Cine y TV

Event Horizon: una metafísica oscura

Sam Neill en Event Horizon. Imagen Paramount.
Sam Neill en Event Horizon. Imagen: Paramount.

Una forma de rendir homenaje a Sam Neill, actor neozelandés de gran versatilidad, fallecido en fechas recientes a los setenta y ocho años, puede ser mediante la reflexión sobre una de las películas en las que intervino y que tuvo un tono diferencial muy característico en contraste con otras producciones, tanto del cine como de la televisión, en las que sus dotes sobre las tablas se pusieron de manifiesto. No se trató, en el momento de su estreno, de un filme que cosechase demasiado éxito comercial, pero, como en ocasiones ocurre, esta película, con el paso de los años, empezó a ser apreciada en su forma y su fondo, tanto por su puesta en escena como por el subtexto o el mensaje que emanaba de ella.

Event Horizon (que en España recibió el título de Horizonte final, no demasiado desacertado pese a no ser una traducción literal si tenemos en cuenta la moraleja que pretende trasladar la película) se estrenó en cines en 1997 bajo la dirección de Paul W. S. Anderson y entre sus intérpretes estaban dos claros protagonistas: el capitán Miller (Laurence Fishburne) y el doctor Weir (interpretado por Sam Neill), quien, con el devenir de los acontecimientos, se revelaba progresivamente como el responsable de todo lo que iba a suceder. El argumento relataba un viaje interestelar para tratar de localizar una nave (la Event Horizon) que, de camino a Próxima Centauri, había desaparecido misteriosamente hasta que, siete años más tarde, volvió de la nada y apareció como un buque a la deriva en el espacio, cual Holandés Errante. Se contaba únicamente con un mensaje enviado en soporte audiovisual por la tripulación de la nave antes de desaparecer, que parecía dañado y solo permitía escuchar algo similar a gritos y algunas palabras, pero no ver imagen alguna. Weir, como miembro de la expedición de rescate de la nave, explicó a sus compañeros de travesía que él era el responsable de un nuevo sistema de viaje, implementado en la Event Horizon, que permitía recorrer distancias inimaginables en un mínimo espacio de tiempo a través de la generación de una especie de agujero negro en el motor, que permitía plegar el espacio-tiempo entre dos puntos, de modo que, al unirse estos dos puntos en un mismo plano, se habilitaba un desplazamiento casi instantáneo entre ellos.

El problema —que Weir, en hipótesis, desconocía, y hablo de hipótesis porque más adelante puede llegar a pensarse que sí estaba al tanto— es que, en ese espacio intermedio entre los dos puntos, en esa realidad desubicada del universo que se cruzaba artificialmente, no se sabía qué podría haber, si es que ahí había algo.

Y, de hecho, sí lo había. Porque la nave que volvió a aparecer tras siete años perdida había estado en ese punto intermedio de la realidad y no volvió igual. Era como una especie de ser vivo, orgánico, maligno e inteligente, que actuaba bajo unas reglas que el ser humano no podía entender, hasta el punto de que el mero contacto con esa realidad intermedia llevaba a la completa destrucción moral y física, a lo que se podría denominar el caos. Desde la perspectiva cultural tanto de los anteriores tripulantes de la Event Horizon (una vez que el mensaje grabado se pudo ver en toda su atrocidad) como de los miembros de la misión de rescate, se consideró que la nave había estado en el infierno.

Weir se hizo uno con la nave, en una especie de posesión, se arrancó los ojos y renació como un ser que participaba de la maldad de aquella dimensión intermedia, con la finalidad de expandir aquel mal de forma indefinida, como si esa dimensión retorcida reclamase absorber la que percibimos como real por ser acorde con las leyes de la física. Tras un literal (y visceral) exterminio de prácticamente toda la tripulación, el capitán Miller consiguió hacer explotar la parte de la nave en la que se ubicaba el núcleo y en ella quedaron Weir y él mismo, entrando ambos en aquella dimensión oscura y desapareciendo, evitando así que tal mal se propagase definitivamente, o, al menos, eso parecía.

El trasfondo de esta historia de terror es interesante porque plasma un concepto filosófico muy conocido, pero desde un prisma distinto. Se trata de una visión de la metafísica (esto es, de la verdadera esencia de la realidad sensible) desde la perspectiva de la oscuridad. Porque, en efecto, esta película pone sobre la mesa la existencia de una realidad subyacente a la que se percibe por los sentidos, pero, a diferencia de ciertas líneas de pensamiento que consideran que la esencia de la realidad física es mejor aún que su mero reflejo y de naturaleza luminosa, en este caso no se descarta que esa verdadera naturaleza apunte en otra dirección.

Desde el pensamiento, esta película recuerda en gran medida a las tesis de Philipp Mainländer y su Filosofía de la redención, conforme a la cual el sustento de la realidad es el caos absoluto, una desintegración o muerte —voluntariamente asumida— del ser superior que originó el universo, siendo este fruto de un primer acto destructivo que hace que todo el movimiento de la realidad esté abocado a su propio fin, en un camino hacia la inexorable desaparición, hacia la muerte.

No se trata, por lo tanto, de una dimensión maligna o infernal, sino de una esencia de las cosas diferente de los parámetros con los que la vida se desenvuelve en la realidad práctica y que se orienta hacia su natural fin. Se ha dicho que se trata de una filosofía fatalista porque se centra más en el final de la existencia que en su propio camino vital, pero no deja de ser un punto de vista también merecedor de estudio, porque la desaparición de la realidad tangible es un hecho incontrovertido —la muerte no admite ni discusiones ni excepciones—, y los motivos por los que esto sucede —quizá elevados o simplemente incomprensibles porque escapan al razonamiento— pueden obedecer a una fundamentación ilógica desde lo humano, pero no por ello inexistente en sí misma y sustentada en motivaciones que, por no entenderlas, no dejan de materializarse. Aquello que es caótico desde la perspectiva humana tal vez no lo sea desde otros puntos de vista distintos. La redención, para Mainländer, consiste en asumir esta circunstancia.

También el nexo de esta película con lo literario resulta evidente, en especial con los relatos de Lovecraft, al dejar entrever —pero sin llegar a mostrarlo nunca— aquello que habita en otro plano y que es el responsable original de un caos y un horror que se reflejan en la realidad. Se ven las consecuencias de esa inteligencia, de ese ser, pero no se ve al propio ser, porque está más allá de la capacidad de comprensión del ser humano.

Y, si se quiere, es factible extraer incluso una conclusión jurídica de esta película. Las normas, las leyes, como creación humana, presentan una realidad práctica, pero su trasfondo, su verdadera razón de ser, el motivo auténtico por el cual esas normas han nacido, no siempre se revela y solo aflora en la realidad cuando los resultados de la aplicación de esa ley están indiscutiblemente alejados de lo que entendemos por justicia. Una ley que genera un resultado injusto obedece a que la realidad que hay tras ella (la metanorma, la intención de quien la creó) muy posiblemente no responda a los intereses generales que deben sustentarla.

Decía Sam Neill, en una de sus citas más reseñables, que «hay que tener cierta inocencia para entender la oscuridad». Tal vez la mente más abierta, la visión más precisa de las cosas, requiera asimilar que nuestra comprensión, en relación con los motivos verdaderos que pueden explicar la realidad de la vida, de la muerte, de la ley, en muchas ocasiones es la de un niño mirando al infinito.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*