
Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966) es uno de esos autores difíciles de catalogar. Viviendo entre el periodismo y la literatura, cautiva a sus lectores con una poesía desgarrada de sus propios miedos y pasiones, novelas que han traspasado fronteras dando el salto a la gran pantalla, libros de relatos galardonados con reconocidos premios, jugosas colaboraciones en la prensa nacional y viajes, muchos viajes narrados en su obra. Su último libro de relatos, Tanta gente sola (Seix Barral, 2009), contiene guiños a Borges y Perec entre otras sorpresas. El autor nos cita en un pintoresco bar de Sevilla durante una soleada tarde de julio, como si de un nuevo cuento se tratase.
Resulta difícil concretar qué género literario predomina en el conjunto de tu obra compuesta por poemas, relatos, artículos de opinión y novelas. En ese sentido, y si me permites parodiar a Jonathan Franzen, ¿quién es Juan Bonilla?
Empezamos fuerte (risas)… Estaría bien cambiarle el tiempo verbal a la pregunta, situarnos en el año 2055 y preguntarnos quién fue Juan Bonilla. Seguramente seré un escritor menor, por el que se interesaron cuatro profesores de Houston o de una ciudad parecida, apenas reeditado y al que alguien, asiduo a las librerías de viejo, a lo mejor alguna vez descubre, se lleva una grata sorpresa y empieza a investigar. Con que le alegre unas cuantas tardes, unas cuantas veladas, unas cuantas noches, con un poema que le diga algo, que le resulte potente o algún cuento que se le quede en la memoria estaré satisfecho.
En muchas de tus obras hay referencias a autores que de alguna manera te inspiraron y nos han servido a tus lectores para descubrirlos, como por ejemplo Georges Perec. ¿Cuáles son tus autores clásicos favoritos o que te han inspirado más?
Tengo una especie de faro al que me prohíbo releer demasiado porque noto que su influencia es excesiva y me hace escribir como él. A mi edad uno debería tener una voz propia, buena o mala, pero propia. Hablo de Nabokov; siempre que lo releo me deslumbra, creo que realmente no se puede escribir mejor, que no se puede llegar más lejos y con tanta potencia. Y luego tengo temporadas. Tuve una temporada de ser borgiano acérrimo y de repente, supongo que porque empezó a interesarme más la vida que la literatura, Borges empezó a decirme menos cosas, aunque sigo reconociendo que tiene una prosa muy personal y que puede ser muy perjudicial con ciertos soniquetes que te acaban viciando. En el terreno de la poesía me gustan mucho más aquellos poetas que se dedican a decir cosas que aquellos que se dedican a decir cosas bonitas. Pessoa, por ejemplo, me parece un poeta inmenso, de ésos que te bloquean. Y últimamente esta autora polaca a la que le han dado el Nobel, Wisława Szymborska; tiene poemas impresionantes. Me doy cuenta de que la poesía es justo lo memorable, que uno diga “esto no lo he encontrado en otra parte y este autor ha dicho algo que yo de alguna manera necesitaba que fuera dicho». Luego hay autores que me gustan mucho aunque no han dejado huella y autores que sin gustarme tanto seguramente sí han dejado huella en mi obra. Inevitablemente uno es hijo de quien fue, del adolescente que fue, y autores que hoy no me dicen nada como Herman Hesse o Martín Vigil, por decir un disparate, van mentando quién eres. Ese estilo de Herman Hesse de contar cosas importantes para el alma y el espíritu seguramente creó un poso en mí que me impide dedicarme sólo y puramente a frivolizar. Y no digo que eso sea bueno, digo que es así.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Enorme autor, pero una entrevista demasiado formal o fría. No transmite.
Excelente entrevista y excelente escritor. Enhorabuena a los responsables por tener unos contenidos tan amenos e interesantes.
Bonilla me ha parecido siempre un escritor de relatos muy entretenido, ahora gracias a esta entrevista me parece también un tío la mar de lúcido.
Lo que refiere sobre Bukowski a cuenta de la literatura juvenil es muy certero.
No es objeto de la entrevista dar una visión sobre su idea del existencialismo y/o nihilismo pero ya que los menciona me parece que Bonilla toma una postura nada critica sobre estos asuntos y demasiado frívola acerca de sus consecuencias históricas. El tratamiento que parece darle a la figura del «Supermán» poco tiene que ver con los «valores morales» de nuestro tiempo.
Aparte de eso parece un tipo con las ideas claras y me sorprende lo fácil y contundente que responde a preguntas complejas.
Totalmente cierto el último parrafo. Todos en general pero el último mas si cabe. Aqui se fomentan más las papillas televisivas que la diversión matemática.
Me gusta eso de que el futuro del libro digital es el libro de papel. Voy a adoptar esa frase.
La única vez que leí a Bonilla fue hace unos quince años, cuando se le consideraba la gran esperanza blanca de la literatura española. Publicó «Nadie conoce a nadie» y corrí a leerlo. Dejando aparte el tema, estaba escrito de una forma churrigueresca hasta la náusea. Cada frase parecía reescrita para hacerla la más recargada posible, con subordinadas hasta el infinito, sobredosis de adjetivos, palabras sonoras para hacer «bonito»… Por si fuera poco, había un montón de palabrería que no venía a cuento, y que se notaba mucho que era un copy-paste: trozos de algún artículo, otro cuento, una reflexión de wáter, de cuya existencia se había acordado y que embutía en el texto sin preguntarse por qué ni para qué.
En resumen, que mi primera experiencia Bonilla fue tan barroca que no me apeteció repetirla. Ahora me entra curiosidad por saber si ha seguido en ese plan (tal vez se refiera a esa época con lo de «temporada borgiana»), o si ha abandonado la idea de que para decir algo serio hay que emplear las metáforas de Góngora.
Curioso este señor, al que no conocía de nada, echando pestes por lo bajini de un inmortal como Cela, del que he leído todo. Tiene mucha información que no le sirve de nada y muy poquita humildad.
Ya te digo. Para hablar de Murakami tendría que leerle más y lavarse la boca con jabón.
Magnífica entrevista.
Siempre me ha gustado Bonilla, sus cuentos y sus poemas. Esa visión diferente, esa distancia que él mismo reconoce cuando dice que no sabe quienes son sus lectores y no son ellos por los que escribe. Sin embargo, transmite muy bien, o tal vez sea la capacidad de aflorar lo que está en el lector.
Interesante reflexión sobre la literatura juvenil. Sin embargo, aunque lean cosas como Crepúsculo, cuando veo a adolescentes con un libro en la mano, siento que aún hay esperanza.
Juan Bonilla, el escribano del vitíligo.
Pistas:
El modo en que hace entender que ha entendido a Nietzsche. No se ha enterado de un carajo. Y encima se muestra orgulloso de ello.
La pubertad de sus faros: Nabokov. Luz que explica su pésima digestión de Nietzsche.
Su falso eclecticismo literario. Para ser único, lo primero que tienes que asumr es que no eres único. Luego, igual consigues afirmarte sin tener que recurrir a «flamboyancias».
Un autor sorprendente. Sin duda, para los amantes de la literatura mollar.
Bonilla «iridescente». El viaje es al fin de la noche, señor yo-yo de los chinos.
Menuda historieta.
Bah.
A.
Tengo en mi biblioteca de cabecera 16 libros de bonilla y la gran mayoria de ellos son muy buenos, mejor que la gran parte de libros de autores españoles que aparecen cada año , pero tambien es verdad que en su literatura se le nota demasiado las influencias de sus autores preferidos , sin ser esto nada reprochable. Sus poemas son tambien excelentes en especial algunos de los incluidos en El Belvedere. Ademas sigo sin entender como ningun cineasta se decide a filmar Los Principes Nubios .
Completamente de acuerdo contigo en que Los príncipes nubios sería una gran novela para llevar al cine. El problema, creo, que quizá nuestro contexto social nos haga identificarnos más con boo, el nubio, que con Moisés Froissard, como seguramente hicimos en 2003, cuando salió el libro.
El libro digital no es el sustituto, es la alternativa. Es genial para aquellos que no pueden permitirse gastar más de 100 euros en una saga de libros, por ejemplo.
Pingback: ‘Memorias de un librero’ « Después del hipopótamo
Pingback: Jesús Aguado, poeta anónimo | UDUAL
Pingback: Seis libros en busca de lectores | Verlanga
Nietzsche no pone primero al león y luego lo transforma en camello. Es a la inversa: el camello se transforma en león.
Pingback: CIUDADES, SERES, RAMIFICACIONES, CONVERGENCIAS | CUADERNO CONTABLE
Creo que no ha entendido la fábula del camello, el león y el niño: el sufriente, el dueño y el libre.
Respecto a Cela si Bonilla ha sido capaz de escribir algo parecido a La familia de Pascual Duarte salgo mañana a comprarlo a cualquier precio. Me sorprenderia.
Respecto a Borges lleva razón: cuando te interesa más la vida que la literatura va perdiendo interés. Todo el que Cela gana, por ejemplo.
Pero Cela era un plagario ¿no?
La familia de Pascual Duarte es un bluff de principio a fin: «Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.» Esto lo dice uno que trata de denunciar la incultura, el dolor y la angustia en que está sumida su familia y él mismo. Lo tendrían que poner en clase como ejemplo de inverosimilitud de la voz del narrador. Y luego todo ese tremendismo barato de la prosa que se gusta mucho a sí misma. Un bluff. Otra cosa es La Colmena, que es nuestro Manhattan Transfer. Una gran novela: pero una gran novela no justifica la condición de «escritor nacional» que tuvo Cela durante años y años y años. Marsé también escribía grandes novelas, y no fue nuestro «escritor nacional». La de «escritor nacional» es una figura pública, no tiene nada que ver con que el tal escritor haya escrito una gran novela o no. Y como «escritor nacional», qué quieres que te diga, Cela es penoso.
Es que no es solo una novela,san camilo es una obra literaria de primer nivel,otra cosa es que la gente se haya quedado en leer la colmena y el pascual duarte.Lo mismo se puede decir de otras muchas(la rosa,pabellon de reposo,cristo versus arizona),ya que cela escribio alrededor de cien libros.
Pingback: Juan Bonilla – West Indies Publishing Company
Jajaja! Has leído el artículo de Bibiana Candia sobre Acela en el número 28 de Jotdown? Quizás quieres matizar el título del tuyo. ;-)
Gran Juan Bonilla, al que he seguido en El Mundo desde sus inicios.Su prosa tiene calidad, claridad y siempre aporta ideas o alternativas.No he leido sus relatos, ahora ya sé que tengo otra labor pendiente.Considero que como la mayoría de escritores, nunca deja de ser un poeta, en su caso, un poeta moderno, nada cursi,muy norteamericano en su desarraigo.Como un Carver de Jerez.Y para mostrar una sorprendente cuestión del que esto suscribe os diré que soy celiano, Cela y Faulkner son los escritores que más me han impactado hasta el momento de la Literatura contemporánea.Lo cortés no impide lo valiente
Pingback: El hombre que escribía con veneno – News-spain
Pingback: El hombre que escribía con veneno – Alexol
Pingback: El hombre que escribía con veneno – Ztere
Pingback: El hombre que escribía con veneno – Info-spain
Estaría bien ser capaz de reivindicar simultáneamente a Gomez de la Serna y a Cela. Pero por aquí seguimos practicando lo de tener que desvestir un santo para vestir a otro. Viva Fulano, muera Mengano. Me parece empobrecedor: restar y dividir en lugar de sumar. Y así seguimos sin tener una tradición propia rica, diversa y razonablemente consensuada. Mientras otros reivindican lo suyo, nosotros seguimos problematizando y empobreciendo lo nuestro con diatribas de patio de vecinos, y en eso seguimos. Resulta bastante triste.