
Este artículo ha obtenido el primer premio del concurso DIPC de divulgación del evento Ciencia Jot Down 2015
Van siendo cada vez más conocidas las similitudes entre la famosa magdalena de Proust y el más famoso todavía perro de Pavlov. También se ha escrito sobre la relación del perro de Pavlov con la tolerancia a las drogas, el café, y los refrescos, por poner algunos ejemplos recientes. Podríamos incluso destacar la importancia de Pavlov, y toda la investigación posterior que siguen generando sus propuestas, en el tratamiento de desensibilización de los niños alérgicos, así como, de forma más general, en el condicionamiento de la función inmunológica. Son solo algunos ejemplos de la importancia del trabajo pionero de Pavlov y su influencia posterior en la psicología y fisiología. Lo cierto es que Pavlov fue galardonado con el Premio Nobel en 1904 y a día de hoy está en todas partes. Solo hay que mirar la realidad con un poco de cariño, e ir un poco más allá del detalle de que el perro salivaba al escuchar el sonido del diapasón y preguntarse por qué salivaba, ¿qué era lo que realmente llamó la atención de Pavlov?
Si el perro saliva es porque ha pasado por un proceso de aprendizaje. Los perros no nacen salivando ante sonidos. El perro que saliva ante un sonido ha tenido que aprender antes que ese sonido predice comida. Y esto es un tipo de aprendizaje complejo y vital. El perro, al igual que los humanos y los demás animales, aprende a predecir lo que ocurrirá a continuación fijándose en señales sencillas de su ambiente que han sido bien condicionadas. Y una vez que el animal entra en contacto con la señal, predice que va a recibir comida, y se ponen en marcha de manera inmediata, y sin requerir el control voluntario, las primeras fases del sistema digestivo, la salivación en este caso, preparando al organismo para recibir la comida. Es así de sencillo y así de bonito. Aprendemos a predecir nuestro entorno, y nuestro organismo se anticipa respondiendo adecuadamente a los eventos ambientales que están por llegar. Se adapta al ambiente anticipándose a él. Esta capacidad de aprender a predecir lo que ocurrirá a continuación es muy valiosa en la vida de cualquier animal, también en la especie humana. Un organismo que no sea capaz de aprender a predecir los eventos importantes de su entorno y prepararse adecuadamente para ellos morirá joven. Como es lógico, además, la respuesta anticipatoria del organismo no será siempre la salivación, sino que se adaptará a la perfección a lo que el organismo espera que vaya a ocurrir. Si fuera un estímulo doloroso en lugar de alimento lo que el organismo espera que ocurra tras una señal determinada, se pondrá en marcha una reacción de miedo condicionado que hará que se produzca inmediatamente una respuesta de huida. Y lo mismo para otros estímulos biológicamente significativos (estímulos sexuales, frío, calor, drogas, medicamentos, cobijo, etc.). Todos ellos producirán una respuesta del organismo que, de manera automática, se anticipará a la llegada del estímulo biológicamente significativo utilizando para ello señales del ambiente que ayudarán a predecirlo gracias al proceso de condicionamiento clásico o pavloviano. Ejemplos de este proceso son, como mencionábamos al principio, la felicidad que evocaba la famosa magdalena de Proust, y, también, las reacciones de tolerancia a las drogas. Y tantas, tantas cosas.
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Y además en verso
aqui ya doblan la apuesta y predatan en unos 400 años (1240 aprox.) la intuicion sobre los reflejos condicionados, en unos sermones de Jaques de Vitry:
http://web.stcloudstate.edu/gcmertens/behavioral_prin/BehavioralPrinciples-ClassicalConditioning.htm
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