
Es un hecho constatado por la estadística: la distancia es cada vez mayor entre el número de directores y el de directoras de cine. Me refiero a nombres conocidos internacionalmente, fuera del mundo académico o el cine marginal. No me valen en este contexto las directoras de países emergentes que sobreviven de los festivales o las prometedoras realizadoras de cortos. El palmarés de los últimos Golden Globes de Hollywood, incluido discurso liberal y ensimismado de Meryl Streep, lo demuestra a las claras: ni una mujer entre los guionistas, productores y directores seleccionados. En el suelo real del trabajo, fuera de la nube de discusiones, el que trabaja detrás de la cámara y cobra por ello sigue siendo un señor.
Antes de que la industria audiovisual se transformase en una gigantesca maquinaria de productos, cuando el cine era mudo y los intelectuales no lo consideraban más que un entretenimiento de feria, era relativamente normal la presencia de directoras y guionistas, tanto en América como Europa (España incluida). Pero su número fue cayendo en picado con la misma rapidez que se extendían las alfombras rojas y el cine se valoraba como un arte serio. Porque hasta entonces las mujeres no eran vistas como una amenaza a la competencia masculina. En la producción actual de películas y series de televisión, cuyos consumidores son, en números totales, más femeninos que masculinos, se reparten los puestos de dirección dejando solo un 13% a las mujeres. Obligado es reconocer que la industria del entretenimiento debe más de la mitad de su éxito e influencia al trabajo de homosexuales, lesbianas, trans…, sensibilidades muy distintas de las heteronormativas. Pero el problema de las mujeres sigue existiendo, y eso que el cine independiente y los géneros alternativos al drama realista han dado bastante margen en los últimos años. Ese porcentaje ridículo está presente no porque los hombres sean mejores directores, sino simplemente porque la política sindical no permite a las mujeres que lo deseen acceder a estos puestos. No me interesa la idea de pedir la «mirada femenina», un «cine femenino» o «feminista», solo la posibilidad de que exista la misma oportunidad de productos realizados por unos y por otras. Ya se encargaría, supongo, el mercado o el público, de cribar y elegir.
Que no haya grandes nombres de directoras en Hollywood no parece un problema muy grave, dado el estado actual de las cosas, pero esto es una representación de lo que sucede en todas y cada una de las actividades humanas. Si en esta, que es de las que más proyección tiene, solo están Kathryn Bigelow, Jodie Foster, Sofia Coppola y una veintena más, pues la situación no es que haya mejorado, es que está peor. En el nacimiento de Hollywood, el número y la influencia fueron mucho mayores. Aunque de eso tampoco se sabe nada.
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Excelente artículo!
Buen artículo que destaca la labor de mujeres poco conocidas y no lo suficientemente valoradas. Siempre he tenido gran prelidección por Lupino y Brackett (esta última también participó en el guión de El imperio Contraataca, que no se menciona en el artículo) y me falta más desarroyo de la figura de Lilian Hellman, que solo se menciona en el apéndice.
Con todo, y sin negar el oscurantismo y las trabas que ha sufrido y sufre la mujer en el sector, creo que la autora va demasiado lejos en algún momento. Insinúa por ejemplo que gracias a las mujeres hay mujeres ‘fuertes’ en el cine de Hollywood cuando eso no es cierto. Muchos guionistas, directores y escritores hombres contribuyeron también en esa ‘revalorización’ de la mujer. Las mujeres de Hawks o Walsh eran fuertes. En Johnny Guitar, que tiene uno de los personajes femeninos más fuertes y magnéticos jamás creados, no hay ninguna mujer (x lo menos acreditada) en la creación del personaje. Y así hay unos cuantos ejemplos.
Y si hay pocas directoras en el panorama actual me parece que, en parte, también es porque no hay muchas en el intento (por los motivos que sean, culturales, de tendencia… ahí no me meto). En las clases de dirección y seminarios a los que he asistido, el cupo de hombres siempre ha sido mucho mayor.
¡Gracias!
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