
Es bastante probable que si cualquiera de nosotros hubiésemos vivido durante una de las grandes épocas del arte, de la vanguardia o de los más importantes avances culturales, esas novedades, cambios de paradigma y nuevos caminos nos habrían pasado completamente desapercibidos.
Imaginemos que vivimos en lo que los historiadores denominarán después Renacimiento. ¿Seríamos capaces de reconocer la importancia de lo que estaba ocurriendo? Por muy optimistas que queramos ser, solo un puñado de personas podían ser conscientes de la revolución que estaba teniendo lugar, pues la mayor parte de las obras de Giorgione, Tiziano y muchos otros que hoy admiramos libremente en grandes museos y en alta resolución en Google Images estaban destinadas a ser contempladas solo por privilegiados.
Muy pocos tendrían acceso personal a las distintas cortes italianas (Florencia, Venecia, Roma, etc.) en que este movimiento empezó a desarrollarse, y muchos menos poseerían la cultura clasicista, formación neoplatónica y visión humanística para asimilarlas como las explicamos hoy en día. Y ni siquiera eso: pocas personas tendríamos la más mínima educación visual o literaria como para siquiera entenderlas en su forma más básica. Incluso pensemos en el lugar que ocupamos en el mundo actual y confesemos: si viviéramos en aquella época, ¿seríamos usted y yo de los pocos que sabían leer?
Por supuesto, el ejemplo citado, u otros que podríamos imaginar (la corte española de Austrias y Borbones, la clientela burguesa de Rembrandt o regia de Rubens, los advenedizos del palacio de Versalles…) presentan obstáculos puramente sociales y económicos que nos hubiesen impedido acceder a tales entornos para ejercer nuestra capacidad del gusto. Y podríamos pensar que en una época en la que el arte fuese más accesible, habríamos acertado.
París, 1863. Napoleón III abre al público general el llamado Salón de los Rechazados y miles de personas se ríen estruendosamente de Manet, Whistler, Fantin-Latour, Jongkind, Pissarro y otros. ¿Seríamos de los pocos que sí sabríamos reconocer su valor? ¿Y en las subsiguientes vanguardias? ¿Aplaudiríamos el arte dadá? ¿Seríamos de los pocos conocedores contemporáneos del accionismo vienés? ¿Hubiésemos sido parte del pequeño círculo de amigos y viciosos de la beat generation antes de que fuesen populares? ¿Nos habría pillado viviendo en una okupa el Londres de 1975 de la explosión del punk?
Con estas preguntas, que seguramente pocos (y entre los que no me cuento) responderían afirmativamente, entendemos que el arte más avanzado no solo suele pasar desapercibido a sus contemporáneos, sino que a veces es despreciado por la gran mayoría, excepto por unos pocos clarividentes, cuya apertura mental, intuición y disfrute de estas nuevas tendencias no solo se basan en lo cultural, sino en la falta de prejuicios y el abrazo de lo difícil, lo complejo y lo áspero.
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Ole, coño, joder, ole y ole!
Pingback: Metal extremo: orgullo y prejuicios (I) – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE
Muy buenas
Tremendo artículo,bien documentado y articulado. Seguramente me pueda el ser metalhead yo mismo pero bueno. Me ha llamado la atención no mencionar dentro de la temática bélica dos bandas suecas como son Sabaton y Civil War. Se me ocurre que seguramente sea por no enmarcarse eñ un estilo «extremo» y tirar más bien al Power o estilos más «calmados». Si no es así la verdad que me gustaría oir opiniones al respecto
Salud y Victoria!
Buen artículo. Lo que más me gusta del metal extremo, y del metal en general, es que no rehuye ningún tema. Si hasta tenemos un género dedicado a la muerte (death metal). ¿Qué mejor manera de enfrentarse a ella que danzando?
Simplemente como curiosidad: El único poster de Emperor que tengo lo conseguí en Arco 2001 o 2002, no recuerdo con exactitud.
Genial, simplemente genial leer algo así. Felicidades al autor.
Muy bueno… ¡deseando leer la segunda parte!
Gran artículo.
Sin ir más lejos, el 1er tema de lo último de los suecos At the Gates, «El Altar del Dios Desconocido», es un pasaje de «Sobre Héroes y Tumbas» de Saramago, lo que la convierte en una obra probablemente más erudita que el 95% del «pop» en español.
¡Esperando la segunda parte!
Nacho, sólo un pequeño apunte. «Sobre héroes y tumbas» no es de Saramago sino de Ernesto Sábato.
De Sábato, ¡perdón! Jajaaja ¡tengo que dormir más!
Maravilloso artículo, no da pie para aburrirse y con ello dejar la lectura de lado, al contrario, te mantiene siempre atento con sus opiniones, reflexiones, temáticas super abundantes… se nota una tremenda preparación por tan entendido artículo. Felicitaciones al autor. Saludos desde Chile.
Perdón Nacho, pero «Sobre Héroes y Tumbas» es una obra de Ernesto Sábato, no de Saramago.
Saludos
Estoy impresionado con este excelso artículo. Dignifica un estilo musical que transciende incluso a veces lo meramente musical y confiere todo un estilo de vida. Enhorabuena por el magnífico trabajo realizado.
Enhorabuena, Salva Rubio, no se suelen leer textos sobre el metal extremo tan bien documentados y no sólo en materia del metal, también en otras disciplinas y corrientes artísticas.
Hombre, el único pero que le pongo al artículo es que muchos grupos expuestos no son de «metal extremo», sino símplemente de «metal» que es un término muy conciliador vista la pléyade de estilos del mundillo. Por ejemplo Metallica, que eran thrash y ahora a saber qué son… pero «extremos» nunca lo fueron.
Artículo muy interesante, por que pone en perspectiva el concepto de arte, sobre todo en la música.
Sólo un par de cuestiones, personalmente no incluiría en el mismo saco a todos los grupos de metal extremo, por ejemplo Meshuggah siendo muy duros están muy bien valorados artísticamente. Por otro lado hay bandas como watain, ondskapt, shinning, que entiendo que son las que provocan el rechazo/miedo hacia el black metal por las ideas que tienen(recomiendo ver alguna entrevista) y lo «movido» de sus directos, además habría que añadir que el género nación con bastante controversia por lo sucedido en Noruega, con Mayhem, quema de iglesias, asesinatos homófobos…
Por último, Metallica (soberbios) y Megadeath no son en ningún caso metal extremo.
Saludos.
En mi opinión, intentar acercar el metal extremo al concepto de «Alta cultura» no le hace ningún favor, al menos en términos sociales. La variedad de influencias y de temas que ha tocado el estilo desde su aparición responde a necesidades individuales en un contexto (algo más) global, no a una corriente que busque hacer del metal extremo un ejemplo de esa «Alta cultura». De hecho, el fetichismo y «elitización» a las que se está viendo abocado el estilo en los últimos tiempos vienen dados, en mi opinión (repito), por la sociedad global y su necesidad de tener el control cultural sobre sus hijos más díscolos. Asistimos a la mercantilización total de todo lo mercantilizable y el metal extremo no escapa a esa vorágine. Surgen corrientes postmodernas que traducen un lenguaje que antes era propio y excepcional en algo fácilmente entendible para todo el mundo y con el que puedes crear un discurso en la red.
Se que mi discurso es el típicamente apocalíptico, pero no puedo evitar sentir que en el transcurso de los años se nos ha arrebatado algo que no vamos a recuperar.
Venga, otra patada al death y al black, que están de moda. Ahora en forma de sesudo hiper-reportaje cultureta (muy bien escrito, por cierto) que va y viene dando saltos sin llegar a ninguna parte, porque la base del metal extremo es ser, de por sí, minoritario y no pretende llegar a masas y mucho menos ser póstumo ni susceptible de ser convertido en alntología. Es algo que me lleva llamando la atención algunos años el que algunos quieran hacer acercamientos al metal extremo (no hablo de quien firma el escrito, sino de expertos en postureo y modas pasajeras) y aparentar tener algo que ver. Me gustaría tener un aparato que mida el diámetro de los ojetes para calcular cómo se les quedaba a los reyes del pose moderno el culo después de un rato de Cannibal Corpse, Deicide, Obituary, Morbid Angel, Asphyx o, por qué no, gore brutal o porno grind. Mira, eso es, ponedles porno grind o grind del clásico marca Embury a los posturitas, en español si es posible (los que escuchan metal de verdad ya están pensando en Brujeria) y devolvedles a la vida real a ver qué piensan del metal extremo tras la experiencia. ¿No os pasa que se os revuelven las tripas cuando confunden Scorpions o AC DC con el metal y encima los meten en el mismo saco? O que vendan camisetas con el Baphomet o el pentagrama de Levi con estética black en HM? Hasta hay grupos decididos a ganar migajas de lo poco que sobra infiltrándose entre los poperos y pretender que los acercan al death, ya sea con el nombre (Eagles of Su-puta-madre) o la estética (una banda con dos cantantes muy carniceras que vi hace poco repartiendo besos al aire a los pajilleros del público en un concierto, no os molestéis ni en saber su nombre) La moda del metal extremo entre quienes no pasan de Slayer nos lleva a los metaleros a hacer lo que mejor hacemos, odiar a la humanidad.
Por suerte, la moda pasará, pero no quita que nos vayan a estar jodiendo un par de años más con la pose. Pero bueno. Nosotros, a lo nuestro. La última vez que vi a Satyricon, eso sí que fue una noche de black metal, o a Vincent y compañía repasando el Covenant, buen death metal. De ahí para abajo está lo demás, se llame como se llame, pero no me interesa.
Muy poquita chicha el artículo, ¿no? Más de la mitad del artículo diciendo «chavales, que vamos a hablar mucho y tal del metal extremo y de lo rompedor que es», y cuando llega la parte se ennumeran unas pocas bandas, se sueltan otros nombres así como culturetas para aderezar y poco más. Ni siquiera explica qué entiende el autor por metal extremo, ni por qué se hace el paralelismo con las vanguardias artísticas.
Qué recuerdos cuando has mencionado «Martyrs»… algunos se salieron de la sala.
Un gran esfuerzo por parte del autor por convencer de que el metal extremo merece más. Como fan del death y el black metal siempre he pensado que hay pocos estilos más cultos y libres. La búsqueda de catarsis y la elevada proporción de gente dotada intelectualmente entre sus seguidores son temas recurrentes en numerosos estudios psicológicos (que nos llenan de orgullo y satisfacción). Y respecto al comentario misántropo de algún lector… Aquí caben desde Misery Index hasta Marduk o Zyklon! Es un género tan vasto y contradictorio que te obliga a informarte, comparar y sacar tus propias conclusiones. Parafraseando a Pasteur, «un poco de metal extremo te vuelve radical pero mucho te hace abierto de mente».
Bueno enhorabuena antes de leer la primera parte!
Muy bueno. Enriquecedor y edificante, un cerrajero en aras de abrir una puerta a la luz melómana que irradia desde la oscuridad de las criptas en que se dan estos conciertos. Pero puesto a elegir una palabra fetiche, podría haber tomado una mejor que plétora XD
Yo lo siento mucho pero estos intentos de intelectualizar el metal extremo citando como una metralleta influencias inexistentes me da un poco de pena. Pena porque pese a haberte currado mucho el artículo da la impresión de que no has entendido nada de lo que el metal extremo representa y porque para hablar de metal extremo en primer lugar lo que hay que hacer es hablar de música, no de su mensaje (más teniendo en cuenta el carácter autoreferencial del metal extremo y la poca importancia que su público le da a las letras). En ese aspecto el artículo es de una pobreza preocupante.
Excelente par de artículos. Sobran haters, como siempre. Criticar es fácil, hacer un libros sobre el tema no tanto. Antes de criticar se leen ustedes los libros de este señor. Un sabio, ni más ni menos.
Y a mis 51 años de escuchar prácticamente TODO tipo de música, y encontrar en este «género cultural» una pedantería EXTREMA entre sus adeptos que se las dan de cutres cultos, yo me pregunto ¿Vale la pena después de escuchar TODA una VIDA de JAZZ FUSION, CLÁSICA CONTEMPORÁNEA Y Música Progresiva (De altísimo nivel) PERDER EL TIEMPO en SACRALIZAR esta «música» ABERRANTE y DENIGRANTE tanto para el o la que la crea, como para la o el que la consuma?
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Aunque el artículo tiene su elaboración, tengo la sensación de estar ante una versión más refinada de ese complejo de inferioridad que cierto sector del Heavy Metal empezó a manifestar en los 80, buscando un reconocimiento y un aprecio de su cultura por parte de la sociedad. Es un «qué hay de lo mío», «el heavy es cultura». “Breakthoven» de Barón Rojo representa muy bien ese sentimiento de frustración por falta de reconocimiento
A otros dicho reconocimiento no nos importa en absoluto. Es más sabemos que si dicho reconocimiento llega, es que el Metal perdió su esencia. Y esto es algo que ya está sucediendo desde hace bastantes años. Alguien muy acertadamente ya ha mencionado más arriba que estos intentos de acercar el Heavy Metal en general, y el Metal extremo en particular, a la «alta cultura» o de vanguardia es un error. Y favorece el sector elitista del mismo. Desde mi punto de vista el Metal es en su orgien cultura popular al 100%. Ahora en muchos casos es simplemente un negocio de entretenimiento. Qué alguién cuente la cantidad de festivales que hay por Europa y el dinero que mueve todo eso. La necesidad de pertenecer a algo exclusivo hace paradojicamente que todos hagamos casi lo mismo, con diferente disfraz, nada más.
En una cosa tiene razón, la estética será fagotizada, será exclusivizada y se creará una mitología, lo cual ya puede verse también.
La culpa en gran parte, que no toda, fue de cierto sector hipster, que atraído por el morbo de acontecimientos violentos en la escena black y la misantropía que destila el metal extremo en general, se quisieron hacer los «duros» y valientes ante sus iguales, o su público (Vice y demás calaña) e intentaron darle ese halo de esnobismo y chic tan propio de ellos…
Pasa cómo las camisetas de Motörhead…se duda mucho que los que las llevan se escuchen un disco entero de Lemmy y sus huestes…menos las niñas by H&M…
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