
Las votaciones para los premios Óscar, sobre todo los concedidos a la interpretación, son básicamente un concurso de popularidad. Por lo general son un premio a la fama. A veces son también una manera de premiar a actores por el prestigio que tienen entre la crítica. Uno no se puede tomar los Óscar muy en serio; están bien como recordatorio histórico —desde luego no son tan irracionalmente absurdos como los Grammy—, pero no es raro que al mirar atrás nos cueste entender determinadas nominaciones, o la falta de ellas. En cualquier caso, nos guste o no, es el premio cumbre de la cinematografía y está bien que se lo concedan, por lo menos de vez en cuando, a alguien que se lo merezca.
Cuando escribí un artículo sobre la breve pero intensa filmografía del director estadounidense Jeff Nichols dije que su actor fetiche Michael Shannon me parecía el mejor intérprete estadounidense de su generación. De hecho, creo que es el intérprete más en forma en el cine americano desde hace más de una década, y estoy convencido de que apenas tiene rivales en la actualidad. El público está tardando en descubrirlo, porque Shannon se ha pasado años trabajando como secundario en las producciones de Hollywood que ve todo el mundo o como protagonista en películas independientes. Sus papeles más populares han sido algunos de los más estereotipados, como el agente Van Alden en la serie Boardwalk Empire o el general Zod en El hombre de acero y Batman contra Superman. Quien solamente lo conozca por estos trabajos no se puede hacer una idea de la magnitud de su talento; por eso creo que era buena idea hacer un repaso de algunos momentos clave de su carrera.
Esa carrera nunca ha vivido una gran explosión, en el sentido de que nunca se ha convertido en una superestrella. Su estatus en el cine ha evolucionado más bien como una hoguera que tardó tiempo en hacerse visible, pero que ya nadie puede apagar. Hace quince años, apenas eran conscientes de su potencial unas cuantas personas de la industria, pero hoy no existe crítico cinematográfico que no lo cuente entre los mejores actores del momento, y los productores y directores se pelean por sus servicios (solamente en 2016 participó en diez largometrajes, seis de ellos como protagonista). Película tras película —tiene cuarenta y dos años, pero nada menos que sesenta y cinco películas a sus espaldas— ha aprendido los secretos del oficio y cimentado un prestigio que ahora está alcanzando su punto álgido. Hay un ejercicio muy interesante que consiste en leer críticas de las películas en las que ha aparecido a lo largo de los años. Debutó en el cine haciendo un pequeño y anecdótico papel de jovenzuelo atontado en la famosa Atrapado en el tiempo. Era 1993 y tenía dieciocho años.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Sí, sí, pero la pregunta es: ¿en qué momento de su vida se parecerá más a Stephen Lang?
Emilio, disfruto mucho tus artículos. Enhorabuena.
Shannon es un gran actor. En Nocturnal Animals logré ver que también puede ser cálido y cercano, despojándose un poco de ese aura de bomba de tiempo a punto de estallar. Creo que puede reconducir su intensidad para papeles memorables donde no necesariamente deba hacer de villano. Ojalá lo logre, pero no sin antes haber sido un villano Bond, pues sería memorable verlo hacer llorar al agente 007.
Los Oscar son una tomadura de pelo, no hagamos caso de a quién se lo dan o a quién no, eso vale para el momento pero no para perdurar como gran actor. Michael Shannon actorazo en todas las pelis que hace. Impresionante como Elvis
Desde que hace años empecé a verlo en pequeños papeles, sentí lo mismo que cuando descubrí al joven Christopher Walken.
Ambos son dos de mis actores preferidos. Problema: el encasillamiento. Espero que Shannon no cometa el mismo error.
Ojalá no se encasille, lo que es un error bastante común en Hollywood. Ya le pasó a Di Caprio, a Jeff Bridges y ni hablar de Jack Nicholson. Ojalá Shannon y Joaquin Phoenix se salven de cometerlo.