
Hace veinticinco años del estreno de Malcolm in the Middle en la Fox, con gran éxito de audiencia. La serie comenzó a emitirse en España al mismo tiempo, pero los programadores quizá no comprendieron su contenido, y el horario infantil de fin de semana no favoreció una difusión más regular, sin la habitual sucesión de repeticiones de episodios y saltos de temporada.
Con su formato de apenas veinte minutos por capítulo, tramas que se engarzaban a toda velocidad y un humor bárbaro, Malcolm es lo más parecido al planteamiento de series animadas como Padre de familia que se ha realizado con actores de carne y hueso. Es una mirada de humor negro, desternillante, sobre la niñez, que se interpreta como campo de batalla en el que se lucha contra los mayores y los mayores luchan contra todos. Aquí no se trata de una familia disfuncional: esta es, sencillamente, la Familia Caos. De hecho, en Malcolm apenas se usa el apellido (Wilkerson), para incidir más en esa sensación de derribo. Todos se conocen por su nombre de pila, al estilo de los dibujos animados: Hal, el padre buenazo e inmaduro, y Lois, la madre más controladora y furiosa que ha dado la ficción televisiva. Los cuatro hijos (más bebé posterior) son una colección de criminales en potencia, capaces de causar las mayores catástrofes en la casa o el colegio. Pero el protagonista, Malcolm, además de ser el mediano, es la excepción. Es quien rompe la cuarta pared y se lamenta a cámara durante toda la serie de la calamitosa vida que sufre.
Las peripecias de este grupo asocial son salvajes y terriblemente divertidas. Fueron escritas con inteligencia por su creador, el guionista Linwood Boomer, quien ya había dado muestras de su talento en otras sitcoms, como la excelente Cosas de marcianos (1996-2000). Cuando supimos que el escritor había sido actor de adolescente y encarnó a Adam Kendall, el marido de Laura Ingalls en La casa de la pradera, imaginativa y dulzona visión acerca de la vida de los pioneros, quisimos ver en nuestra mente retorcida una revancha contra Michael Landon.
Malcolm es un niño superdotado que se avergüenza de su familia y no soporta a sus compañeros de clase. El desprecio de Malcolm hacia el mundo tiene un trasfondo muy complejo y nuestra idea del personaje va cambiando conforme avanzan los capítulos: de niño adorable e incomprendido a ser repelente, como sacado de un relato de J. D. Salinger. Pero es que su familia es de las que marcan, y no como podrían hacerlo unos Glass. Viven en una casa por la que parece que ha pasado un tornado y en cada capítulo sucede una crisis resultado de una enorme gamberrada, conflicto surrealista o excursión que se complica hasta el delirio, como en la mejor screwball comedy.
Pero si las tramas son excelentes, en la construcción de cada personaje es donde Malcolm está por encima del resto de productos de entretenimiento. Bryan Cranston (para mí, siempre será «el padre de Malcolm», no el Walter White de Breaking Bad) y su impresionante despliegue de recursos como comediante físico, junto a la actriz Jane Kaczmarek, forman una pareja difícil de superar, una relación amor-temor-odio-devoción. Los chicos, desde Francis, el mayor, recluido en una institución militar que termina casado con una nativa de Alaska, al pequeño y muy inquietante Dewey, pasando por el matón oficial Reese, son inolvidables.
Como lo es el plantel de secundarios —el pretendiente de Lois en el supermercado, el amigo de Malcolm en silla de ruedas y con asma crónico, o mi personaje favorito, la madre de Lois, una anciana con carácter horrible de algún lugar de Europa del Este que mantiene extrañas tradiciones como venerar a un ídolo demoníaco. ¿Han visto en alguna serie que una abuela pierda la pierna, la entierren con un funeral y al final se la coma un perro? ¿O que los chicos prendan un cohete ilegal para el 4 de julio llamado «Komodo 2000», se haga de noche con la explosión y queden ciegos varios días? Pues eso y mucho más es Malcolm.








La madre de Lois, una anciana con carácter horrible de algún lugar de Europa del Este…Canadá
Totalmente de acuerdo. Serie genial e infravalorada. Y en efecto, para los que vimos la serie, Cranston siempre será el padre de Malcom (y dentista en Seinfeld), mucho más que ww en brikinbá. La madre, también una actriz extraordinaria y los chicos… basta verles las caras para echarse a reir.
Desde que «Parker Lewis can’t loose» acabó su trayectoria, había quedado huérfano de series sobre adolescentes con mala leche y mucho talento. Afortunadamente, con «Malcolm», se vieron superadas mis expectativas. Para mí, serie cumbre.
La horrible abuela es Frau Blücher, el ama de llaves siniestra en El Jovencito Frankenstein.
Adam Kendall, era el esposo de Mary Ingalls
Maravillosa, brillante, genial y desternillante serie que nunca aparece en ninguna lista de mejores series, ni en ningún top 10 ni nada. Incomprensible.
Para mí Bryan Cranston también será siempre el padre de Malcolm; a pesar de ser indondicional admirador de Breaking Bad y de Vince Gilligan , pero es que Malcolm es insuperable.
Cheers