Arte y Letras Literatura

Ursula K. Le Guin fue un icono de la literatura. De toda la literatura

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Ursula K. Le Guin. Fotografía: Marian Wood Kolisch / Oregon State University (CC).

En 1940, con once años, Ursula Kroeber envió un relato a la revista Astounding Science Fiction. Fue rechazado. La niña siguió escribiendo durante los siguientes diez años; toda su preadolescencia, adolescencia y primera edad adulta, pero no volvió a intentar que la publicasen. En 1953, recién licenciada en Literatura Francesa e Italiana por la Universidad de Columbia, la joven obtuvo una beca Fulbright para continuar sus estudios de doctorado en Francia. Realizó el viaje a Europa en el Queen Mary. Allí conoció al historiador Charles Le Guin, con quien se casaría ese mismo año en París. Tras la boda, Ursula adoptó el apellido de Charles aunque siempre conservaría la «K» inicial de su familia.  A su regreso a Estados Unidos, él continuaría sus estudios de doctorado; ella los abandonaría para dedicarse a contar historias.

En la década de los sesenta, y pese a que consiguió publicar varios relatos, Ursula K. Le Guin aún no tenía agente, así que contactaba ella misma con las editoriales. En 1968 envió un manuscrito de casi trescientas páginas a Terry Carr, editor de la recién creada Ace Books, especialista en libros de fantasía y ciencia ficción. Como «Terry» era un nombre decididamente andrógino, Le Guin asumió que se trataba de una mujer y comenzó su carta de presentación con «Estimada señorita Carr». El error de género importó poco al editor porque tenía delante algo como no había leído jamás. Compró el manuscrito inmediatamente y lo publicó a principios de 1969. La novela se llamaba La mano izquierda de la oscuridad y el primer párrafo comienza así:

Haré mi informe como si contase una historia, pues tal y como me enseñaron en mi mundo natal, la Verdad es un material de la imaginación. El hecho más sólido puede fallar o puede prevalecer según se relate: como la joya orgánica de nuestros mares, que brilla cuando la lleva puesta una mujer, pero se desgasta, se embota y se convierte en polvo cuando la viste otra. Los hechos no son más sólidos, coherentes, rotundos y reales que las perlas. Pero ambos son sensibles.

La narrativa es el único dios verdadero de la especie humana. Comprendemos el mundo con narrativa. De hecho, construimos el mundo con narrativa porque pensamos en narrativa. En historias. Toda la civilización y todas las civilizaciones se han generado y estructurado a través de las historias que nos cuentan y, sobre todo, de las que nos contamos a nosotros mismos. Y las historias se articulan mediante mecanismos, algunos muy poderosos. Quizá el más poderoso sea «por tanto»; establece la relación capital entre la causa y la consecuencia, afirma sin fisuras que todas las cosas suceden por algo. Saber que la realidad no es una amalgama caótica sino un conjunto de patrones nos tranquiliza, nos acomoda en medio del territorio no mapeado de la existencia. «Por tanto» nace en el embrión de cualquier sistema lógico de razonamiento y, por tanto (por tanto), es la máquina perfecta para pensar. Durante casi seis décadas de producción literaria, Ursula K. Le Guin exploró esa máquina porque supo, desde el primer párrafo de su primera novela publicada, que, al despojarla de fisuras e impurezas, la narrativa se podía convertir en un pilar capaz de sostener cualquier mentira. Aunque la mentira fuese la propia civilización.

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15 comentarios

  1. Lareon Falken

    Cuando lei sobre la muerte de Le Guin me embargo una tristeza extraña que duró toda la jornada. Por mi cabeza no dejaban de pasar palabras como Anarres y Urras, ansible, kemmer, Shevek, «tolk», «Ged». Hace años que defiendo que «Los Desposeidos» debería ser lectura obligatoria en cualquier facultad de Economía porque es la única descripción real de un sistema capitalista y uno comunista puro que he visto jamás. Nada en la obra de Le Guin era banal, ni en su literatura más «infantil» y como ya señala el artículo, el concepto de equilibrio está siempre presente. Sólo puedo decir que ha muerto una maestra de la Literatura (con mayúscula) y casi nadie se ha dado cuenta. Y me vuelve a embargar la tristeza.

  2. Richard Arryn

    No hay géneros buenos o malos, hay buena o mala literatura. Para mi Úrsula es una de las grandes, sus libros tuvieron la capacidad no solo de sorprenderme sino de aportar una visión muy equilibrada, reposada y profunda.

  3. Hasta pronto Ursula, ya nos reencontraremos por Anarres.

  4. «Terramar, una serie de libros ilustrados de fantasía destinada a lectores adolescentes, algo a priori poco propenso a la profundidad intelectual»

    ¿La persona que escribió esto leyó Earthsea? No lo parece. O le hace poco honor a tan magnífica saga del género maravilloso (o fantástico, según se mire), tan de alta literatura como sus otros libros de ciencia-ficción…

    ¿Esto es rendirle tributo?

  5. Estaba esperando este artículo. Gracias.

    Creo que solo me falta leer «Lavinia» y «El eterno regreso a casa» y no quiero quedarme sin libros de ella. ¿Qué hacer?

    He contado esto varias veces. En la «La mano izquierda de la oscuridad» ella usa los pronombres masculinos para los habitantes de Gethen/Invierno y yo me los imaginé como hombres de aspecto andrógino. Ella cambió de opinión después y en cuentos como «Rey de Invierno en Karhide» o «Mayoría de edad en Gethen» usó pronombres femeninos y me las imaginé como mujeres. Los personajes eran siempre humanos hermafroditas de otro planeta con un aspecto que en la Tierra sería «oriental», pero un simple cambio de pronombres cambió completamente mi modo de imaginarlos.

    Aparte de las novelas que siempre se mencionan, quiero destacar los cuentos «Del diario de la rosa», «Día del Perdón», «Los que se alejan de Omelas» y «El asunto de Seggri», entre muchos otros.

  6. Eso de que Terramar estaba orientado a adolescentes será opinión del señor Torrijos, porque Úrsula nunca dijo tal cosa – y por eso tiene tanta o más profundidad intelectual que sus libros de ciencia-ficción.

  7. No parecía importante

    Existen dos tipos de escritoras feministas: las que trazan líneas que dividen (por ejemplo, Joanna Russ), y las que trazan líneas que unen. Ursula Le Guin lo unía todo con sus líneas, pues como bien dice el autor del artículo, ella entendía el equilibrio, la relatividad de la verdad.
    Sus obras son una delicia, para el cerebro, el corazón y el alma. No es que haya que leerla, es que hay que releerla, una y otra vez.
    Y si novelas como «La mano izquierda de la oscuridad», «La rueda celeste», «Malafrena», o » Los desposeídos» son de por sí subyugantes, pocas veces a lo largo de mi vida me ha impactado tanto un texto como lo hizo el impresionante «Los que se alejan de Omelas». Me dejó sin habla, aturdido y, por qué negarlo, avergonzado.

    Doña Ursula se fue, porque ya le tocaba, pero no se fue del todo. Siempre la llevo conmigo.

  8. Hace unos meses, Nórdica publicó una hermosa edición ilustrada de ‘El día antes de la revolución’, un cuento protagonizado por una anciana anarquista, una estupenda precuela de ‘Los desposeídos’ https://despuesdelhipopotamo.com/2017/09/01/dia-antes-revolucion-le-guin/

  9. «Era izquierdista convencida como casi cualquier persona interesada en la ficción especulativa»
    El periodista que ha escrito este articulo parece que especula más la propia Ursula, ¿no creen?
    Esa afirmación esta muy lejos de ser verdad.

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