes, no habría bastante acción. Es bastante lógico. A mí no me molestaría lo más mínimo, pero seguro que a mucha gente sí, y por eso a los productores también. Total, que me parece que es un poco absurdo ver lo que ves aquí, Emilio. Desde el cariño.

  13. La expresión de asombro de Arnold se da más bien al entender que sus hombres invencibles se están desmoronando y ya parecen son niños que extrañan a su pandilla de amigos. Y el otro lo entiende y por eso se avergüenza un poco de mostrar esa vulnerabilidad. No hay que andar viendo mariposas donde no hay. El hecho de juzgar todo por esa vertiente denota un afán de polémica o represión interna. De resto super el artículo.

  14. Excelente artículo sobre una excelente película, no obstante, no estoy de acuerdo con la interpretación (sobreinterpretación) de la homosexualidad de los dos solados. Total, disfruté mucho el texto…

  15. Pues yo creo, después de calibrar la escena de más arriba, escena que había olvidado a pesar de haber visto el film cuatro o cinco veces desde que se estrenó, creo, repito, que el hecho de que Arnold gire la cabeza hacia Bill Duke con esa expresión al final de la conversación, es algo definitivo para sustentar la teoría del Sr. de Gorgot.

  16. A quien haya redactado este artículo que haga el favor de no sobre analizar y moderar estupideces. Entre Blain (Ventura) y Mack (Duke) no hubo más que una gran amistad sin connotaciones sexuales. Ese tipo de camaradería es bastante común, no hay que exagerar ni tratar de salir con ciertas agendas que no vienen al caso. De hecho, en un monólogo de Mack queda claro que ellos fueron los únicos supervivientes de su aniquilado pelotón, esa anécdota es suficiente para formar una hermandad con cualquiera.

  17. Si me pongo a leer la biblia hoy en abril de 2022, seguro que encuentro la manera de interpretar que lo que habia entre Jesus de Nazaret y Juan el Bautista, iba mas alla de lo divino, y compartian fluidos que no eran la sangre, pero si el cuerpo de cristo.

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