
«Ha capturado el Estado y se ha situado por encima del sistema político», me cuenta Ruth Ferrero, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid. Cuando se titulan libros y artículos empleando el término zar hay poca exageración. La Rusia que ha creado Putin es una suerte de monarquía autoritaria, y solo queda saber quién será el sucesor, porque, como subraya esta profesora, «siempre lo ha elegido el líder anterior, se puede trazar una línea hasta Lenin». Su estilo, sin embargo, ha sido poco aristocrático. En el poder se ha expresado de forma procaz incluso en los asuntos más delicados, como cuando prometió perseguir a los chechenos «hasta en el retrete», pero se trata de una forma de conectar con su pueblo, de identificarse con el ruso medio. «Es un macho alfa, con mucha adrenalina y mucha testosterona —dice Ferrero—, pero no hay que confundirse, nada de eso es incompatible con ser frío y calculador, su estrategia está muy meditada y no tienes más que verlo en Crimea y Ucrania, o en la negociación con Bielorrusia, donde tiene objetivos realistas y los va consiguiendo de forma implacable».
Su ascenso se debió, explica Ferrero, a su capacidad para «cumplir las normas», pero las no escritas. Siempre fue de fiar, y ese es el motivo por el que Yeltsin le entregó el poder, como garantía de que no irían tras él una vez que dejase el cargo. La garantía solo podía provenir de alguien con palabra acreditada y conocimiento del medio. En el colapso de la URSS, se sentaron las bases de un Estado profundamente corrupto que sería capitaneado por personajes bien situados en el régimen comunista. «Putin es fruto de ello, de esas condiciones en las que se produjo el cambio de sistema». En la actualidad, en los intentos de levantar una internacional fascista, los promotores del movimiento cuentan con Putin. Su peripecia vital es realmente paradójica: de soñar con ser un agente que ayudase a liberar el mundo del capitalismo en nombre del socialismo universal, a acabar, por coincidencias, carambolas y algún que otro tumbo, encarnando todo lo contrario. Para comprender la magnitud de esta trayectoria es imprescindible remontarse a muchos años atrás, cuando Putin no era Putin, sino «Volodia», el cariñoso apelativo con el que se dirían a él sus amigos y familiares.
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«…nada nuevo bajo el Sol…», ahora…pensaba que la pelea de quien era más rico, estaba entre Elon Musk y Jeff Bezos…a esto se agrega Putin…fascinante!!!…
Habría que agregar a la familia Bush y sus guerras, multimillonarios; pero estos son hombres de suceso, no criminales.
¿Que los Bush sean criminales hace menor la criminalidad de Putin?
Ya que Putin quiere convertirse en un zar moderno, yo digo que le concedamos el mismo final que a la familia Romanov. Aunque como la guerra siga así presiento que sus generales nos ahorrarán el trabajo.
No Rafa, pero la de estos en concreto hay que ponerla en relieve hoy día.
Rusia es un gran país sometido a devastación sistemática por parte de su clase dirigente. Es algo que sucede en los demás países, pero no al nivel que soporta Rusia. A principios de los años 90 toda la intelectualidad y la clase media alta de Rusia emigró, en general, a Alemania. Y 30 años después vuelve a favorecer el mismo flujo migratorio que beneficia a Alemania. El «milagro económico alemán» Wirtschaftswunder, se explica debido a la política de asimilación tras la espantosa época nazi que terminó con el colapso de la nación. El flujo migratorio antes de la construcción del muro benefició a la RFA, a principios de los años 90 volvió a beneficiar y en la actualidad, todos los intelectuales y la alta burguesía que ha podido largarse de Rusia ya lo ha hecho.
Aparte de dejar de depender de un estado tan retrógrado como Rusia, la UE haría bien en dejar fuera de la ley a cualquier partido (o país) que convierta al nacionalismo en bandera. Son otros tiempos. Ucrania, Polonia y Hungría, por ejemplo, no parecen formar parte del proyecto europeo. Más aún, los partidos de extrema derecha tampoco tienen cabida en el proyecto europeo. Deberían ser proscritos sin contemplaciones.
«El coronel Lazar Matvéiev, responsable de su unidad, lo apreció enseguida por su ética de trabajo y su integridad. Sobre todo, lo que más les interesaba era que no parecía un trepa que fuese a jugársela a sus superiores tarde o temprano.»
¡¡¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA!!! ¡Menuda vista tenía el coronel!
Tengo un amigo periodista ruso exiliado que suele mantenerme al día de los últimos chistes que circulan sobre las fobias de Putin al contacto físico y los gérmenes. Entre los motes más suaves están «el niño de la burbuja», «Howard Hughes», «Casper el Fantasma», o «Don Limpio»… El consenso general entre los rusos es que el abuelo chochea desde hace bastante tiempo y toma más pastillas que un turista inglés en Magaluf. Espero que sus generales le escondan el maletín nuclear cada vez que entra en su despacho.
Me imagino a Putin haciendo el amor con su mujer y debe poner la misma cara que una ardilla chupando un limón. Debe ser como acostarse con el señor Burns de Los Simpsons.
#PutinFollaComoUnaArdilla
#PutinAléjateDeLasVentanas
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