
Benjamí Villoslada (Palma, 1964) es un informático, empresario y divulgador tecnológico mallorquín. Cofundador de Menéame en 2005, ha desempeñado roles clave en el ámbito tecnológico, incluyendo su labor como director general de Desarrollo Tecnológico del Gobierno de las Islas Baleares entre 2015 y 2019. Actualmente, centra sus esfuerzos en Dentalpic, una plataforma que ofrece a los pacientes una segunda opinión permanente y confiable sobre su salud bucodental a través de fotografías intraorales.
Quedamos con Benjamí en las instalaciones de Lanzadera, la aceleradora de startups ubicada en Valencia, donde Villoslada y su equipo desarrollan Dentalpic. En este entorno de innovación y emprendimiento, conversamos sobre su trayectoria, los desafíos a los que se enfrenta en este nuevo reto empresarial y su visión sobre como la tecnología no está cambiando como sociedad. Y también hablamos de Menéame, la niña de sus ojos…
¿Cuál fue tu primer ordenador?
Mi primer ordenador fue un Altos Series 5 con Z80. Tenía tres usuarios en tres puertos serie con terminales «tontos». Era un Televideo 910 y un ADM3A. Trabajaba con esos dos terminales conectados al Altos. En otro modelo de Altos se desarrolló una parte importante del Unix. Eran máquinas multiusuario.
¿Con qué edad?
Con dieciocho años empecé a programar.
¿A programar en BASIC?
En BASIC. Estos Altos iban con el sistema operativo Oasis o MP/M, a elegir, ambos multiusuario. No tenían nada que ver con MS-DOS, que, de hecho, el IBM PC aparece cuando yo empiezo. Antes de eso estaban los Commodores, los primeros Apple II, que me gustaban mucho. Pero no eran multiusuario, y yo pensaba en software para empresas, donde diversos trabajadores trabajan en grupo con datos comunes.
Me cae la cosa de asesorar a alguien «porque a Benjemí le gustaban los ordenadores». Me pregunta un empresario, con el que trabajé luego, qué ordenador podría meter en su empresa, y le digo que un Altos Series 5. Yo no podía tener ordenador en casa; eran carísimos. Toqué el primero, aquel Altos, cuando me invitó a trabajar para él. Me di cuenta de que en los disquetes había fuentes de la contabilidad y de la gestión, e hice un curso de BASIC. Me dedicaba a programar y llevar la contabilidad, en ese orden; la contabilidad no era un reto para mí.
¿Trabajabas como contable?
Sí, me quieren fichar de contable y, como me gustan los ordenadores, el jefe dice: «Para entrar, vas a escoger un ordenador». Me compro una revista que era un tocho, un libro que se vendía en los kioscos, con todos los modelos de ordenadores, con todas las características, con todos los sistemas operativos. Se llamaba Guía del comprador de informática y la editaba Haymarket. Los que más me gustan, por las explicaciones que daban, son los Altos. Los Altos los vendía en Madrid TISA, que tenía un palacete en la calle Serrano. TISA era el importador de Altos. Y fue esto, un Altos Series 5 con un Z80 y tres terminales. Nosotros teníamos solo uno en el taller, que era el mío, pero podríamos crecer gracias a la tecnología. Estaba todo previsto.
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