Literatura

La relación de Torrente Ballester con Ridruejo y Laín Entralgo: Correspondencia inédita

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Gonzalo Torrente Ballester el 4 de abril de 1988 en Paris, France. (Photo by Ulf Andersen/Getty Images)

Gonzalo Torrente Ballester relató más de una vez la forma en que conoció a Dionisio Ridruejo y el papel esencial que este llegó a jugar en su vida. Fue Pedro Laín el que los puso en contacto durante la guerra civil, cuando le propuso a Torrente que se incorporase al grupo de Burgos, organizado en torno a Ridruejo para dirigir los servicios de prensa y propaganda en el bando nacional. El primer encuentro entre el soriano de 26 años y el gallego de 28 lo evocaba el segundo en una nota necrológica tras la muerte del primero:

Yo no era un muchacho brillante ni especialmente llamativo, sino más bien tímido, perplejo y sin los instrumentos de experiencia o de saber indispensables para entender lo que pasaba. Esa timidez me llevó, en mi primera entrevista con Dionisio, a reforzar de tacos la conversación: todo mi repertorio. Dionisio, entonces, echó mano del suyo, más rico y mejor usado, y me apabulló. Yo encajé la lección. (1992: 196-197).

Lo que ocurrió a partir de aquel encuentro es ya historia, quizá más comentada que realmente conocida. Con «Pedro y Dionisio» estableció Torrente un vínculo gozoso que tuvo muy pocas sombras y que nunca se quebró. Ambos le apoyaron en cuestiones económicas e institucionales, Ridruejo durante el breve período en que tuvo poder para hacerlo y Laín mucho más tiempo. Ambos fueron para él referentes intelectuales, guías existenciales y soportes emocionales, pero no exactamente de la misma manera.

A Laín —desde su juventud un erudito de alma teórica, excesivo idealismo y escaso sentido práctico— lo vio como un maestro intelectual, dotado de una formación sistemática que Torrente envidiaba y una muy amplia cultura de la que se beneficiaba. De forma espontanea estableció con él una relación de «oyente y aprendiz, pues él era ya lo que a mí me hubiera gustado ser y sabía lo que yo hubiera deseado saber» (1992: 198).

Ridruejo era un líder nato, un hombre de acción con sensibilidad poética, apasionado, lúcido e íntegro hasta el extremo de ignorar los consejos de la prudencia.  Con una cierta frecuencia escribieron los tres artículos comentando las cualidades de los otros dos y reseñando sus obras (Laín Entralgo, 1948, 1981; Ridruejo, 1946, 1972; Torrente Ballester, 1941, 1946, 1965). En la época de su larga travesía del desierto, Torrente los consideraba como sus dos únicos lectores, o al menos casi los únicos que daban público testimonio de que leían sus escritos, reflexionaban sobre ellos y transmitían en los periódicos y revistas el fruto de sus reflexiones. “Que literariamente sea yo su criatura, está fuera de dudas (…) El escaso éxito de mis obras me llevó a perder la fe en mí mismo, que sostuvieron con la suya estos dos amigos” (1992: 197-198).

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3 comentarios

  1. ¿Bando Nacional? ¿Grupo de Burgos?
    Que tanto Torrente Ballester, Ridruejo como Laín Entralgo fueran intelectuales e incluso alguno de ellos un gran escritor no quita que militaran en el Bando Sublevado de carácter fascista, militar y antidemocrático.

    • Como Josep Pla o, si se me permite la extrapolación, Mario Vargas Llosa. ¿Acaso eso los hace menos interesantes? El comentario me huele un poco a «cultura de la cancelación».

  2. Nooooo, cancelar nunca. Además Torrente Ballester tiene varios libros de gran merito y que he leído con gran placer y aunque no fuera así. Pero tampoco debemos blanquear. Militaron en el bando que dio un golpe de estado militar y fascista. Y utilizar eufemismos cuando hablamos de esa época de su vida es innecesario.

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