
Prueba de agudeza visual: ¿qué tienen en común estos nombres: Gaziel, Camba, Cunqueiro, Chaves Nogales, Pla, Xammar…? Sí, claro, por supuesto, es evidente que son nombres de grandes grandes periodistas españoles, pero además de eso son, de entre los integrantes del panteón de la literatura española del siglo XX, los que más recuperaciones y reediciones disfrutan. ¿Qué nos dice eso? Quizá que, contra el topicazo de que el periódico de hoy solo sirve para envolver el pescado de mañana, el periodismo aguanta mejor el paso del tiempo que otros géneros literarios como la novela, en la parte alta de la jerarquía de los géneros literarios.
De hecho, si tratamos de enumerar novelas de hace treinta, cincuenta o cien años que hayan sido festejadas con una nueva edición que las haya sacado del olvido, sería difícil citar ninguna (o al menos no se me ocurre ahora ninguna, aunque haya habido rescates que, a pesar de la calidad de la obra, pasaron sin pena ni gloria: se me ocurre Diario de Hamlet García de Paulino Massip o El mundo sigue de Zunzunegui). Quién sabe, a pesar del peldaño alto que en la jerarquía de los géneros literarios parece seguir teniendo la novela, si nos fiamos de la producción editorial y las mesas de novedades de las librerías y las páginas que les dedican en las anémicas secciones de cultura de los periódicos, se diría que eso solo les afecta a ellas, a las novedades editoriales: cuando se trata de escrutar el pasado y sacar de él algo que estaba esperando la mano de nieve que viniera a despertarlo, los periodistas —no solo los grandes nombres, también podríamos citar a Magda Donado, a Francisco Madrid, a Sirval— parecen gozar de mejor salud que los novelistas. Están más vivos: aguantan las reediciones. Si no, es difícil de explicar la batería de volúmenes con la que se recuperan o inventan libros de Julio Camba —de quien hemos podido leer libros que no llegó a componer como Constantinopla o Crónicas Parlamentarias—, Wenceslao Fernández Flórez —con su impresionante El terror rojo—, Chaves Nogales —éxito de crítica y público el estuche con sus Obras completas, a pesar de que no son ni la mitad de lo que debieran ser unas Obras completas después de que Yolanda Morató diera noticia de quinientas crónicas inéditas en español y publicadas en Brasil—, Álvaro Cunqueiro, Gaziel —de quien se han reunido sus Pláticas literarias y alguno de los volúmenes de los cinco que dedicó a recopilar su trabajo como cronista durante la Gran Guerra—, Josep Pla —del que se recuperó el dietario, más bien inane, Hacerse todas las ilusiones posibles y sus crónicas en la República de Weimar—, Xammar —con sus impresionantes Crónicas de Berlín.
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Sr. Bonilla, creo que, en lo que concierne a Chaves Nogales, su texto adolece de la afección común que exhibe todo el ‘conglomerado nebuloso Chaves Nogales’: ellos se lo guisan y ellos se lo comen… Y fingen ignorar que desconocen que, en el exterior del ‘suculento caladero’ al que afluyen pescadores de todo pelaje, suceda algo digno de mención.
Me parece poco creíble que Ud. ignore que alguien afloró las flagrantes meteduras de pata de la Sra. Morató en ese volúmen de ‘los descubrimientos’ del que Ud. escamotea el título y demás datos editoriales; que ignore que esa misma persona afloró artículos ‘brasileños’ que habían escapado al «meticuloso trabajo» de la susodicha; que Y. Morató debe una explicación de la fuente de la que tradujo aquel artículo que no se publicó en ningún ‘Excelsior’, en contra de lo que ella afirma en esas famosas Obras Completas/Incompletas de la ed. Gramendia; que esa misma persona de la que le hablo ha dado a conocer artículos de Chaves Nogales editados en cabeceras de las antípodas, Australia y Nueva Zelanda, y del extremo oriente, Hong-Kong…, que no constan en ningún repertorio…; en fin, que todo esto lo conoce hasta el Sr. Abelardo Linares…
Le despejaré cualquier atisbo de duda: ese alguien es quien esto suscribe. Mi tribuna, mi blog.
De lo publicado por Y. Morató, hice comentario en Oct2023; de nuevos artículos no censados, tanto en la prensa francesa (que se supone debería haber estado bien estudiada por los ‘especialistas’) como en otros ámbitos, al menos desde marzo de 2013.
Personalmente opino que ser intelectualmente honesto está al alcance de todo el mundo; y que estar al día es exigencia mínima para todo aquel que pretenda asentar opinión. A no ser que se trate de asentar opinión ‘torcida’…
A su disposición, F Caro