
La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos es una de esas turbias agencias de inteligencia estadounidenses que, si atendemos a la cultura popular, conocen las respuestas a los mayores misterios de nuestro tiempo. Conspiraciones mundiales, extraterrestres, quién mató a Kennedy, agentes dobles y triples, la receta de la Coca-Cola…, nada escapa a su control. Por eso, es desconcertante y muy inquietante que, de todas las amenazas potenciales que contempla, supone y conoce, unas fórmulas matemáticas le despierten verdadero terror. Esto llega hasta el punto de que la investigación sobre estas fórmulas está sometida a restricciones y todos los departamentos de Matemáticas de las distintas universidades tienen la obligación de informar de cualquier avance en los trabajos que se desarrollan con estas.
En la última escena de El club de la lucha (si la obra tiene más de veinte años, prescribe el destripe) se buscaba reiniciar la sociedad mediante la demolición de los edificios que albergaban los servidores de las compañías de tarjetas de crédito. Eliminando los registros, nadie debería dinero y todos empezaríamos de cero, aseguraba el anarcoterrorista Tyler Durden. Hoy en día no sería tan sencillo, puesto que hay copias redundantes en diversos búnkeres a lo largo del globo (es dudoso que hasta una guerra nuclear o una tormenta solar gigantesca pueda borrar los datos). En la actualidad, el pánico análogo de la NSA reside en que se consiga resolver el logaritmo discreto de un elemento de curva elíptica aleatoria en un tiempo razonable, puesto que las implicaciones en el comercio mundial serían aún más graves que los efectos del Proyecto Mayhem, por no hablar de las consecuencias en seguridad nacional. No haría falta destruir servidores, ya que se podrían intervenir conversaciones confidenciales y transacciones económicas si se es capaz de soltar (o cortar) el nudo gordiano de la criptografía de curva elíptica.
Qué son las curvas elípticas
Como siempre, no seremos demasiado rigurosos puesto que no queremos sacarnos el grado en Matemáticas ni estamos estudiando Criptografía, sino que nuestra intención es comprender más o menos en qué consiste esto de la criptografía de curva elíptica. Sin embargo, con estos prolegómenos, el tema empieza a provocarnos un sudor frío y comprendo muy bien las dudas del lector sobre si lo mejor sería pasar página y buscar el entretenimiento en otro artículo que trate sobre asuntos más tranquilizadores por conocidos: asesinatos, necrofilia o evisceraciones. Un poco de paciencia.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






El típico artículo que te pones a leer con miedo, acabas de leer sin haber entendido del todo, y sabes que volverás a leer una y otra vez.
No soy muy bueno en matemáticas, pero si no entendí mal entonces la solución universal de las ecuaciones de curvas elípticas equivale a una visita de los amigos de la NSA, multiplicado por acabar encerrado en una fría y húmeda torre en el medio de la nada a lo conde de Montecristo… Y eso si uno tiene suerte. Imagínese usted si primero te visitan los malos…
El autor se esfuerza demasiado en describir lo que unos gráficos habrían conseguido con muchísima facilidad para él y para nosotros, los lectores (y en este punto yo habría puesto una coma que al final me he ahorrado para no cometer el pecado de pretender hablar por todos) que a resultas de esa carencia nos perdemos en el planteamiento y no somos capaces de llegar a la enjundia de lo que se pretendía contar.
Pero toda esta chapa nos vale pa hacer cobetes?
Yo quiero sacar una moraleja. Los que quieren implantar un sistema criptográfico es porque son desconfiados. Una persona confiada no siente la necesidad de encriptar nada.
Bueno, pues sobre todo el final de este artículo nos enseña que no podemos fiarnos de los que nos venden un sistema de encriptación, porque la NSA puede habérnoslo vendido trucado para que ellos sí que puedan saber nuestros secretos. Y si son una Empresa Tecnológica lo mismo.
El problema claro está, es que un ciudadano normal como yo no puede ni sabe fabricarse su propio sistema de encriptación privado. Pero una gran empresa o un país sí que puede. Del mismo modo que hay buenas razones para que un país si puede se fabrique sus propias armas en vez de comprarlas, el país que pueda no debe fiarse de terceros y fabricarse sus propios sistemas de encriptación.
Pingback: Elipses y curvas elípticas – The Shaper