
Apuntes hallados en el cajón de un corresponsal en Roma por su sucesor, que encontró su piso revuelto y patas arriba, como tras una marcha precipitada. El hombre entró en crisis el día en que le pidieron, en una de esas temibles rondas de corresponsales, escribir algo sobre cómo son los italianos y si se parecen a los españoles. Pero algo ligero, para el fin de semana. Tras un mes de baja con ansiolíticos fue trasladado a París, donde vive plácidamente.
Estas son sus notas, las que eran inteligibles, escritas en un cuaderno.
—Llegar a Roma es como cuando entrabas en casa de tus abuelos.
—Un hotel de cuatro estrellas italiano suele ser de tres y costar como uno de cinco.
—En España las camas matrimoniales tienen una almohada grande. En Italia, dos pequeñas.
—Es cierto, comen pasta prácticamente a diario.
—No tienen espárragos en lata, ni aceitunas rellenas, ni chorizo, ni donuts.
—No conocen los percebes. He tenido que mostrar fotos para que supieran de qué estaba hablando.
—Parecen regirse por un desconcertante axioma: si puedes engañar a alguien y no lo haces, eres tonto. Como extranjero recién llegado lo sufro a diario.
—Hay cosas increíblemente caras: el dentista, el seguro del coche, la gasolina, el pescado… No tiene explicación, alguien está robando un montón de dinero.
—Es increíble, tienen una de las mayores presiones fiscales del mundo, la gente vive abrasada a impuestos. Con unos servicios públicos e infraestructuras a menudo tercermundistas. Alguien ha estado robando un montón de dinero.
—¿Cómo vive la gente, cómo hace para vivir? No lo entiendo.
—No se hacen nunca un huevo frito. No fríen casi nada, en realidad. Hay una asombrosa variedad de frutas y verduras, que saben a lo que tienen que saber.
—En realidad en España no existe la dieta mediterránea, es un mito.
—Los besos en España se dan de izquierda a derecha; en Italia, al revés. Por eso italianos y españoles se dan coscorrones cuando se besan.
—Nunca hay que besar a una italiana cuando te la presentan, les resulta violento; es un paso posterior si hay ya cierta confianza. Las formas son muy importantes.
—Los periódicos en Italia no se leen, se descifran.
—En el periódico suele venir la noticia y al lado, el retroscena: qué es lo que hay detrás de la noticia.
—España es noticia en Italia cuando a un torero le pilla un toro, y poco más. Italia es noticia en España continuamente.
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Para aquellos que vivimos en Italia en general, y en Roma en particular, y ahora estamos emigrados o repatriados, esto es un regalo. Otro regalo de Íñigo. Y esta vez (casi) sin guiños al celuloide! Estupendo. Grazie, caro!
-En España los hombres normalmente se secan el pelo con toalla (o no nos lo secamos); en Italia, sempre e comunque, il phon!!!
Uno de los choques culturales mas fuertes que he tenido viviendo en Roma, y eso que sucedio varios anos despues de llegar, primer partido fuera con mi equipo de baloncesto, al acabar en el vestuario solo se veian secadores y cremas. En Espana impensable, estuve una semana traumatizado ;)
como hijo de italiana y español,… certifico todo lo dicho y lo no dicho también. Genial artículo!! Otro regalo, cierto!
Viví un año en Italia. Buenísimo el texto. Real, real.
– El bidet, invención francesa, no es un accesorio estético como en muchos hogares españoles. Italia es el mayor exponente a la hora de darle uso, se les inculca desde pequeños y si no, no se sienten limpios del todo.
– Por el contrario, el WC único y unisex es algo perfectamente normal en cualquier local.
– El italiano por regla general es inquieto, abierto al exterior y nada patriótico. Pero prepárate a llegar a un supermercado y encontrar la etiqueta «100% italiano» con la bandera itálica en la mitad de los productos, desde el tomate triturado al detergente. Mientras que en España la garantía de lo ibérico se queda en el jamón.
– Puedes cruzar en medio de la calle, sí, pero es que a menudo te la juegas menos que atravesando por el paso de peatones. Por suerte muchas calles céntricas están cortadas al tráfico o casi.
– Te la juegas mucho, o eso parece a juzgar por la mirada del dependiente, si olvidas coger el ticket de la tienda. Existe la leyenda-verdad de que la policía al efecto, la Guardia della Finanza, puede estar cerca al acecho y solicitarte el «scontrino fiscale» en cualquier momento.
– Otras obligaciones tributarias que nadie te explica al llegar pasan por reclamar tu nº de «codice fiscale» ipso facto. O demostrar que no tienes televisión si quieres evitar esa tasa.
– Aman el cine y la buena música tanto como desconocen Eurovisión, desde que Berlusconi sacó a Italia del festival durante años por estar descontento con la organización y las puntuaciones. Siempre quedará el clásico festival nacional de San Remo.
– A veces un italiano del sur que vive en el norte (y viceversa) se puede sentir más extranjero que tú. Esta lejanía y rivalidad se pone a prueba en circunstancias tan nimias como el vaso de agua gratis con el café. Lo que no cambia, vayas donde vayas en Italia, es el buen café y el agua con gas (frizzante) por defecto.
– Raro es el coche que no lleva el aparato para pagar el telepeaje.
– «Ir a comprar al chino» = «Andare dal pakistano».
– Es imposible destacar lo suficiente el choque cultural y físico que produce el orden de dar los dos besos aquí y allí. Sobre todo con familiares de conocidos/as: mejor dar la mano.
– Casi todos los italianos han estado en Barcelona o Baleares pero pocos se aventuran más allá del arco mediterráneo. De la misma manera la belleza de Italia va todavía mucho más allá de lo que conocemos en España: desde el desconocido sur hasta el Tirol, pasando por remotos pueblos medievales y paisajes con encanto.
– Nos creemos únicos con la combinación caña + tapa, pero lo cierto es que allí si sabes buscar encuentras la combinación «apericena» (aperitivo + cena): pequeños buffets pagando sólo la bebida. Y te preguntas si algo así sería posible dentro de nuestras fronteras.
– Para qué beber otros cocktails teniendo Spritz (Aperol o Campari), Negroni o Martini. Hasta para salír de fiesta los jóvenes italianos son más elegantes y suelen optar por un vino decente. Cuando por fin llegas al pub y agarras tu cubata en vaso ancho de plástico y pajita ya estás convencido: para qué.
Fdo: un ex-erasmus con un cachito del Bel Paese y de su gente en el corazón.
Habría que aclarar de una vez por todas que la falta de uso del bidet, no es motivo para no llevar el cerete limpio como un sol después de lavarlo con agua y jabón.
Por qué en una frase dices que llevas en Roma unos meses y en otra que llevas ahí desde el 2000 y pico?
Tenía a Italia como un país hermano, pero veo que las diferencias con nosotros son bastante grandes y no creo que me sintiese muy a gusto allí si todo lo que cuentas es cierto.
Es cierto, es cierto. En Italia la verdad no existe y todo el mundo lo asume. En España todo el mundo tiene «su» verdad y quiere imponerla al resto. Es como si las capas y capas de civilización (Grecia, Roma, España, Francia, Austria, etc.) hubiesen generado una manera de enfocar la realidad que, a veces, puede parecer insoportable por superficial y retrógrada -que lo es- y otras, sublime y genial, por esa misma ligereza, vitalidad, amor a la vida…
«En Italia puedes cruzar la calle por el medio y te dejan pasar; en España el conductor casi amaga con atropellarte para hacerte ver que estás infringiendo una regla y que la fuerza de la ley está de su parte.»
No sé cómo será en Roma. En Nápoles directamente te atropellan, aunque pases por el paso de cebra. No para hacerte ver que estás infringiendo una ley, sino para hacerte ver que cada quisque es su propia ley, y ven a discutírselo.
Assolutamente geniale!
Genial artículo gracias.
Yo me acuerdo cuando fui a una boda de un amigo napolitano, vino a recogernos el hermano con su coche y al montar me puse el cinturón de seguridad, se me quedo mirando muy seriamente y me dijo: “ ¿ qué haces?, eso es un insulto para mi”.
Grandioso articulo, aplausos hasta romperme las manos.
Siempre he pensado que si España e Italia se aliaran en serio, se comerían a Francia antes de almorzar y a Alemania para la merienda.
«Supongamos que hacemos esta pregunta a un italiano y un español: ¿Esto es blanco o negro? Español: «Blanco». Italiano: «Beh… Non posso non dire che… sicuramente è tutt’altro che nero, ecco, direi, praticamente, che sarebbe diversamente nero, cioè, forse bianco» («Bueno… No puedo no decir que… seguramente es todo lo contrario de negro, esto es, diría, prácticamente, que sería diversamente negro, es decir, quizá blanco»)»
Entonces habrá que concluir que los italianos no son mediterráneos, sino emparentados con los gallegos.
(Aunque la supuesta indefinición de los gallegos tiene más de mito rural que otra cosa).
La verdad es que somos muy mediterráneos, porque esta actitud es tipicamente griega.
Un análisis muy acertado del país de las maravillas de colores
Veo que ya alguien ha subrayado que muchos de estos apuntes sirven más bien para describir a Italia desde Roma abajo.
No voy a intentar demostrar que todo lo malo que existe en mi país pertenece al sur y todo lo bueno al norte; tampoco eso sería verdad.
Además veo que el artículo está archivado bajo el tag humor, así que no seria adecuado comentar con resentimiento.
Solo voy a poner en relieve que las quejas que podéis tener visitando Roma son exactamente las mismas que cualquier italiano del norte tiene al pasar por su capital, o viendo como gastan el dinero las regiones del sur a la hora de pagar impuestos.
Si se quieren reducir las diferencias de historia y cultura entre zonas de Italia a algo que sea muy prácticamente comprensible, pues que sepáis que la diferencia entre los impuestos que Lombardia (la regione de Milan) le paga al centro y lo que recibe son algo como 54 mil millones de euros al año. Esto no existe en ningún sitio en Europa. Esto para que podáis comparar con la situación de España, donde me parece que con Catalunya son entorno de los 8 mil millones; y para que podáis entender que esto va más allá de decir «pues claro, también Andalucía y Madrid son diferentes».
Para que podáis entender porqué a los del norte nos molesta si un extranjero se viene a vivir en Roma y acaba pensando cosas como ‘en Italia no existe el sentido del deber’ y ‘nada funciona y a nadie le importa que funcione’.
En el norte llevamos varias generaciones no teniendo ni idea de la magnitud de estas diferencias hasta que fisicamente vas a averiguarlas en persona, y cuando te das cuenta hay dos formas de reaccionar: enfadarte o pasar del tema.
Algunos de los que se han enfadado pusieron el tema de manera básicamente racista y esto descalificó todo el asunto.
Los que quisieron ignorarlo, con varias motivaciones (no parecer racistas, no romper con la idea de los abuelos de unidad nacional, no saber como obligar a los demás a modernizarse o pensar que con mandarles dinero eso ya bastaría), simplemente cerraron los ojos.
He hablado de dinero porque al fin y al cabo es un resumen revelador y más sencillo que ponerse a leer toda la lista y decir: esto también pasa en el norte, esto no; y porque los valores, la organización y la historia de un pueblo (no siendo ninguna de estas características culpa de nadie) se reflejan en lo economico y en la manera de vivir, afectando inevitablemente su reputación.
Il pezzo comunque è un delirio totale, che si parli di Sud o di Nord.
Vaya «estercol» de artículo, lo siento por esta definición pero recuerda las descripciones de los nazis invadiendo Italia y Grecia o los pueblos judíos de Polonia. Enhorabuena, nunca había leído tanto odio y estupidez que conferma que el hombre neanderthal nunca ha desaparecido, si no sobrevivido por la tolerancia de los sapiens. Llevo más de 10 años en España y podría escribir mucho sobre los derechos laborales inexistentes (no hay prácticamente huelgas y como en varias zonas de Italia se producen los zapatos de grandes firmas en casa sin que el empresario haya dado de alta al trabajador), la dictadura de los medios de comunicación (en el tema prevención corona virus muchos divergentes e yo hemos avisado televiones de estado y privados de la tontería que estaban haciendo con la propaganda totalitaria que el virus no era peligroso, final de febrero, nos reían a la cara), el concepto de «no obligación » en las generaciones más jóvenes y de irresponsabilidad cívica en muchos aspectos que denota la falta de espirito republicano y desarollo democrático a nivel social, de la follada express que denota seguro un liberalismo de vanguardia pero al mismo tiempo la hipocresía del poliamor y aburrimientos postmodernos con resultados de relaciones líquidas tanto a nivel de amistad como de amor y miles de cosas. Pero si yo mencionaría todo eso como categoría, verdad universal para describir un país prescindiendo de la palabra «experiencia personal» sería un neanderthal. Hay en España un montón de gente que cumple, que sueña más democracia y sabe hacer también autocrítica y que no escribe papeles higiénicos de artículos como ese. Conozco médicos, investigadores que logran resultados importantes en la lucha contra el cáncer, ancianos que recitan Lorca en las universidades, agricultores que salvan sus campos a pesar de la política injusta europea y que no proyectan sus frustraciones personales hacía los demás, osea Sapiens. Como dice mi mejor amigo de Sevilla: «si no sonríes te trataran mal, si vas de arrogante te trataran de tonto, si hueles mal no harás el amor». Esta perla milenaria quizás vale para todos los países. Viva Italia, viva España y el mundo de los Sapiens.
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