Opinión Vuelva usted mañana

Tsevan Rabtan: Semen surrealista

Hace unos días me llamó mi agente (sí, desde que escribo en Jot Down tengo agente) algo alterado:

– Joder, Tsevan, te has pasado. Tal y como vas no te va a leer nadie.

– ¿De qué hablas?

– Hombre, vale que quieras ser riguroso y eso, pero no pongas citas en latín, que espantas a los lectores. Ojo, me encantó el artículo y lo de la justicia apestosa y demás, pero hay que tener, no sé, un poco de visión comercial.

– Bueno, ¿qué me recomiendas?

– Yo no te diré de qué tienes que escribir, pero intenta incluir de vez en cuando alguna anécdota divertida. Algo chocante y surrealista. Eso se lleva mucho ahora, incluso en los autores más serios, no creas.

-Vale, lo intentaré.

– Ah, y no metas nada en latín.

-Bueno, tú sabes de esto más que yo. El caso es que hace poco me pasó algo gracioso con el semen de un testigo y podría servirme como ejemplo para hablar de unos números…

– Eso, eso, cuenta algún número surrealista, y ahora perdona que tengo esperando a un autor en la otra línea.

Soy una persona fácil de convencer. Además, es cierto que los asuntos que a uno le parecen interesantes pueden resultar estupefacientes para el resto de los mortales. Antes de la conversación con mi agente había pensado en utilizar como tema los números subnormales,  pero las prohibiciones contenidas en el Libro de Estilo de Jot Down me hacían dudar, así que el consejo de mi agente me ha sacado del atolladero: hoy les hablaré de los números surrealistas.

Así los conocí cuando supe de ellos por primera vez. Los matemáticos españoles los llaman surreales (denominación seguramente mucho más adecuada, por eso de ser serios), pero prefiero el término “surrealistas” por motivos comerciales, ya que de esa forma captaré la atención de los aficionados al arte, la literatura, el cine en sueco y la política en general.

Los matemáticos son unos tipos raros, siempre pensando en el rigor y tal. Eso podría parecer algo bueno, si no fuera porque quieren fundamentar cosas que a los demás nos parecen evidentes. Por ejemplo, se empeñan en crear un mecanismo de generación de los números naturales (esos que usamos para contar), cuando todos sabemos que el asunto es sencillo: añades una lenteja cada vez y ya está. Y si se acaban las lentejas no pasa nada, usas las anteriores, que para eso tenemos capacidad de abstracción. Ellos no. Los matemáticos lo hacen todo mucho más difícil.

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Un comentario

  1. Björgólfur Thor Björgólfsson

    Un gran texto. Tiene Vd. talento.

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