
El buen lector sabe que no tiene sentido buscar la vida real, la gente real y demás, cuando se trata de novelas (Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea, Ed. RBA, Barcelona 2012).
Estaba desayunado tranquilamente y me ha asaltado esta pregunta. Y cuando digo que me ha asaltado me refiero a que ha aparecido sin llamar, entrando a trompicones, con muy mala educación, que se ha plantado delante de mí con una chulería insultante y me ha gritado: «¡Eh, tú, contesta, a ti te pregunto!».
¿Qué se puede hacer con ese tipo de preguntas? Nada. Uno ya no puede ni acabar su desayuno. Son preguntas muy irritantes y muy impacientes. Pero no se manifiestan por las buenas, como los fantasmas furiosos, si se aparecen en un lugar y en un momento es siempre porque tienen un buen motivo para hacerlo.
En este caso el culpable he sido yo, como suele pasar, que los he invocado sin saberlo.
Hace muy pocos días ese médico inhumano que va destapando las miserias humanas llamado Javier Cercas, volvió a meter el dedo donde más duele mientras risueñamente comentaba, con su sarcasmo y mala leche acostumbrada: «¿Nota usted un pequeño malestar? Bueno, eso es bueno. Eso es que usted aún está vivo».
«Como sigas así, Cercas, te van a meter en la lista de fusilables», pensé en un primer momento, llevado por un arrebato de odio irracional. Pero luego me calmé y recordé que ya no meten a nadie en la lista de fusilables, que eso eran cosas del pasado. «¿Para qué enviar tropas si se puede mandar a la troika cada mes?», se preguntaba recientemente Varufakis. Pues bien, aquí es lo mismo, para qué fusilar o meter en la cárcel a un intelectual molesto, con no leerlo basta. El buen censor sabe que la mejor censura es siempre la invisible. El poder siempre ha sabido dos cosas: cuándo abrir la mano y tenderla a modo de saludo y cuándo cerrarla y utilizarla como puño. Pero además, el poder, y los censores del poder, saben también otra cosa, lo han sabido siempre, del mismo modo que el perro del vecino y el matón del colegio huelen tu miedo, saben que a la gente no le gusta la verdad, que a la gente le gusta engañarse, que la gente, con su debilidad humana, son sus mejores aliados.
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Habrá que echarle un ojo a ese libro de Cercas…
Pd: como historiadora dire que leo novela historica aunque tb leo comics de superheroes.
He intentado leer tu artículo pero te sobran rodeos y te falta contenido.
Suscribo… Muchas vueltas, para llegar a lo obvio…
Pues a mí no me sobra ni una coma.
Más o menos como el mismo libro que ensalza hasta el infinito, «El impostor», donde Cercas se va por los cerros de Mauthausen durante 400 eternas páginas.
La hitoria no es física, ni química ni matemáticas, como ciencia humana o social no es exacta, y los historiadotres tampoco tienen instrumentos d medida inapelables, pero estoy de acuerdo que la memoria, siempre subjetiva aunque respetable, no puede suplantarla.
En cuanto a la novela histórica, una forma boba de leerla es para aprender historia en lugar de para disfrutar de una novela. Es la diferencia entre verdad (o mejor verdades, siempre provisionales) que busca la ciencia y verosimilitud, obligación del novelista
Terminé de leer el artículo y todavía sigo preguntándome si los historiadores deberían leer novela histórica.
No me agrada especialmente Cercas, pero aconsejo por su valor literario, histórico y el afán por crear algo nuevo la novela «La conjura contra contra América» de Roth, donde se crea un «qué hubiera pasado si…», en este caso EEUU no hubiera respaldado a los ingleses contra los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Magistral.
La historia – la que se aproxima a la ciencia – te muestra la mecánica de las acciones. La novela – el arte – te puede mostrar la fuerza impulsora, el alma de las acciones.
Falta alguna referencia a la dimensión narrativa del «relato histórico», en la línea de Hayden White, creo yo.
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Si, un poco de vueltas sí que le da… jeje. Yo creo que en esta vida pocas cosas son blanco o negro, un sólo dato ficticio no creo que convierta una historia real en una historia de ficción. Lo importante es saber lo que uno está leyendo, y que en una novela histórica obviamente no toda la historia es real; normalmente el escritor se basa en un contexto histórico para desarrollar una historia que, según el caso, puede ser más o menos real.
Creo que de una novela histórica la parte más real, y de lo que yo más busco aprender, es el contexto histórico; la historia que cuenta, según la novela, puede ajustarse más o menos a la realidad.
Las novelas históricas son sólo pasado distópico. Fantasía disfrazada.