Obi-Wan Kenobi desde cierto punto de vista

Publicado por
Obi-Wan Kenobi
Obi-Wan Kenobi. Imagen: Lucasfilm.

A mediados del pasado siglo, los teóricos de la Gestalt describieron la forma en que la percepción humana llena los huecos en una figura incompleta para poder reconocer e identificar su forma. En esencia, el cerebro juega constantemente al clásico pasatiempo de unir los puntos, devolviendo algo de sentido a cosas que no siempre lo tienen. Y no hay nada más satisfactorio para nuestra cabeza que esa sensación de reconocimiento, de significado, al trazar una línea imaginaria desde el punto A al punto B para formar, como en las constelaciones del cielo nocturno, un dibujo que en realidad no está ahí.

Hace diecisiete años, La venganza de los Sith (2005) finalizaba el arco de precuelas con el que George Lucas quiso contar la caída de Anakin Skywalker en el lado oscuro de la Fuerza, después de haber mostrado su proceso de redención en la trilogía original de Star Wars. La última hora de aquel Episodio III era una orgía gestáltica dedicada a colocar, uno por uno, todos los peones del enorme ajedrez galáctico en las posiciones de salida que ocupaban al comienzo de La guerra de las galaxias (1977). Los caballeros Jedi eran aniquilados, los mellizos Luke y Leia eran ocultados en planetas distintos, Palpatine se autoproclamaba emperador, Anakin Skywalker se convertía en Darth Vader. El círculo se había cerrado por completo ante nuestros ojos.

Salvo que, en realidad, no lo había hecho.

Por supuesto, quedaban inevitables imprecisiones e incluso inconsistencias entre las dos trilogías (Leia afirma tener borrosos recuerdos de su madre biológica, R2-D2 se hace el loco delante de Luke aunque sabe todo lo que ha ocurrido…). Pero, por encima de todo, había un hueco enorme que, Gestalt mediante, nuestro cerebro prefería omitir. Y ese gran vacío se llamaba Obi-Wan Kenobi.

Obi-Wan Kenobi
Obi-Wan Kenobi. Imagen: Lucasfilm.

Es la trampa de cualquier precuela: el espectador la contempla sabiendo hacia dónde se dirige la historia, y por tanto se encargará de dar los saltos lógicos necesarios para reconciliar el final de un episodio con el inicio del siguiente. Por eso nos bastaba y nos sobraba con ver a Kenobi perderse bajo el atardecer de los soles gemelos de Tatooine tras entregar a Luke a sus tíos. No nos parábamos a pensar que aquel Obi-Wan, el héroe de las Guerras Clon, acababa como un personaje roto, completamente devastado, que acababa de dejar a su aprendiz muriendo al estilo san Lorenzo tras mutilarle él mismo las tres extremidades que le quedaban. Que había perdido a prácticamente todos sus amigos y seres queridos en la Orden 66, traicionados por aquellos en quienes confiaban. Que había visto caer a la galaxia en manos de un tirano porque no había sido lo bastante bueno como mentor. Búsquese usted un psicólogo que le arregle todo eso, que ya le avisamos que barato no va a ser.

Y, sin embargo, tras una elipsis de dieciocho años en la que, por lo que sabíamos, el viejo Ben no había hecho otra cosa que flagelarse en el desierto, el personaje que aparecía ante Luke distaba mucho de estar acabado. Era un hombre afable, melancólico, sí, pero no amargado ni derrotado por los avatares de la vida. Incluso había recuperado parte de su sentido del humor. ¿Qué había pasado entretanto?

Dirán ustedes, quizá, que para este viaje no hacían falta alforjas. Que un par de décadas son bastantes para pasar página. Que esta nueva serie existe únicamente porque Disney quiere sacar buenos cuartos con ella. O que, sencillamente, la diferencia entre el Obi-Wan de La venganza… y el de Una nueva esperanza era una más de esas inexactitudes entre trilogías con las que podemos vivir perfectamente. Y no les faltaría razón… desde cierto punto de vista. Pero el caso es que ahí había un material dramático de primera, y eso es todo lo que hace falta para justificar ese acto que nos hace humanos: crear (y contar) historias.

Pues eso es, ni más ni menos, lo que hace Obi-Wan Kenobi: contar la historia de cómo un hombre vencido, traumatizado y fracturado encuentra algo de paz interior. Y a ese proceso se adhieren todas las piezas de un puzle más sutil de lo que parece. No hay grandes discursos explicativos, y la serie prefiere invariablemente mostrar antes que verbalizar su recorrido temático y emocional. Partiendo de un Obi-Wan parco en palabras, que repite su misma rutina laboral un día tras otro, pero que conserva la amabilidad de antaño aunque solo se la demuestre a su eopie, al que lleva comida furtivamente.

Obi-Wan Kenobi
Obi-Wan Kenobi. Imagen: Lucasfilm.

El guion tampoco hace hincapié en la desconexión de Kenobi con sus poderes, hasta el punto en que no sabemos a ciencia cierta si ha renunciado voluntariamente a ellos, si ha perdido facultades por los años de vida ermitaña o si es el trauma lo que ha cortado sus lazos con la Fuerza. Y, del mismo modo, también su paulatino proceso de sanación se muestra sin aspavientos: una levitación costosa y desesperada en el segundo capítulo; un rescate a golpe de espada de luz en el cuarto; un emotivo reencuentro en los momentos finales de la temporada. Pequeños, a veces ínfimos, pasos de regreso al héroe que fue. Y todos ellos propiciados por el reencuentro con los niños a los que había jurado proteger.

No hay, pues, un gran momento crucial en el que se produce ese despertar del adormecido heroísmo de Obi-Wan. Eso que los viejos y rancios manuales de guion hollywoodiense llamarían «segundo punto de giro», y que busca de forma prediseñada un subidón de adrenalina en el minuto exacto en que Rob McKee o Syd Field determinan que debe producirse. La evolución del personaje es lenta y continua, y eso es quizá lo más bello de la serie. Lo cual no significa que no haya momentos espectaculares: la dirección de Deborah Chow nos regala algunas imágenes para el recuerdo, como la del jedi encendiendo su espada en una sala oscura para acabar con un par de soldados de asalto (capítulo cuarto), los dos duelos entre maestro y aprendiz o, sencillamente, la forma en que la cámara se posa en la mirada y los surcos del rostro de un magnífico Ewan McGregor.

Obi-Wan Kenobi
Obi-Wan Kenobi. Imagen: Lucasfilm.

También hay lugar para la aventura ligera, al más puro estilo del episodio IV: el descaro de huir de una base imperial escondiendo a Leia bajo la gabardina es un gesto de ingenuidad absolutamente pulp. Hay pinceladas de justicia poética, como el hecho de poder contemplar a los Lars como los generosos y heroicos padres que fueron (ahora, en cada revisionado de la cinta original, sus muertes dolerán más). Y, por supuesto, hay momentos de alto voltaje emocional, especialmente en el flashback del episodio quinto y en todo el tramo final del sexto.

Son precisamente esos instantes los que justifican por sí solos la existencia de la serie. Porque si a primera vista Obi-Wan Kenobi cuenta una historia circular (prácticamente todos los personajes acaban regresando al punto del que partieron), bajo la superficie han pasado muchas cosas en ese trayecto, especialmente para su protagonista. Obi-Wan necesitaba mirar a Anakin Skywalker a los ojos una vez más para poder suplicar su perdón; necesitaba aceptar también que Darth Vader asesinó a Anakin (ejem); y que muchas de las virtudes de su amigo seguirían vivas en la forma de dos niños pequeños. Necesitaba (y merecía) encontrar la paz en sus últimos años de vida, y afrontar así su última misión como el héroe que fue. Al fin, ahora sí, se ha cerrado el círculo.

Quizá todo ello podía haber seguido siendo una elipsis, pero, ¿acaso no podría decirse eso de todas las historias? Ninguna es necesaria hasta que se cuenta, y sin embargo no podríamos vivir sin ellas.

Obi-Wan Kenobi
Obi-Wan Kenobi. Imagen: Lucasfilm.

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

17 Comentarios

  1. Quizá todo esto hubiera estado perfectamente justificado, si por el camino la serie no se dedicara a cagar y mear encima de la Trilogía Original.
    ¿Qué se podría haber hecho? Pues, por ejemplo, embarcar a Obi-Wan Kenobi en una aventura que no implicase a Luke y Leia, que no incluyera dos enfrentamientos con Darth Vader, que no nos mostrara a Luke huyendo de un sable laser rojo para un rato más tarde conocer al propio Obi-Wan.
    Pero todo esto es para nada. Ya la propia Precuelogía hizo trizas muchos de los conceptos que florecieron en nuestras mentes con las semillas plantadas por la Trilogía Original. A la mierda la mística de la Fuerza, a la mierda el seductor misterio de las guerras clon, a la mierda el romanticismo de los Caballeros Jedi, a la mierda la ominosidad de Darth Vader, y a la mierda el acojone que emanaba de un laser rojo (ahora los hay por todos lados).
    Quizá a Disney sólo le queda una salida, y no me cabe duda de que se lo han planteado: un remake de la Trilogía Original.

    • Considerando que desde hace tiempo circulan rumores de un remake por los cincuenta años de Star Wars, en la cual eliminarían detalles como el incesto, estoy empezando a creer que eso es lo que hará Disney.

    • Me parece una absoluta chorrada de comentario que, al final, no deja de estar basado en que tu infancia o adolescencia fue de la mano de la trilogía original y todo lo demás es una absoluta porquería porque ya no te hicieron sentir igual. “Vaya, han contado las Guerras Clon, qué despropósito”; “vaya, los Jedi no son seres pluscuamperfectos, sino que también pueden errar”. De ahí te compro que los midiclorianos son una explicación muy absurda, pero lo demás, que da profundidad al universo y a sus personajes, me parecen aciertos tanto en forma como en intención.

  2. El artículo cuenta muy bien el punto de partida de la serie, su planteamiento, y estoy totalmente de acuerdo con él.

    El problema es que la serie es malísima. La directora, Deborah Chow, será mujer, pero es una bochornosa tuercebotas. Los guionistas son un desastre.

    Es una serie infantil, resuelta de forma chapucera (detalles de guión y la puesta en escena). El diseño de producción es fastuoso, pero todo se resuelve en espacios limitados y repetitivos. Muchas escenas de acción tienen la factura de El Equipo A (y parecen rodadas en el mismo descampado de Los Ángeles).

    El problema de esta serie es que con un gran planteamiento, cosa que no tenían ni Mandalorian ni Boba Fett, acaban con un producto visual tan limitado, ridículo y decepcionante como la segunda mencionada, que es lo más lamentable y bochornoso de toda la franquicia Star Wars. Se puede ver, con aburrimiento general y ocasional irritación, y olvidar. Una pena. Un fracaso.

    Falta de talento en productores, guionistas, director e incluso compositora de la banda sonora (lo único de calidad es el tema de Williams). Una oportunidad perdida.

    • Insultar de este modo a El Equipo A, que es una serie que ha hecho historia, no es de recibo. A muchos de nosotros El Equipo A ha sido fundamental en definir nuestros valores éticos y morales. Es la serie de las series. Un respeto.

  3. ¿Es que ya nadie se puede sentar delante de una pantalla simplemente a disfrutar?
    ¿Todo tiene que ser criticado hasta el extremo?
    Señores, que es Star Wars, no la trilogía del Padrino. Huy la tercera no, perdón, no quería abrir otro debate.
    Todo mal, todo mal, todo mal.
    Disfruten de la vida, que son dos días!!!!

    • Suscribo. A mí la serie me ha parecido magnífica. Buenos personajes, buen drama, y trata al espectador como si fuera adulto. Coherente no es, claro, pero sí magnífica.

      Pero es que pedir coherencia a Star Wars a estas alturas es como pedirle realismo a Indiana Jones. La coherencia en Star Wars desapareció el día que una aldea de ositos de peluche prehistóricos derrotaron a un ejército acorazado con armas de fuego futuristas. Eso, si es que no desapareció el día que Luke Skywalker lamentó más la muerte de un señor que acababa de conocer que la de sus padres adoptivos (unos dos minutos, más o menos). Y ha regresado sólo de manera muy esporadíca, si lo ha hecho alguna vez. De la misma manera que el realismo en Indiana Jones desapareció mucho tiempo antes que la meta recordada nevera: el día que saltó de un avión a bordo de una balsa.

      A ver si es que los espectadores que fuimos jóvenes entusiastas ahora nos estamos convirtiendo en viejos gruñones.

    • ¿Pero sentarse y disfrutar sin pensar o cómo? Entiendo lo que dices, ¿pero te tiene que gustar sí o sí cualquier producto porque tienes que dejarte llevar y disfrutar? ¿Nuestro sentido crítico lo aparcamos, lo ignoramos, nos convertimos en amebas que nos tragamos cualquier cosa? Creo que tenemos derecho a que no nos guste una película o serie, más cuando has pagado por ver el producto. Otra cosa, claro, es llevarlo al extremo o a lo personal. Al final es una obra audiovisual, no te da de comer. Si te gusta, bien por ti, y si no te gusta, pues ya está, también bien por ti.

      A mí Obi-Wan no me ha gustado. No pretendo comparala con El Padrino, pero no me ha gustado. Sin más.

  4. Estoy de acuerdo con el artículo, ha clavado la esencia de la serie. Dejando de lado deslices formales y de guion, es el viaje más intimista de lo esperado hacía el perdón y el reencuentro con la Fe de uno de los personajes capitales de la Saga.
    Al final, pasará como con las tan maltratadas precuelas. Les cayó de todo lo peor en su día para hoy se reivindicadas. Y no es la primera vez que pasa en Star Wars.

  5. Magnífica serie. La he disfrutado mucho y la verdad es que se deseaba una serie en la que Darth Vader tuviese un papel central, además de Kenobi.

    La serie cierra un círculo que había quedado semiabierto, como un “eslabón perdido”, sobre el tema de la relación maltrecha entre Kenobi y Anakin/Vader. Se echa un poco de menos la música de John Williams (salvo un tema central que hizo para la serie) en momentos clave.

    Y también queda sin reponder el porqué Kenobi no acabó con Vader. No se sabe si por lástima o por algún “código” Jedi concreto.

    En cualquier caso, mis felicitaciones: un Vader bien conseguido y cuya ansia de poder y de venganza es enorme; un Kenobi cuya actuación es memorable, especialmente cuando se entera que Anakin no ha fallecido y ve a Vader por primera vez, inicialmente incapaz de hacerle frente al haber perdido su capacidad… Una historia interesante, que mejora con cada episodio.

  6. A mí, lo siento, me ha parecido una serie que no aporta nada al universo Star Wars, además de totalmente insulsa. El calificativo de innecesaria le queda como anillo al dedo. Y no porque fuese innecesaria una serie sobre Obi-Wan o sobre su relación con Vader, sino porque el resultado final deja una propuesta que no suma, que no dice nada nuevo, que si la eliminas no pasa nada. Al menos las películas o las series anteriores de Star Wars, mejores o peores, aportaban algo, hacían que la historia avanzase o completaban partes del pasado (Rogue One, por ejemplo, explicaba bastante satisfactoriamente partes de la historia previa a la trilogía original). The Mandalorian igual no aporta mucho, pero al menos es entretenida y con personajes carismáticos. Pero ¿y esto?

    Como dice el articulista, la historia acaba en el mismo punto de partida ¿y todo para qué? ¿Ha aprendido algo realmente Kenobi durante todo el entramado?¿Se ha incidido en o explicado sucesos importantes antes del episodio IV? ¿Todo para que Kenobi tenga un par de conversaciones con Vader y comprobar que Anakin “ya no existe”? ¿Para que, teniendo la oportunidad, no lo mate y no sepamos muy bien por qué (a parte de para que haya saga original)? ¿Para conocer a Leia y a Luke? Pues vale. Además de no pocas incongruencias (Kenobi ya no tiene poderes (¿Por qué?) y, de repente, sí y es más fuerte que Vader (¿Por qué?).

    Eso sí, técnicamente muy bien y eso. Pero vamos, yo la acabé ayer y ya la he olvidado.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.