
Jot Down para Ballantines + Ginger Ale
Suena el despertador a las siete de la mañana, llevas a cabo los mismos rituales matutinos; acudes al trabajo recorriendo las mismas calles, interactúas con las mismas personas, regresas a casa a la misma hora y vuelta a empezar. Solo el fin de semana parece romper ese esquema trazado con escuadra y cartabón. E incluso el fin de semana no deja de ser una sucesión de momentos predeterminados que podrían pronosticarse a un año vista sin necesidad de una bola de cristal.
Pero ¿qué pasaría si dejaras de hacer lo mismo todos los días? ¿Qué le pasaría a tu cerebro, tu cuerpo, tu vida?
Tomar las riendas del viaje

Centrémonos en el recorrido hacia el trabajo, cada día a la misma hora porque sabes perfectamente lo que tardas. En todos los recorridos que ya hemos asumido, e incluso los que resultan completamente nuevos, nos fiamos del itinerario fijado por las señales de tráfico, por los mapas e incluso por nuestro GPS. Sin embargo, como ya dijo una vez la conservadora cartográfica Lucy Fellowes: «Todo mapa es la forma que alguien tiene de hacer que mires el mundo a su manera».
A través de los mapas y otros sistemas de teleguiado finalmente ponemos el piloto automático, y nos dejamos conducir como ovejas al redil. Por esa razón no es raro que decenas de personas acaben cruzando un puente en obras solo porque su GPS así se lo había indicado. Es lo que sucedió, por ejemplo, en el año 2006, cuando estaba cortado el puente sobre el río Avon, en Inglaterra, y los vecinos de Luckington tuvieron que sacar del agua una media de dos coches diarios. Es lo que los psicólogos llaman complacencia automatizada o sesgo por la automatización.
Algunos poblados inuit, célebres por su extraordinario sentido de la orientación, ahora están sufriendo accidentes mortales a causa de su confianza en los dispositivos GPS.
La espontaneidad, la frescura y el tratar de que cada día (o al menos cada semana) puedan ser diferentes no solo nos evita adormecernos ante el camino prefijado y así tropezar con algún imprevisto. Los imprevistos deben ser parte de nuestra vida para mantenernos alerta. Un estudio señala que los conductores de taxi de Londres tienen el hipocampo más desarrollado a resultas de tener que memorizar el inextricable dédalo de calles que constituye la ciudad. Como explica Nicholas Carr, de la Universidad de Harvard, en su libro Superficiales: «Además, cuanto más tiempo llevara un taxista en ese trabajo, mayor tendía a ser su hipocampo posterior».
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Aunque obviamente éste es un artículo «patrocinado», suscribo el 90% de su contenido. Al menos, hasta que, en los últimos párrafos, la parte estrictamente publicitaria se hace demasiado eevidente.
De vez en cuando, conviene salirse del camino marcado, de los convencionalismos y del «qué dirán» ,para V.I.V.I.R en mayúsculas, de verdad, y para encontrarte a tí mismo.