
En un momento en el que la ciencia ficción de los ochenta está más viva que nunca, Brian K. Vaughan decide tirar de nostalgia y desarrollar Paper Girls. Lejos de presentar una premisa rebuscada, el argumento del cómic es simple: un grupo de chicas de doce años que trabajan como repartidoras de periódicos ven como una serie de seres extraños invaden en la mañana de Halloween su pequeño pueblo. La trama, conociendo al autor que fue guionista y productor de la serie Perdidos, se irá enrevesando en cada número. Pero esto no es un punto negativo, sobre todo cuando Vaughan cuenta con más de diez premios Eisner en su colección.
¿Son extraterrestres? ¿Provienen de otra época? ¿Por qué han desaparecido casi todas las personas de Cleveland? Estas y otras muchas incógnitas se irán planteando, a la par que resolviendo, en cada nueva entrega. Pero es el lector el que irá, junto a las protagonistas, desentramando el misterio a lo largo de las páginas. Nadie más sabe, ni parece querer saber, qué está ocurriendo. Las chicas, lideradas por la rebelde Mac, serán las heroínas de la historia.
Los Goonies, Cuenta conmigo, E.T. el extraterrestre o La guerra de los mundos son claras referencias para Paper Girls, un cómic que busca innovar manteniendo la esencia original de estos ya clásicos del cine de aventuras y ciencia ficción. Y lo logra. Aunque al principio pueda parecer que se está ante una nueva historia de adolescentes en apuros que se convierten en héroes. Pero Vaughan es muy dado a crear giros inesperados y a dar una vuelta a cualquier situación, hasta el punto de convertir lo cotidiano en sorprendente. Paper Girls, como no podía ser de otra forma, es una prueba de ello. Prueba de que aún se puede contar lo mismo y seguir impresionando.
Pero la historieta no tendría la misma fuerza si no fuera por las marcadas referencias que hay hacia aquellos años. El cómic tiene un claro público objetivo: aquel que vivió en los ochenta. Ya solo su título, que hace alusión al clásico juego de Atari Paperboy, aunado a las conversaciones de las protagonistas, donde las series del momento o los videojuegos son una constante, es una clara declaración de intenciones. Pero hay más. No solo de aquella época se alimenta la obra, un hecho que genera nuevas preguntas tanto en el lector como en las protagonistas.
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