Ciencias

A los simios no les gusta la música

Jerry Goldsmith conducting the orchestra for The Planet of the Apes
Jerry Goldsmith dirigiendo la orquesta de El planeta de los simios, 1968. Imagen: APJAC Productions / Twentieth Century Fox.

La música es consustancial al género humano. Existe en todas las culturas sin excepción y se le concede gran importancia. Es una disciplina abstracta cuya maestría asociamos con la inteligencia. No sabemos bien cómo se originó, aunque vamos entendiendo mejor su estrecha relación con la morfología del cerebro y podemos lanzar hipótesis acerca de la función que vino a cumplir en nuestra especie. En cualquier caso, el ser humano es musical por naturaleza, esto es un hecho probado. Incluso las personas que afirman tener menos talento poseen ciertas habilidades musicales innatas que quizá no son comparables con las de los músicos profesionales, pero que son bastante complejas de por sí y requieren una elevada especialización cerebral. Por ejemplo, cualquier individuo humano es capaz de seguir un ritmo sencillo, adaptándose a él si cambia. Es un proceso tan automático que parece surgir por sí solo en los niños y se requiere de ciertas enfermedades o lesiones graves para que no funcione. Esta habilidad musical, y algunas otras, no son una exclusiva humana. Aunque son raras en el reino animal, están presentes en varias especies. Sin embargo, nuestros parientes más próximos en la naturaleza carecen de ellas. De entre los primates, orden al que pertenecemos y que engloba a varias de las especies más inteligentes del planeta, somos los únicos con capacidades musicales. Nuestros parientes más cercanos, chimpancés, gorilas y orangutanes, pese a que poseen una nada despreciable capacidad para el pensamiento abstracto, tienen menos competencia musical que algunos pájaros mucho menos inteligentes que ellos. 

Existen unas doscientas cincuenta especies vivas de primates, aunque según la clasificación taxonómica que consultemos ese número puede variar. Casi todas ellas habitan regiones tropicales y subtropicales, con marcada preferencia por las zonas arboladas, aunque un primate particularmente exitoso se permite el lujo de habitar casi cualquier clima del planeta: el humano. Los primates pueden ser clasificados de diversas maneras según distintos criterios, pero para entendernos buscaremos la manera más sencilla, según sus características externas. Podemos hablar de tres grandes grupos que cualquiera puede distinguir con facilidad incluso sin tener la más mínima noción de biología. El primer grupo es la familia de los homínidos, que nos incluye a nosotros, los humanos, y a nuestros parientes cercanos, los «grandes simios»: chimpancés, gorilas y orangutanes. No descendemos de ellos como algunos dicen equivocadamente, sino que compartimos con ellos un antecesor común, así que puede decirse que somos hermanos de sangre. El segundo grupo de primates es el de los pequeños simios. El tercer grupo, el menos evolucionado (en el sentido de que sus características se consideran más primitivas y cercanas al ancestro) es el de los «prosimios», que incluye a lémures, aye-ayes, gálagos y tarseros, animales que a simple vista pocas personas meterían en el saco de los parientes de los humanos. Algo que sucede con los primates es que la terminología es un poco confusa, sobre todo cuando comparamos el léxico español con el inglés, dominante en los textos científicos. En español, el término «mono» se utiliza indistintamente para grandes y pequeños simios, pero en inglés existen dos palabras diferentes: ape designa a los grandes simios y monkey únicamente a los pequeños, lo cual explica que Planet of the Apes, la famosa novela convertida en película, no se llamase Planet of the Monkeys. A veces, con el afán de resolver esta discrepancia, se recomienda usar «simio» como sinónimo de ape, pero esto suena muy forzado, por no decir erróneo. Primero, porque desde la perspectiva etimológica los pequeños monos también son simios (la palabra, procedente del latín, significa «de nariz chata» y tradicionalmente se les ha aplicado sin problemas). Y segundo porque en inglés sí existe la verdadera traducción de «simio», el término simian, que, como en español, incluye a todos los primates excepto a los humanos y los prosimios. Dicho sea como curiosidad, en algunas taxonomías antiguas llegó a incluirse al ser humano en la categoría de los grandes simios; hoy ya no se hace pero la idea nunca me pareció disparatada. Por aclararnos, aquí usaremos «simio».

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5 comentarios

  1. Al parecer, el tema de los elefantes pintores es todo un ingenioso truco en el que el cuidador del animal ejecuta sobre su oreja una serie de indicaciones que van guiando al elefante en sus trazos. De hecho, cada elefante sólo es capaz de pintar una sola imagen y, por supuesto, es totalmente inconsciente del significado de su labor.

    http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-1151283/Can-jumbo-elephants-really-paint–Intrigued-stories-naturalist-Desmond-Morris-set-truth.html

  2. Pingback: A los simios no les gusta la música

  3. Entre los del primer grupo hay que añadir los bonobos, inexplicablemente el autor no lo menciona.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Hjalvinos.

      Personalmente, para este artículo he incluido los bonobos en el grupo de los chimpancés, aunque te concedo que quizá debería haberlos mencionado de manera distintiva como «chimpancés enanos». No creo que resulte crucial para el tema tratado, pero por si acaso te aclaro mi postura.

      Un cordial saludo.

  4. Javier Duque

    Un caso extremo de imitación de todo tipo de sonidos, incluyendo voces y música, es el del pájaro lira australiano, también vinculado con su necesidad de comunicación y acercamiento a la pareja para procrear. Desde el punto de vista de la educación musical es muy interesante ya que pone en entredicho la muy valorada habilidad de reproducción exacta de un fragmento musical como síntoma de que detrás existe una gran inteligencia musical pero, y siguiendo también la orientación del artículo, es aún más interesante apreciar que esa habilidad musical, así como otras en principio de base mecánica, están más relacionadas con el aprendizaje derivado de la interacción social que el individual, cosa que debería ser suficiente como principio pedagógico para la renovación de la mayoría de currículos de escuelas y conservatorios.

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