No sé a vosotros, pero a mí con este calor y el clima de tensión en el que nos ha dejado estas elecciones en plenas vacaciones, lo que me apetecen leer son novelas cortas, historias adictivas y libros de relatos. Lecturas que son un refugio en tiempos de incertidumbre política y climática, que reivindican la libertad para hablar de diversidad, feminismo y clase social, y nos invitan a imaginar un futuro mejor. Os dejo diez recomendaciones para meter en vuestra maleta y os animo a leer un libro que ha generado mucha polémica estos días.
Mañana, mañana, mañana, de Gabrielle Zevin (AdN)

Con una mezcla entre Tan poca vida de Hanya Yanagihara (Lumen, 2015), Gente normal de Sally Rooney (Random House, 2019) y la serie Halt and Catch Fire (Filmin), Mañana, mañana y mañana es un libro que engancha, incluso a personas poco fans de los videojuegos, como es mi caso, ya que, cuando cuenta el proceso de desarrollo de un universo virtual, se centra más en la creación de la historia y en las experiencias personales vertidas en ella que en aspectos técnicos. Habrá película y también podéis echar unas partidas a uno de los videojuegos del libro aquí. Con sus quinientas páginas a lo mejor os hace superar el límite de peso para no facturar vuestra maleta, pero es una lectura perfecta para leer de vacaciones, con trasfondo y crítica social, pero nada densa y muy adictiva.
La mala costumbre, Alana S. Portero (Seix Barral)

En su viaje de autodescubrimiento, una revisión del mito del héroe en versión queer, la protagonista encuentra apoyo y compañía en una genealogía de mujeres trans, marginadas e invisibles, hermosas aún tras años de maltrato, cirugías clandestinas y abandono, dulces y maternales aunque hablen el lenguaje de la calle, dispuestas a compartir lo poco que han conseguido para hacer más llevadero este mundo cruel y violento a su familia elegida.
Alana también cuenta cómo la llegada de la heroína a los barrios en los años 80 y el principio de un capitalismo salvaje terminó con la conciencia de clase, la idea de comunidad y de apoyo entre vecinos para dar paso al individualismo que conocemos hoy en día. Si bien tampoco idealiza esa época, pues reconoce que la intolerancia, el machismo y la vigilancia constante dejaban pocos resquicios a la disidencia.
A pesar de la dureza de lo que cuenta, La mala costumbre no es un libro oscuro ni amargo, en él hay belleza, poesía y esperanza, hay lucha colectiva, orgullo de clase y reivindicación de la diferencia.
Sevillana, de Charo Lagares (Lumen)

El libro de Charo Lagares es un soplo de aire fresco en este tórrido verano. Recomendado para leer mientras tomamos un rebujito en el chiringuito de la playa.
Más allá de Concordia, de Lola Robles (consonni)

Concordia, como ocurría en el mundo de Antares en Los desposeídos (1974) de Le Guin, no es una utopía perfecta, y los problemas llegan cuando los concordianos se ven enfrentados a los modos de vida de otros planetas. Para solucionarlos, Robles opta por el diálogo, el consenso y la empatía como forma de avanzar y seguir construyendo un mundo justo, igualitario e integrador.
La utopía para unos, puede ser distopía para otros, pero en una época tan convulsa como la que vivimos, pensar en alternativas posibles a un sistema que no piensa en las personas ni en el medio ambiente se hace más necesario que nunca.
La glándula de Ícaro, de Anna Starobinets (Impedimenta)

Partiendo de situaciones cotidianas, muchas veces dentro de los hogares, las historias de Starobinets se van volviendo aterradoras a medida que el uso de la tecnología ejerce una transformación en la persona que narra o en sus seres queridos, y se va haciendo evidente que no hay escapatoria para la distopía en la que viven, aunque puedan intentar imponer sus propias reglas en ella. Esto ocurre en una época indeterminada, que podría ser el futuro por el avance de la tecnología, aunque se percibe una decadencia muy soviética, como en el mundo de Winston Smith en 1984, y un retroceso en los derechos sociales.
Las influencias de Shirley Jackson, Stephen King, George Orwell o Philip K. Dick parecen evidentes, aunque la autora reconoce que no llegó a ellos hasta un tiempo después de empezar a escribir, pues estos autores difícilmente traspasaban el telón de acero, sin embargo, no es de extrañar esta coincidencia ya que los miedos que aborda la autora son universales y se encuentran arraigados en el alma humana.
Los astronautas, de Laura Ferrero (Alfaguara)

La familia es igualmente un tema importante y, especialmente, las ausencias. Ya que la narradora comienza pensando en la ausencia del padre, que es la evidente, porque es el que se ha ido y ha formado otra familia, pero se acaba preguntando por su madre, presente pero de alguna manera también ausente porque no sabe comunicarse con ella. Y de fondo, esas historias que nos contamos, omitiendo aquello que nos hace daño o que nos hace quedar mal, para seguir adelante, pero que a veces nos separan de las personas a las que queremos.
Río de fuego y otros relatos, de O Jeonghui (Editorial Arde)

Marcada por la escasez de la posguerra, los traumas que afectaron a su generación y a sus familias, la tradición y la opresión masculina, los relatos de O Jeonghui pueden resultar desoladores, aunque también de una gran belleza poética. Además, sorprende lo trasgresores que debieron ser para la sociedad coreana de los años 60 y 70, pues la autora trata temas como el aborto, la prostitución, las relaciones entre personas del mismo sexo, la crisis de los cuidados, los abusos a las mujeres y el feminismo.
Para quien busque referencias a la cultura coreana, la autora también nos habla de sus mitos, de cómo son sus relaciones familiares, su forma de vivir, de trabajar y de amar.
Momo, Michael Ende (Alfaguara)

Si os preocupa volver al trabajo cuando acabáis las vacaciones, recordad la gran lección de vida que nos dejaba uno de sus personajes, Beppo Barrendero: «—No hay que pensar nunca en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Solo hay que pensar en el siguiente paso, en la siguiente inspiración, en el siguiente barrido. Y una y otra vez, tan solo en lo siguiente».
No todo el mundo, de Marta Jiménez Serrano (Sexto piso)

Estas historias sobre el amor contemporáneo ocurren en Madrid, una ciudad donde, por mucho que lo niegue Ayuso, te encuentras a tu ex una y otra vez, y en ellas no hay dramatismo, sino más bien la aceptación de que la forma de entender el amor ha cambiado, que las relaciones son más diversas y que no existen buenos ni malos de película mientras se respete la dignidad de todas las personas implicadas. Hay comportamiento reprochables, eso sí, que se pueden deber a la educación patriarcal, que pueden ocurrir por miedo, por falta de interés o por diferencias de clase y de edad, pero en la mayoría de los relatos lo único que ocurre es la vida, con todas sus luces y sus sombras. Eso sí, preparaos para que se os encoja un poquito el corazón con el relato «Filmin», una historia que nos recuerda que el amor es posible a todas las edades y nos reprocha que no veamos a las personas mayores, aún más si son mujeres y madres, como personas deseantes y que aman.
Días de fiesta, de Jo Ann Beard (Muñeca infinita)

Porque eso sí, estos días de fiesta muy alegres no son, de hecho, sin tratarse de un libro de terror, lo cierto es que en sus páginas se encuentran todos los horrores cotidianos a los que nos enfrentamos por el hecho de estar vivos. También las alegrías, la amistad, el cariño y el humor que nos protege y nos salva incluso de las peores situaciones. Las desgracias, nos cuenta Beard, llegan sin avisar, pero no deberíamos preocuparnos demasiado por ello, porque llegados el momento todas somos más fuertes de lo que pensamos. Mientras, vivamos como si siempre fuera un día de fiesta, abracemos a quien queremos, juguemos con nuestro perro, tomemos una cerveza mirando las estrellas, leamos a Beard y disfrutemos de los pequeños placeres que dan sentido a esta absurda e insignificante existencia.
Orlando, de Virginia Woolf (Lumen)

Más allá de la relación entre Orlando y Vita, lo más interesante de esta biografía ficticia, y algo que sorprendentemente sigue generando polémica hoy en día, es cómo trasgrede las barreras de género, en lo que se podría considerar una de las primeras obras queer de la historia. Y es que el protagonista, Orlando, un día se acuesta siendo hombre y después de dormir siete días, se despierta como mujer. Además, en su nuevo género sigue manteniendo relaciones sexuales con otras mujeres. Esto nos dice mucho sobre los avances sociales que se produjeron en los años 20 del siglo pasado y que fueron frenados por el avance del fascismo en Europa. Quizá, por ello, censurar una adaptación teatral de esta obra no tenga nada de anecdótico y sea un aviso que nos recuerde lo fácilmente que podemos perder nuestros derechos si permitimos que el conservadurismo y la intolerancia se impongan.








Gracias Alícia. Me encanta la idea de leerte por aqui. En ocasiones hacer cuesta hacer una reseña de un libro en tan poco espacio. Al menos a mi me pasa. Tomo nota de todo. Un abrazo
Gracias! Sí que son necesarias, con la que está cayendo.
No he leído ninguno de estos libros y probablemente valdrá la pena hacerlo; lo inquietante es que, si no he contado mal, de 11 recomendados 10 son de mujeres.
¿Sera que los libros de autor masculino son en su gran mayoría una porquería o quizás sólo es cosa de la paridad bien entendida?