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Karmelo C. Iribarren: «Puedes matar un poema por querer hacerlo perfecto»

Karmelo C. Iribarren para JD 0

Karmelo C. Iribarren (Donosti, 1959) escribe apartando las palabras, hasta que el poema comparece desnudo. Durante muchos años, en los que escribía y guardaba los versos a una carpeta, se sintió el poeta feo que renegaba de la retórica y las metáforas. Recorrió los años ochenta en solitario, lejos de cualquier círculo literario, y solo cuando cumplió treinta y seis años, y era ya un poeta formado, publicó su primer libro. La crítica lo ignoró durante mucho tiempo. Pero su poesía urbana se abrió paso. Tiene muchos lectores, que ante sus versos se sienten los protagonistas del poema. Las ediciones de sus libros se suceden. Vende. Es citado. Estuvo al borde del abismo, aunque hoy ya no bebe ni fuma. Esta entrevista es el resultado de tres horas de conversación en la que consumió cinco cafés solos y seis chicles de nicotina. Empezó en la cafetería del hotel Londres de Donosti, donde escribe habitualmente, y acabó en el bar Akerbeltz, en el que enterró dieciocho años de su vida antes de traspasarlo, mezclando poesía y resaca.

«Yo estaba meando / cuando me dieron / la noticia. Tenía siete años. / Se me acercó un chaval / por la espalda, / y me lo dijo».

Es el comienzo de un poema que habla del día que te anunciaron la muerte de tu padre, y que tiene setenta y cuatro versos, uno de los más largos que has escrito nunca en Serie B.

Es como un cuento, casi.

¿Cómo fue tu infancia hasta ese momento?

No tengo muchos recuerdos de mi padre en casa. Antes de morir, mi padre ya llevaba tiempo enfermo; había tenido un accidente de tráfico que lo había dejado con una vértebra rota, se pasaba el tiempo en los hospitales. Pero su muerte tampoco me influyó demasiado.

¿Tu infancia fue feliz?

Sí, normal. Fue una infancia un poco desordenada. Me acuerdo de que pasaba mucho tiempo en la calle. De hecho, después, cuando dicen que en mi poesía hablo mucho del tiempo que hace, de la temperatura, del clima, siempre explico que es porque fui muy consciente de eso desde muy niño. Creo que tuve una infancia más o menos normal, hasta que mi padre desapareció de escena.

¿Dónde estudiabas?

El primer colegio era de monjas, aunque creo que también había curas. Estaba cerca de casa. Estuve un año o dos.

¿Los profesores eran severos?

No tengo malos recuerdos de aquellas monjas. Cuando murió mi padre, mi madre se quedó con cuatro hijos, y la pobre cayó enferma. Menos a mi hermana, que se quedó con una tía, a los otros hijos nos metieron en un orfelinato. Y eso que en mi familia, por parte de uno de los abuelos, tenían algo de dinero, pero en estas ocasiones todo dios escurre el bulto.

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9 comentarios

  1. Buen tipo. Buscaré sus poemas.

    • Hazlo y no te quedarás defraudado. Poeta de lo cotidiano, que con dos frases aparentemente simples es capaz de trasmitirte una sensación, un estado de ánimo, un aforismo que te permite visualizar aquello que tenemos delante de las narices y en lo que no habiamos reparado por parecernos un asunto banal. Karmelo lo convierte en trascendente, en vital, sin el postureo de otros poetas.

  2. Fui una amiga del hermano que murió. Este me solía comentar lo bien que escribía su hermano pequeño, un niño todavía. Después de tantos años, y habiendo leído algo suyo me acuerdo de mi amigo y le doy la razón. Pero entonces no lo creía, pensaba que era cariño a su hermano pequeño Karmelo que no le iba la física de sexto. Recuerdos.

  3. Winston Smith

    Siempre me gustó tu poesía. Un abrazo.

  4. Muy buena entrevista. Lean a Karmelo, merece mucho la pena.

  5. Pingback: “Seguro Que Esta Historia Te Suena. Poesía Completa (1985-2015)”, de Karmelo C. Iribarren (Renacimiento). – dime lo leído

  6. Pingback: Poesía de diez – Club de Lectura Virtual

  7. Pingback: Ahí, en tu rostro - Laralarala Musica

  8. Carlos de la Peña

    Buena entrevista. He leído «Diario de K», muy recomendable. La presencia del entrevistador, Juan Tallón, también ayuda.

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