Deportes

Shavarsh Karapetyan: el héroe que pasaba por allí

CCCP
Fotografía cortesía de voenpro.ru.

Qué bien, ya están en marcha los Juegos Olímpicos. El momento que todos los espectadores esperamos cuatro largos años para pasarnos las horas muertas delante de la tele mirando deportes de los que seremos expertos durante quince días y a los que no volveremos a hacer ni puto caso en otros cuatro años. La excelencia del tiro con arco, la emoción del piragüismo en aguas bravas y la sublimación estética que sentimos al contemplar las chepas de los jugadores y jugadoras de hockey sobre hierba. (Sí, el hockey hierba es un deporte absurdo y se podrían escribir tres mil palabras para demostrarlo, pero lo haremos en otra ocasión, que no quiero que enfurecidos practicantes me ejecuten un penalti-córner en la entrepierna).

Ahora bien, lo que de verdad mola de los Juegos son los tres grandes deportes olímpicos: la gimnasia artística, el atletismo y la natación. Su sola mención nos devuelve nombres grabados con metal precioso en las primeras páginas de la historia de las proezas deportivas. El 10 de Nadia Comăneci en Montreal 76, los 8.90 de Bob Beamon en México 68 o las ocho medallas de oro de Michael Phelps en Pekín 2008, las siete de Mark Spitz en Múnich 72 y la victoria en los 200 espalda del español Martín López-Zubero, conseguida en Barcelona 92, y que agradeció a su público con unas emocionadas palabras que no entendió nadie porque el menda tenía un acento de Florida más grande que su ciudad natal, Jacksonville. Es lo mejor de la natación; tiene tantas modalidades que produce héroes a cascoporro. Y eso que aún podría incluir alguna más, como el nado con aletas. De hecho, si el buceo de competición hubiese sido disciplina olímpica, todos recordaríamos a Shavarsh Karapetyan, nadador armenio que batió el récord del mundo once veces y fue campeón mundial en diecisiete ocasiones.

El caso es que, en 1974, a Karapetyan solo le conocían en los círculos de su deporte, donde era, efectivamente, honrado y respetado. No obstante, se ve que el tipo quería ser famoso en todo el mundo porque dijo que lo del chándal de la CCCP y salir en las páginas del Pravda estaba muy bien, pero que lo que realmente quería era que los de Discovery Channel hiciesen un documental con su vida. Así que decidió convertirse en un héroe. Pero no del deporte; de los de verdad. Siendo sinceros, es muy posible que la referencia a Discovery Channel no fuese exactamente así, más que nada porque el canal no existía en esa época y también porque, en realidad, Karapetyan no decidió nada. Como él mismo sí que diría después: «Yo solo era quien estaba más cerca».

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4 comentarios

  1. Pingback: Shavarsh Karapetyan: el héroe que pasaba por allí

  2. Éste tipo de historias me encantan, sólo podían pasar en la URSS. Ver la foto del protagonista tan lozano (nada que ver con un nadador de ahora) y saber que sigue vivo, seguramente hecho un toro, es aún mejor :)

  3. Pingback: Shavarsh Karapetyan | Héroes y mortales

  4. ¡Excelente!

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