
Aproximadamente a las once menos diez del catorce de julio pasado quizá usted contuvo la respiración. Ese gesto involuntario, compartido por muchos en nuestro país, tuvo por gatillo el arco descrito por una esfera que iba dirigida con cierta inquina hacia un rectángulo formado por tres palos. En el centro del mismo, un chaval rubio ofrecía su frente al peculiar proyectil al tiempo que cerraba los ojos. Dejar de respirar y párpados caídos como punto de inflexión. El éxito y fracaso llevando al terreno de los hechos la física teórica del tiempo y el espacio. Ahí, en ese preciso instante, fue cuando recordé que soy pediatra. Se me hizo tiempo bala la vida, una excusa como cualquier otra para buscar un lugar tranquilo. Me dio por pensar en un virus, nuestro país y el significado de ser campeones de Europa.
El virus quizá le suene como esa canción que uno escucha en los altavoces de un coche al pasar y piensa que ahora todo parece reguetón. Por desgracia después de la pandemia somos una generación de virólogos con título obtenido en la escuela de la vida. Se trata del virus respiratorio sincitial (VRS para los amigos). Un virus que se autoexplica, como la palabra desayuno si nos detenemos a pensarlo. Este agente microbiológico provoca un cuadro fundamentado en la ocupación y conquista de las vías respiratorias. Desde la nariz hasta los bronquiolos, como si estuviera haciendo inventario de nuestra inspiración. Un poco de fiebre, un mucho de moco y a veces bastante de tos. Eso a usted y a mí, que somos jóvenes y lozanos, nos genera pequeña molestia. Nada que no se solvente con autocuidado y sentido común. El típico cuadro que con homeopatía dura una semana y sin ella nos molesta siete días (no olvidemos que la homeopatía es la medicina perfecta tanto para el sano y para lo que se cura solo). Pero claro, este virus no se vive igual ni desde la enfermedad ni desde las edades extremas. Y en una de esas fronteras, en la infancia en sus primeros meses, este amigo de ARN se luce con su apellido. A veces lo que uno trae de serie después del nombre no es solo aderezo.
Sincitial deriva de una palabra de origen griego (sincitio) que nos habla de unirse y compartir. En el caso de las células la formación de un sincitio nos indica que unas se han diluido en otras. El VRS, puesto que urbaniza la vía respiratoria, compacta las células que tapizan la autopista del aire. Tiene por objetivo crear una amalgama interesante para nadie salvo para los que buscan el mal. Como el Joker, pero en microscópico. Esto no solo provoca una alteración de la función, también deriva en una ocupación de espacio que obstruye y dificulta el paso del aire. Se sufre un atrapamiento progresivo de lo que se inspira hasta convertir los pulmones en globos que no cesan de hincharse. En el caso de los más pequeños se añade a esto la relación entre la edad y el calibre de la vía aérea. Los recién nacidos y lactantes se manejan con milímetros de tubería pulmonar. Así, esa suma de obstrucción y destrucción, no es que pueda ser una enfermedad grave para los lactantes, sino que puede convertirse en una enfermedad peor.
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Entiendo que este artículo es una respuesta al desafío de escribir un texto con las palabras virus, Dani Olmo y batman. Buen trabajo!
Fantástico artículo, lo he leído encantado.
Mi sobri fue uno de los que necesitó respirador «del espacio» en una de tantas ucis infantiles.
Maravilloso. Debería haber más artículos de Alberto García Salido en Jotdown. Gracias.