
La obra de Héctor Abad Faciolince (Medellín, Colombia, 1958) conoce un antes y un después de la publicación de El olvido que seremos (2006), la narración del asesinato de su padre en 1987. Si ya tuvo una buena circulación el libro, más aún la tuvo tras estrenarse la película basada en él y dirigida por Fernando Trueba (con guion de su hermano David). No obstante, Abad Faciolince tiene en su haber más novelas editadas (otras las abandonó por diversos motivos). La más reciente de ellas es Salvo mi corazón todo está bien (2022), cuyo protagonista es un sacerdote aquejado de una enfermedad cardiaca que se ve obligado a cambiar de domicilio y convivientes, replanteándose el tema de la familia y el sentido de su propia vida.
Quedamos en un hotel frente a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), adonde el escritor ha venido formando parte de la delegación española, pues tiene pasaporte español y vive parte del año en Madrid. No se detiene a pensar las respuestas, pero las va elaborando de forma morosa y honda, cerrando a menudo los ojos para sacar de su interior aquello que va removiendo la entrevista.
Usted es autor de una obra amplia, pero realmente buena parte de su obra, o casi toda, queda eclipsada por el ineludible El olvido que seremos. ¿Qué relación tienen con él el resto de sus libros? ¿Sienten estos otros libros celos por El olvido que seremos?
Es curioso, nadie había dicho la palabra «eclipsada». Me parece acertada. Como que un libro se interpone y todos los otros quedan en la sombra. Y sin embargo, ese libro que se interpuso hizo que todos los otros no quedaran en la sombra, llevó a que muchas personas leyeran también esos otros. Solo por curiosidad de qué más había escrito el tipo que escribió El olvido que seremos. Y creo que de todas maneras siguen eclipsados, siguen en la sombra, pero al menos encuentran algún lector que por pura curiosidad se asoma a esos libros.
Yo creo que he escrito todos mis libros, los anteriores a El olvido, que fueron varias novelas y libros de cuentos y algún ensayo, y los posteriores, con la misma pasión, con las mismas ganas de no hacerlo mal, de tratar de encontrar una historia que a los lectores les interese, los involucre de algún modo. Pero solo de vez en cuando eso pasa con tanta fuerza. ¿Por qué habrá ocurrido? No sé, tal vez por la materia tan íntima de El olvido que seremos, y tan dolorosa también.
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Excelente entrevista. En ella Héctor Abad habla del misterio del soneto encontrado en el bolsillo de su padre asesinado. Parece imposible que un soneto tan perfecto y tan borgiano no sea de Borges. Pero, por otro lado, es muy difícil explicar por qué Borges no lo hubiera firmado y sobre todo cómo llegó al lugar donde fue encontrado. O que un imitador genial de Borges lo hubiera escrito y se lo hubiera mandado al padre de H.A.F. atribuyéndoselo al amigo Jorge Luis.
En cualquier caso, el soneto debería haberse citado en la entrevista, por lo menos en nota:
«Aquí. Hoy
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.
J.L.B.»