Cine y TV

El cine francés durante la Segunda Guerra Mundial

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Escena de Los visitantes de la noche. Imagen: Productions André Paulvé.

«Poder ver París ha sido el sueño de toda mi vida. No puedo decir cuán feliz soy al ver cumplido hoy este deseo», cuenta Albert Speer que le confesó Hitler tras su fugaz visita a la ciudad apenas se había producido la derrota francesa, y esa misma noche añadió: «¿No es París hermoso? Pues Berlín tiene que ser mucho más hermoso. He reflexionado con frecuencia sobre si París no debería ser destruido, pero será únicamente una sombra cuando hayamos terminado Berlín. Así pues, ¿para qué destruirlo?». El régimen nazi tenía un plan para cada territorio conquistado y el destino que le atribuía a París en concreto y Francia en general era el de languidecer sin prisa, mantenerla relativamente intacta para poder compararse con ella ventajosamente pero vigilando estrechamente sus pasos, especialmente en un ámbito singularmente importante para su ideario como era el de la cultura. Como dijo Goebbels poco después a la embajada alemana en París: «El objetivo de nuestra victoriosa campaña es poner fin a la dominación francesa de la propaganda cultural, en Europa y en el mundo». A ello se pusieron casi de inmediato.

El Departamento de Propaganda que organizaron los ocupantes reclutó a mil doscientas personas y debía filtrar meticulosamente toda la vida cultural francesa, distribuyéndose a través de seis secciones: radio, cine, prensa, literatura, propaganda activa y por último cultura, en la que se englobaban actividades como el teatro, los conciertos, la pintura y el ocio nocturno. Su finalidad, además de ahormar la producción cultural de acuerdo a sus postulados ideológicos, era la de promover la cultura alemana en Francia y facilitar el saqueo artístico del país. Unas tareas que no resultaban novedosas pues antes siquiera de que empezase la guerra el Tercer Reich ya disponía de una red de infiltrados y llevaba gastados unos trescientos millones de francos en sobornar a la prensa francesa. Así que la adaptación mutua fue relativamente sencilla, aunque merece la pena centrarse en los roces y las excepciones.

El ámbito musical fue el que proporcionó unas relaciones más fluidas entre ocupantes y ocupados. Desde compositores de música clásica como Marcel Delannoy hasta cantantes populares como Édith Piaf fueron invitados a actuar en territorio alemán, y a su vez directores de orquesta alemanes como Herbert von Karajan dieron conciertos en París, donde obras de compositores tan vinculados al nazismo como Wagner se interpretaban de forma habitual. De hecho la quinta parte de las butacas de la Ópera de París estaban reservadas para los soldados alemanes. No es sorprendente que estos se sintieran como en casa y que consideraran el París ocupado un periodo vacacional del que descansar de la guerra en el frente oriental. La pintura fue, por el contrario, la gran damnificada por la ocupación. El museo Jeu de Paume se convirtió en un depósito en el que reunir las obras francesas a expoliar para ser enviadas a otra galería, la que Hitler proyectaba crear en Linz, aunque el mismo Göring se pasaba por allí con frecuencia para acrecentar su colección particular. Curiosamente la conservadora que dirigía el museo era miembro de la resistencia y comunicaba a sus compañeros cada envío (unas veinte mil pinturas en total) para evitar que fuera destruido por los saboteadores de ferrocarriles.

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Un comentario

  1. Muy interesante. También sería interesante la historia de las películas alemanas que se exhibieron en los países ocupados. Por ejemplo, Bel Ami, que se estrenó en París en 1941, con gran éxito de crítica y público. La canción «Bel Ami», del gran Theo Mackeben, de la que se han hecho numerosas versiones, fue todo un hit en la época. Aquí cantada por la protagonista Lizzi Waldmüller (ser adorable que murió en un bombardeo Aliado en Viena al final de la 2ª Guerra Mundial):
    https://www.youtube.com/watch?v=USRu1AIZcFw
    Si no me creen que es adorable mírenla en este musical filmado poco antes de morir: https://www.youtube.com/watch?v=-zR1E6JgXMc
    El «galán» que la acompaña, Johannes Heesters, murió hace poco a los 108 años. Cosas de la vida.

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