
Cuando era pequeño había algo que me ponía enfermo. Como nunca fui el más fuerte del recreo, ni el más chulo de la clase, las tortas solían caer con frecuencia. Y es que claro, cuando te sacan dos cabezas es imposible. Pero hay días en que la paciencia llega a un límite. Alcanzado ese punto, apretaba los dientes, cerraba los puños con fuerza y lanzaba lo que en mi mente parecía ser el puñetazo con el que Goku atraviesa el pecho de algún enemigo. Pero la realidad es que, en lugar de lamentos y gemidos de dolor, lo único que escuchaba eran las carcajadas y una frase lapidaria:
—¡PEGAS COMO UNA NIÑA!
A la mierda la autoestima. Nada de pegar como Goku, no. Pegas como una niña, qué cosa más humillante. Se creaba un vacío que necesitaba ser rellenado con urgencia. Y entonces llegaron ellas. Tres niñas pequeñas que repartían guantazos a diestro y siniestro. Que volaban y podían lanzar rayos por los ojos. Que levantaban edificios como el que levanta la alfombra para meter la basura que ha estado barriendo, Las Supernenas.
Recuerdo que cuando la vi por primera vez no era demasiado fan. Con la edad que tenía me tomaba muy en serio mi hombría, y si alguien se enteraba que veía una serie de niñas, mi reputación se habría ido a tomar por saco. No obstante, la «aguantaba», porque la emitían entre medias de El laboratorio de Dexter y Johnny Bravo, durante la edad dorada de Cartoon Network. Poco a poco, sin embargo, fue germinando la semilla. Pronto dejé de verla con resignación para adentrarme de lleno en sus tramas. Empecé a recitar de memoria la intro del narrador (aquello de «azúcar, especias y muchas cosas bonitas…») y, finalmente, supe que la serie me había conquistado cuando elucubraba sobre el devenir de las chicas en los próximos episodios.
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Oh, las diferencias de traducción. En América son Las Chicas Superpoderosas, Burbuja, Bellota y Bombón. Las veía con una prima menor y no me emocionaban mucho, pero sí me gustaba su sentido del humor. Saludos.
Qué apropiado… tú peleas como una vaca…
Tú más…
Al hilo de las diferencias de traducción, siendo «puff» hojaldre, yo siempre las vi como muñecas de jenjibre con superpoderes, no como chicas, y al Doctor más como un cocinero loco del tipo que hace esferificaciones con chorizo.
Perdón: jengibre.