
Este texto está libre de spoilers importantes.
John Hillcoat revisa en un monitor la escena que acaba de rodar tras ser advertido por uno de sus asistentes de que algo chirría en la toma. La pantalla muestra una conversación entre dos personajes que caminan hacia un coche, una secuencia que durante las últimas horas se ha repetido en numerosas ocasiones en los alrededores de una vivienda plantada en medio de un desierto helado. La asistente de dirección pausa la imagen y señala en el monitor un problema fugaz pero doloroso: durante una fracción de segundo la cámara se refleja en uno de los cristales del vehículo. Es un pequeño gazapo que pasaría de puntillas para la mayor parte del público, pero Hillcoat, tras masticar las posibilidades, se recoloca la capucha y anuncia a su cuadrilla de rodaje que es necesario repetir la secuencia una vez más. Entretanto, comienzan a caer copos de nieve y varios miembros del equipo encargado de adecentar el decorado contemplan el cielo con desconfianza; están armados con escobas, mangueras o cubos de agua y se temen lo peor mientras sus bufandas acumulan suspiros. La noche anterior se desató en el lugar una de las tormentas más potentes de los últimos años, las montañas amanecieron cubiertas de nieve y transformaron por completo el paisaje convirtiendo el entorno en una amenaza para la continuidad narrativa de la historia. Ante la nueva nevada, el racord demanda que un par de chicos se dispongan a barrer una vez más el camino mientras el director de La carretera se prepara para grabar de nuevo. Estamos en una casa perdida en lo profundo de Islandia. Se está rodando «Cocodrilo», uno de los episodios de la cuarta temporada de Black Mirror.
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Charlie Brooker estrenó Black Mirror en 2011 con tres capítulos que llegaron remojados en un nihilismo emocional y tecnológico fascinante. En 2013 volvió a la carga con otro trío interesante pero menos redondo. Un año después, celebró la navidad con un fabuloso capítulo especial que en realidad eran varias historias cosidas entre sí, y finalmente amplió presupuesto y aspiraciones al aliarse con Netflix y producir dos nuevas temporadas de seis episodios cada una. La tercera se estrenó el año pasado, la cuarta lo hace ahora mismo. Annabel Jones, coproductora y coculpable junto a Brooker de estos reflejos oscuros, es consciente de la suerte que tienen: «Es un auténtico privilegio ¿Por qué iba alguien a producir este show? Tendrías que ser un verdadero masoquista».
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Me ha parecido advertir un gazapo en el capítulo “Arkangel”.
La niña empieza siendo zurda y acaba siendo diestra.
Por lo demás el carácter obsesivo y sobreprotector de la madre es enfermizo.
Un saludo.
Pingback: Black Mirror: nueva temporada; pocas sorpresas – Doblando tentáculos
Para mi ha sido la temporada mas floja y de largo. Solo el primer capítulo y el último mantienen un poco el nivel acostumbrado.
Comparto la opinión de arriba, y añado, que ha perdido su espíritu visionario y capacidad de dejar al espectador boquiabierto.
Se han vendido a Netflix y éste les ha ganado la batalla..
Esta es la peor temporada de Black Mirror. Me atrevo a decir además, que el autor del artículo es muy blando con cada uno de los episodios. Quizás los únicos rescatables son, U.S.S Callister y Hang the DJ, los demás son un completo bodrio, que enaltecen la violencia. Como el de Black Museum, donde la protagonista asesina a un hombre, para salvar un holograma (?) Lo peor es que está muy mal contada. En fin, murió Black Mirror como lo conocemos, solo nos queda disfrutar de las tres primeras temporadas.
Exageraooo.Es cuestión de distintas apreciaciones, cuestión de gustos. Personalmente me parecen buenas todas las de la cuarta temporada, siendo USS CALLISTER extraordinaria