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Todo nos iría mejor si hablásemos élfico

J. R. R. Tolkien. DP. Élfico
J. R. R. Tolkien. (DP) Élfico

Aprender una lengua nueva esconde un placer extraño. Quienes han tenido la suerte de estudiar no solo uno, sino varios idiomas hasta dominarlos, entienden la íntima satisfacción que se siente cuando un símbolo totalmente extraño cobra sentido y descubrimos el significado tras el significante. O, dicho de otra forma, la realidad tras el signo. Pero no existe solo placer en descifrar símbolos como si fuésemos Champollion con la piedra Rosetta. Conseguir formar una frase completa, o incluso escribir un párrafo, supone una hazaña de la que enorgullecerse. Significa que hemos conseguido comunicar, que nos estamos haciendo entender.

Comunicación y lenguaje no son exclusivos del ser humano, pero sí somos los únicos que hacemos una ciencia de ello y que hemos alcanzado un nivel tan alto de complejidad al hablar, al pensar y al transmitir. De hecho, el pensamiento complejo existe solo si hay un lenguaje que pueda articularlo. Así, la lengua para el ser humano deja de ser una necesidad y se convierte en vehículo para el arte y la cultura. Hasta los niños muestran esta incipiente necesidad de usar el lenguaje de manera creativa, inventando lenguas y códigos secretos. 

Pocas personas han amado tanto las lenguas como J. R. R. Tolkien, que además de ser padre de todo el legendarium que ha arrastrado a tantos fanáticos a los valles y montañas de la Tierra Media, fue un apasionado lingüista. Catedrático en Oxford, dio clases de anglosajón y de lengua y literatura inglesa, y perteneció al grupo literario de los Inklings, defensores de la narrativa de ficción y entre quienes se encontraba su querido amigo C. S. Lewis. Para Tolkien la vida se revolvía en torno a las palabras, y su inquietud natural lo llevó a estudiar un largo listado de idiomas, entre los que se encontraban el latín, griego, inglés antiguo y medio, francés, alemán, español, galés, finés y distintas lenguas germánicas antiguas. 

Pero una mente inquieta no se quedaba solo en el estudio y disección de hablas perdidas. Como confesó en el ensayo A Secret Vice (1931) Tolkien tenía un hobby particular: inventar idiomas. El texto, que originalmente fue una conferencia que dio en un congreso esperantista, toca una serie de ideas fundamentales para comprender la Tierra Media tal y como hoy la conocemos, como la imaginamos y se nos ha dado en sus (muy numerosas) adaptaciones. Y es que no existiría el universo Tolkien sin las lenguas que, desde joven, fue inventando y perfeccionando. 

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4 comentarios

  1. Tolkien dijo una vez: «En realidad, me parece que el mejoramiento técnico de la maquinaria, sea que apunte a una mayor simplicidad y claridad de la estructura, sea a una mayor internacionalidad, o a lo que sea, tiende (a juzgar por ejemplos recientes) a destruir el aspecto «humano» o estético del idioma inventado. Este aspecto, aparentemente no práctico, es en gran medida pasado por alto por los teorizadores; aunque me imagino que en realidad sí es práctico, y que en última instancia tendrá gran influencia en la cuestión principal de la aceptación universal. El n** (3), por ejemplo, es ingenioso, y más fácil que el esperanto, pero horrible (lleva escrito «producto de fábrica» por todas partes, o más bien «hecho con piezas de repuesto») y no hay en él atisbo de la individualidad, coherencia y belleza que aparecen en los grandes idiomas naturales, y en grado considerable (probablemente, en el mayor que es posible en idiomas artificiales) en el esperanto; una prueba del genio del autor original…»
    https://uan.nu/dti/trad-esperanto.html
    Aquí nos habla de la importancia que daba a la belleza de cualquier idioma. Sin ella, un lenguaje deja de ser humano, no tiene alma, corazón, vida… Según él, el esperanto lo tiene (estoy de acuerdo) y también intentó que los tuvieran sus propios idiomas. El hecho que no estén olvidados es un indicador claro de que lo consiguió.

  2. Qué bien refleja el artículo el fundamento del universo Tolkien, un autor de principios del siglo XX cuya pasión por el lenguaje le llevó, tal y como se relata tan bien en estas líneas, a desarrollar su pasión hasta crear un Universo único y, como bien se señala en estas líneas, tan inmenso porque parte de un entramado de lenguas, razas, y culturas que le dan una base única y sólida para desarrollar un completo y complejo mundo que no necesita de más influencias externas para ser tan real como cualquier realidad imaginable. Enhorabuena por el artículo, una pequeña pieza llena de estudio y apuntes interesantes, y, lo que ya no es tan habitual hoy día, muy bien escrito. Esperando más.

  3. Excelente artículo

  4. Pingback: Tolkien no jugaba al pinball - Jot Down Cultural Magazine

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