Cine y TV

El Marruecos de Hitchcock: filmación de una filmación

Doris Day y Alfred Hitchcock durante el rodaje de The Man Who Knew Too Much, 1956. Fotografía: Paramount Pictures.
Doris Day y Alfred Hitchcock durante el rodaje de The Man Who Knew Too Much, 1956. Fotografía: Paramount Pictures.

Uno de los motivos por los cuales el libro de conversaciones entre François Truffaut y Alfred Hitchcock es irresistible es porque se trata de dos personas que conocen muy bien un oficio y hablan sobre él con la soltura y la simplicidad de los expertos. No hay teoría cinematográfica, no hay interpretaciones simbólicas complejas: se trata de conversar sobre películas y sobre los ladrillos en que se asientan, las escenas. Leyendo sus páginas, uno entiende que, para Hitchcock, el camino va de la escena a la trama y no de la trama a la escena. Me explico: muchas de sus películas tienen su génesis en la necesidad de filmar una escena particular, a menudo insólita y provocativa. A partir de ese momento, el realizador tiene que crear un mundo en el cual eso que sucede en la escena es verosímil. En Intriga internacional (North By Northwest, 1959, en España, Con la muerte en los talones), por ejemplo, Hitchcock cumple el sueño de que una forma «razonable» de matar a una persona sea llevarlo al medio del campo en un cruce de rutas y que lo ataque una avioneta, un disparate irresistible de ver. La escena es memorable y Cary Grant corriendo desesperado en el medio de la nada es una de las imágenes más icónicas de su carrera. La tarea entonces es construir una película en la cual la imagen sea posible en ese universo de la narración. Muchas veces, sir Alfred construye ese camino insertando otras escenas soñadas antes de tener la trama.

En el caso de El hombre que sabía demasiado la escena primigenia es la del intento de asesinato de un funcionario de un país inespecificado durante un concierto en el Royal Albert Hall, en Londres. El asesino va a disparar de un palco a otro, pero, para no llamar la atención, aprovechará un momento en que suenan al mismo tiempo los violines, los timbales y los platillos. El asesino memoriza el fragmento musical escuchando previamente un disco y sabe que tiene un instante único para disparar. En un mundo ideal, le dice Hitchcock a Truffaut, todos los espectadores sabrían leer una partitura y podrían recorrer el plano mostrando la notación, aumentando el suspenso a medida que se acerca la nota fatal. 

A Hitchcock la escena le gustaba tanto que hizo la película dos veces: La primera en 1934, en su etapa inglesa, antes de cruzar el océano y consagrarse como una figura pop en Hollywood; una película en blanco y negro y con actores ingleses. La otra fue veintidós años después, en 1956, ya consagrado mundialmente, en un rutilante color y con estrellas como Doris Day y James Stewart en los roles protagónicos. Le dijo a Truffaut: «Digamos que la primera versión es el trabajo de un aficionado talentoso y la segunda fue hecha por un profesional».

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*