Arte y Letras

El amor por el mal y viceversa

Imagen: DP.
Imagen: DP.

Me contó un hombre que relataba unas historias estupendas que durante sus años mozos en París le llamó la atención observar cómo, en los urinarios públicos, había de vez en cuando señores echando trozos de pan por el suelo. Se preguntó si sería con el noble propósito de dar de comer a las ratas, lo que ennoblecía enormemente al ciudadano francés, hasta que le dijeron que no: que se trataba de coprófagos. Los tíos echaban mendrugos de pan por el suelo de los baños para ir a recogerlos dos días después. Bien impregnados en orines, como los pastelitos llamados borrachos, se los comían en plan Saturno devorando a sus hijos de nuestro Francisco de Goya.

La verdad es que nunca he dejado de pensar en estos coprófagos parisinos. La razón es sencilla: me daban envidia. Alcanzar el éxtasis con tan poco. Qué suertudos. Me siento como Richard Burton en Equus. Ya saben, la película de Sidney Lumet sobre un chico al que de niño su madre le machaca con la figura de Jesucristo. Luego su padre, harto, retira el retrato de Jesús de su habitación y pone un ordinario cuadro de caza con un caballo en primer plano. Pero el chaval siguió rezando en la misma postura y en la misma dirección, obviando que el contenido del retrato había cambiado, hasta desarrollar una especie de religión nueva y personal en la que el objeto de culto eran los caballos. De mayor esto le ocasionó algún que otro problema que dio con su culo en el diván del psiquiatra, que era el aludido Richard Burton. Digo que me siento como él, porque en un momento del tratamiento se cuestiona todos sus principios y rompe a gritar (aproximadamente): «¡Pero por qué tengo que curarlo! Cuando está desnudo montado a caballo por la noche siente que… ¡está follando con su Dios! ¡Sexo con Dios!». Era cierto, ¿para qué quería ser normal ese chico? ¿Para hundirse en la rutina del matrimonio como su psiquiatra y despertarse todos los días sin ganas de vivir?

Pero estoy equivocado. No es tan fácil como parece. El señor que unta panecillos en pis está desafiando un esquema de valores que es de todo menos sencillo. Y para que el niño de Equus folle con Dios hace falta, primero, toda la religión cristiana desde que se vuelve organizada y su confrontación, segundo, con los valores emanados de la ilustración —el padre—. O sea, que no se puede hacer el experimento en casa porque le da a uno la gana. No puede uno ponerse a comer sus heces a ver si se le ponen los ojos en blanco del gusto ni rezarle a las bombillas para sentir que te la chupa el demiurgo cada vez que alguien da la luz. En cada acto, llamado o mal llamado de perversión o transgresión, necesitamos a toda la sociedad en su conjunto para que baile con nosotros.

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10 comentarios

  1. Pingback: El amor por el mal y viceversa

  2. Muy buen artículo, aunuqe quizás decir que la personificación del mal en un individuo, en un nombre, es ciertamente una banalización de un proceso psicológico que implica a la humanidad entera. Pues en última instancia, más allá de lo biológico o genético, el ser humano actua según su pensamiento, y este es fruto de mil y una influencias, y por tanto fruto de un proceso participativo del que todos formamos parte, desde un supuesto Adán y Eva, hasta tu o yo, ahora mismo. Habría tanto que decir, tal vez siguiendo este hilo recomiendo un libro al respecto, simple y profundo a la vez, una ojeada en htpp://goo.gl/ktqYFq para investigar inteligentemente la naturaleza del conflicto, tan cercana a nuestro pensamiento que no se puede distinguir de nosotros mismos.

  3. La historia esta plagada de hombres y mujeres cuya dedicación es el engaño, son los del camino de los santos, del bien, son mas arteros pues el bueno da confianza seguridad, sus escritos nos guían, nos conducen a lugares de imaginación imposibles, los libros donde el dolor y la flagelación son sinónimos de redención doblegan las estanterías de todas las bibliotecas, el mal y el bien que es humano como todo,hasta los milagros es un negocio de los más lucrativo.

  4. Estupedo artículo, en el que se une, en algunos casos misticismo con perversión. Me ha recordado un libro de relatos eróticos y de fantasía, en el que aparecen algunos genuinos representattes del Mal, así, con mayúsculas. Se trata de «Historias al calor del brasero», de M. du Lac. Por si alguien se interesa está en Amazon.

  5. Tambien existen los descerebrados que se excitan matando animales en grupo. El Toro de la Vega es un ejemplo de la barbarie humana. Si está en desacuerdo, les dejo un link para nfirmar para que se acabe de una vez este disparte:
    https://www.change.org/p/a-los-legisladores-solicito-se-anule-el-festejo-del-toro-de-la-vega?recruiter=17768832&utm_source=share_petition&utm_medium=email&utm_campaign=share_email_responsive

    Muchas gracias.

  6. ¿Conoces la película Martirio? Creo que te gustaría.

    http://www.imdb.com/title/tt1029234/

  7. Julián Nobsa

    El cierre es con broche de oro, la subjetividad de los gustos, placeres y creencias siempre será la barrera para juzgarlos, ésta debe basarse en la trasgresión de los derechos de los otros, entiendase por otros cualquier ser que sea susceptible al sufrimiento.

  8. ¡Gracias!

  9. alguna bibliografía para ahondar sobre este tema?

  10. Pingback: La industria cultural y el oscuro reducto de la condición humana - Jot Down Cultural Magazine

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