Destinos Ocio y Vicio

Taklamakán: biografía del desierto

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Vista del sesierto de Taklamakán cerca de Yarkand. Fotografía: Colegota (CC).

De manera que usted, joven insensato, aspira a ingresar en nuestra humilde comunidad monástica. Bueno. De entrada, le felicito: no abundan los individuos que, en tiempos tan nihilistas, se deciden a abandonar la acción y abrazar la contemplación. Pero antes de abordar los oportunos formalismos, permítame tratar de disuadirle, como es costumbre entre nosotros antes de aceptar la solicitud de un novicio.

Si nos hacemos llamar los Guerreros del Desierto es porque, en el plano espiritual, luchamos contra nuestros propios egos, para matarlos y transmutar nuestro espíritu en un desierto lleno de esa gran nada llamada Dios; pero también porque en el plano físico vivimos en el corazón de un desierto.

Seguro que piensa usted que sabe lo que es un desierto, pero yo sé que no es así porque muy pocos lo saben. Pero descuide, que yo se lo explico. Esta será la primera enseñanza que recibirá de mí, el más anciano de los Guerreros del Taklamakán.

*****

En el libro In den Wüsten dieser Erde [En los desiertos de la Tierra], el documentalista y escritor alemán Uwe George considera el desierto como el estado natural de nuestro planeta, y el mundo contemporáneo, animado con plantas y animales, como un corto entreacto. Por el momento, que yo sepa, nadie ha rebatido tan arriesgada afirmación. Lo que sí sé a ciencia cierta, porque incluso a estos andurriales llega el demonio de internet, es que, cada día, el desierto universal se expande más y más. Según un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente titulado La perspectiva global de los desiertos, «casi una cuarta parte de la superficie terrestre de la Tierra —unos 33,7 millones de kilómetros cuadrados— se ha definido como desierto». Pese a que en esos lugares inhóspitos, especialmente en sus oasis, viven más de quinientos millones de personas, amén de incontables animales y plantas, hay vastas zonas deshabitadas. Y cada vez más: el espacio yermo avanza de forma implacable año tras año. Tan solo en el país del que usted procede, España, el 80% del territorio está en riesgo de convertirse en desierto. Y con la inestimable ayuda de ese gran agente desertizador que es el ser humano, llegará un momento en el que el mundo vuelva a ser tal como era antes de la creación: un redondo secarral deshabitado dando vueltas tontamente alrededor de un sol cansado de brillar.

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8 comentarios

  1. Muy bueno. Dan ganas de adentrarse en las arenas y desaparecer…

  2. Me ha encantado el enfoque de este artículo. Aunque después de la referencia al desierto como la sublimación de la libido no puedo evitar acordarme de los desiertos de Moebius, que de algún modo le dan la vuelta a este enfoque del arenal interminable como reino de la abstracción y la contemplación de lo eterno y lo transforman en un lugar uterino, fecundo y que nos conduce a lo orgiástico. ¿Qué cosas podrían no ser posibles en el desierto B?

  3. Este tipo de narración con dos niveles de información, uno de aventura y el otro de divulgación científica tiene su encanto, y por esto agradezo al autor por el momento de lectura. Leyéndolo me ha hecho recordar el desierto de la Patagonia, viento continuo, un cielo siempre celeste jamás cruzado por nubes, lomas y lomas de arenilla y matas secas, sin alma viva, donde jamás civilización alguna sentó sus reales. Muchas gracias.

  4. Muy bueno el artículo, solo una pequeña pega que molestará a todo sinólogo, la región autónoma donde se encuentra el Taklamakan se escribe Xinjiang, usted ha utilizado el antiguo sistema de romanización que ahora está en desuso en favor del sistema pinyin que es el que lleva usándose desde los años 80.

  5. Me encantaría pasar algunas noches en el desierto. En cualquier desierto, aunque este en el que se encuentran momias enterradas me parece muy atrayente. El desierto es sin duda metáfora de la eternidad que habita en nosotros. Me gustaría apuntar que ningún dios vengativo nos destruirá del todo puesto que, como bien sabe el autor del artículo, Dios también somos nosotros y Dios no puede destruirse a sí mismo…no?

  6. «Nosotros, los místicos, nos adentramos en nuestros espacios interiores porque son profundos e ilimitados y llenos de estrellas brillantes y también de tinieblas: ahí dentro todo es posible, todo horror y toda gloria.»

    Genial.

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