Imprescindibles: Black mirror - Jot Down Cultural Magazine

Imprescindibles: Black mirror

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Quizá la mejor manera de enfrentarse a los tres capítulos de Black mirror sea sin saber absolutamente nada sobre los mismos. Visionarlos sin haber sido contaminados por tan siquiera una sinopsis previa. Obviamente llegar virgen y puro a la proyección reforzaría el impacto de la obra y por dicho motivo la primera recomendación lógica sería invitar al lector a saltarse este texto y lanzarse sobre la miniserie en el caso de que no lo haya hecho todavía. Pero del mismo modo, y a sabiendas de que muchas veces son necesarios incentivos para dedicarle más de cuarenta minutos a algo en lo que no rueda una pelota, durante estas líneas se intentará explicar a los rezagados qué es lo que ofrece Black mirror y, sobre todo, examinar sus tres capítulos sin reventarlos en la medida de lo posible, esquivando el spoiler y reservando el sitio para la sorpresa, pero al mismo tiempo tratando de inocular el interés.

Charlie Brooker es un caballero británico que con su pluma tiene la elegante y envidiable capacidad de incomodar a demasiada gente. De hecho, además de caballero y británico el hombre es bastante cafre y gamberro. Y gusta de rebozarse en sus principales filias (la tragedia humana, la televisión y el videojuego) amparado por la sátira y haciendo gala de un humor bastante corrosivo y cabrón.

Brooker comenzó ejerciendo de dibujante en Oink! para a continuación trabajar como redactor y encargado de una tira cómica en las páginas de Pc zone, una famosa revista de videojuegos donde, además de una sección en la que insultaba a los lectores que se animaban a escribir al magazine, consiguió la loable meta de causar polémica y que se llegaran a retirar números de algunos kioskos al bromear mediante una ilustración con el salvajismo contra los animales a costa de Tomb Raider. Más adelante saltó al periódico The Guardian como afilado columnista. Y siguió liándola: finiquitó un artículo sobre el presidente George W. Bush con la provocativa línea “John Wilkes Booth, Lee Harvey Oswald, John Hinckley Jr. ¿Dónde estáis ahora que os necesitamos?” y aquel chiste de tosco grosor le reportó una colina de entrañables amenazas de muerte. Brooker aseguró que no esperaba una reacción tan desmesurada mientras se aflojaba el cuello de la camisa, pero continuó con bastante éxito (Columnista del año en los British Press Awards del 2009) plasmando opiniones e idas de pinza varias (como la sección Ignopedia, una wikipedia en versión ignorante) en el mencionado periódico y su suplemento.

También comienza a pasearse por radio y sobre todo a través de varias franjas de la televisión como guionista, presentador o mente creativa. Facturó Screenwipe, Newswipe y Gameswipe, programas donde revisaba con un tono bastante mordaz la programación de la parrilla televisiva, los medios de comunicación y los videojuegos respectivamente. También destaca en su currículo el haberse aliado con otro provocador irreverente como es Chris Morris (a quién quizá conozcáis por su papel en The IT Crowd) para escribir la serie Nathan Barley y sobre todo para firmar parte del pasadísimo guión de un épico capítulo de Brass eye, una serie de falsos documentales satíricos creada por Morris. Concretamente aquella entrega que llegaría a desencadenar toda una tormenta de polémicas e iras de figuras públicas: el especial pedofilia. O una sorna de genial título alternativo (Paedogeddon) sobre la psicosis e hipocresía de los medios de comunicación ante la pedofilia. Y mientras todos rugían, ellos tan anchos por lo irónico que acabó resultando todo el asunto.

En 2008 Brooker salta a la fama adquiriendo cierta repercusión mundial al idear una nueva serie de cinco capítulos que surge de una idea bastante chalada: mezclar el cine de terror con la particular visión que el mismo tiene del entretenimiento catódico moderno. Nace Dead set, o lo que es lo mismo: Gran Hermano con zombis. La idea tiene miga y guasa; una invasión zombi se propaga entre las gentes y causa lo típico en esos casos de fenómenos naturales desatados: muertos vivientes a granel, alegre pandemia y allá te lo montes luchando para que nadie te coma el culo. El pánico se apodera de toda la población. ¿Toda? No. Un irreductible grupo de concursantes de Gran Hermano, completamente ajenos al apocalipsis zombie, continúan en el interior de la televisiva casa participando como si el programa no hubiese pasado a un segundo plano en lo que viene a ser el interés popular prioritario. La inaudita propuesta convenció hasta al más incrédulo del sector crítico y fue nominada a un BAFTA como mejor serie dramática.

Y llegados a finales 2011, el gamberrete de Brooker se saca de la manga para Channel 4 otra serie de breve extensión (tan sólo tres capítulos) titulada Black mirror. La productora se encargaba de promocionarla como una especie de The Twilight zone (aquí conocida como Dimensión desconocida o En los límites de la realidad) mezclada con los Tales of the unexpected de Roald Dahl en versión tecnológica. No era, en absoluto, una mala carta de presentación.

El “black mirror” del título se refiere a ese espejo tintado que son las pantallas de los monitores de nuestros ordenadores, de nuestras televisiones, de nuestros teléfonos móviles y de todos aquellos aparatos domésticos que han llegado a adquirir tanta importancia en la sociedad. Dicho título, y por tanto el simbolismo tecnológico que representa, es lo único que tienen en común los tres capítulos, puesto que ni comparten personajes, ni lugares, ni eventos y ni siquiera el mismo plano de la realidad. La serie además se caracteriza por dejar a un lado cualquier indicio de comedia pura y centrarse en el drama visceral. En realidad, en el tono general de la obra, una ironía pesimista y muy cruel, parece dedicarse a darle una paliza continua a toda felicidad que trate de asomar la cabeza. Lo cual en el fondo, y desde un punto de vista muy sádico, tiene bastante gracia.

Black mirror es, en tan sólo tres capítulos autoconclusivos e independientes, potente y contundente. Una sátira moderna que impacta y una puesta al día de aquel aire fantástico que tenía la Dimensión desconocida utilizando la obsesión por la tecnología como motor y excusa.

Black mirror es una patada en la entrepierna con saña y alevosía mientras tú estabas tuiteando que te encontrabas a punto de recibir una patada.

Capítulo 1: El himno nacional

Guión: Charlie Brooker.

Director: Otto Bathurst.

El primer capítulo transcurre en un futuro no demasiado lejano y su trama nace y se construye en torno a una extorsión demencial que se nos desvela durante los primeros minutos de historia, un chantaje pasadísimo de rosca cuya principal demanda se encuentra en las antípodas de la sutileza y bien pudiese haber salido de una brainstorming de lo peor de 4chan. La perversa firma de Brooker en el guión resulta omnipresente. Lo más interesante de todo es que a partir de aquí el capítulo toma la férrea decisión de construir un thriller político totalmente en serio. Y lo sorprendente es que lo consigue sin tambalearse hacía lo puramente mundano y zafio, como hubiera sido de esperar.

El himno nacional cuestiona a los medios de comunicación y su papel en una sociedad que cada vez dispone más herramientas (twitter, facebook o youtube) para extender con suma facilidad y a la velocidad de la luz cualquier noticia e incluso forzar las decisiones de un gobierno a golpe de trending topic. Pero también aborda otras cuestiones: el valor de la dignidad humana, el deber de la figura pública, la existencia de una sociedad deshumanizada y abotargada ante un degradante espectáculo televisivo. Pan y circo. Con animales.

El capítulo funciona de manera inteligente en su base: tras el desquiciado arranque el espectador habrá mordido el anzuelo, y la consecuente maratón contrarreloj para abordar de un modo u otro la crisis le resultará como mínimo curiosa. Pero sus méritos van más allá; está narrado con destreza, convirtiendo en elegante algo que en absoluto lo es y manteniendo un pulso constante entre el drama y ese humor negrísimo que se respira. Rory Kinnear está patéticamente perfecto en su papel. El conjunto es una especie de The Thick of It en plan Historias Asombrosas pasado por un filtro jodido y demente en el que se alumbran algunos instantes brillantes, como aquel en el que la jocosidad de la población ante la situación acaba convirtiéndose poco a poco en compasión. Y una vez visto el capítulo, desde un punto de vista más lejano se hace presente que nos acaban de contar un chiste cruel, una fábula de sádica sorna, y que lo han hecho manera estupenda.

Pasatiempo mental propuesto: Imaginarse a ministros de este país condenados al mismo destino del Primer Ministro del capítulo y tratar de calcular cuántos de ellos lo harían. Cuantos lo harían por vicio, me refiero.

Capítulo 2: 15 millones de méritos

Guión: Charlie Brooker y Kanaq Huq.

Director: Euros Lyn.

La segunda entrega de Black mirror rompe de manera radical con la ambientación de la predecesora y nos introduce en un mundo aparentemente mucho más alejado en el tiempo y notablemente diferente al actual: todo es distópico, Orwelliano, y tecnológicamente grandilocuente. La presentación del entorno en el que malvive el protagonista es lo más llamativo por el ingenio desplegado: la publicidad violentamente invasiva en la vida diaria, el uso del sistema de puntuación que da título al capítulo e incluso el adoptar elementos de la actual generación de consolas de videojuegos para que la sociedad de ese mundo se vea reflejada en la pantalla de una manera que vaya más allá de lo meramente refractario. El reinado del monitor es todopoderoso y uno se pregunta cómo es posible que en ese futuro las personas no vayan armadas en todo momento con una garrafa de colirio debajo del brazo.

El guión (escrito mano a mano por Brooker y Kanaq Huq, su señora esposa) nos presenta una enorme maquinaria en funcionamiento, pero se olvida a propósito de quién está detrás de ella para contarnos las desdichas de un personaje que trata de sobrevivir intentando no ser fagocitado por el propio sistema. De repente, nos cuelan el referente televisivo contemporáneo: si en Dead set Brooker introducía Gran Hermano en la historia, aquí hace lo propio fotocopiando otro famoso concurso de masas popular y mongólico (el cual Huq conoce bastante bien en lo personal), pero dotándolo de tanta importancia como para que sea el detonante de los principales acontecimientos.

La parejita de guionistas firma una historia de ritmo pausado que insiste en fustigar de manera constante y cruel a su protagonista, un hombre que pedalea constantemente solo para descubrir que cualquier atisbo de luz al final del túnel acaba convirtiéndose en un tren que viene de frente. Ironías crueles, la sociedad como una masa maleable y conformista, los falsos ídolos y la naturaleza extirpada y digitalizada a través de una pantalla.

15 millones de méritos es el capítulo más complejo estéticamente pero el más flojo del conjunto por comparación; no tiene el poder de desencajar mandíbulas del primero ni el de jodernos la tarde del tercero, pero esto no quiere decir que sea malo en absoluto, en realidad está a un nivel muy superior a la mayoría de propuestas televisivas actuales. Quizá palidece junto a sus dos hermanos por recorrer caminos más transitados, por lo que la crueldad del cuento nos resulta más predecible al no resultar tan difícil aventurar el destino del protagonista tras decenas de años masticando sci-fi. Pero aún así funciona. Su producción está llena de ocurrencias ingeniosas y su libreto hila bien los detalles logrando también momentos notables: como ese infierno personal, al que es sometido el protagonista tras la participación de su amiga en el concurso, que convierte un visionado obligatorio de las pantallas en una desalmada condena.

También 15 millones de méritos sirve para descubrir que Rupert Everet sigue vivo, aunque le ha crecido la barba y ya está lejos de aquel entrañable Dellamorte Dellamore.

Capítulo 3: Toda tu historia.

Guión: Jesse Armstrong.

Director: Brian Welsh.

En Toda tu historia se construye la trama en torno a un revolucionario avance tecnológico que ha cambiado por completo la existencia de todo ser humano.

Este es el único capítulo que no escribe el creador de la serie y curiosamente el más redondo y eficaz. Su guión funciona como un puto reloj suizo. Baste citar la propia presentación del innovador artilugio y cómo se lleva a cabo de manera impecable en tres escenas consecutivas: mediante un viaje en taxi conocemos su existencia, en un aeropuerto descubrimos que su uso es universal, y por último durante una reunión de varios personajes entendemos sus aplicaciones sociales y cómo se utiliza comúnmente.

Y a partir de aquí se desata un tornado.

La brillantez se basa en construir el capítulo alrededor de este avance futurista, pero hacerlo ahondando en algo mucho más personal e íntimo que el mero relato fantástico. Tan personal como puede serlo una relación de pareja y sus problemas. La discusión, la desconfianza como germen autodestructivo, el temor a lo impensable, merendarse la cabeza una y otra vez repasando los hechos por pura obsesión y multiplicar esa incómoda sensación al entrar en juego el aparatito y la evidencia digital irrevocable, dudar de todo y sobre todo de la persona que tienes a tu lado. Toda tu historia empieza estupendamente pero coge carrerilla para ir a más, son cuarenta minutos desbordados de buenas ideas (el método para vigilar al hijo y a su canguro, el uso del aparato como argumento durante una discusión) y donde todo parece estar escrito o existir para encajar perfectamente en algún momento concreto del relato (la razón por la que una chica no consigue lograr por teléfono que la policía llegue a tiempo) remarcando la sensación de continuidad, lógica y mimo de este último cuento.

Y su epílogo, las últimas imágenes del protagonista tras la tormenta tienen un encanto visual sumamente desasosegante.

El tercer capítulo de Black mirror funciona como un reloj y aplasta como un martillo, los actores son competentes como para resultar totalmente creíbles y humanos, por eso mismo el agónico desenlace tiene el doble de fuerza. Y es de agradecer que de todos los caminos posibles a desarrollar una idea de ciencia ficción con tantas posibilidades se haya optado por el menos obvio, la pequeña escala, los sentimientos y la traición. Y se ha acertado de pleno. Es un broche perfecto a la trilogía televisiva de Brooker.

A todo esto hay que añadir que también contiene uno de los grandes momentos de la historia de la televisión reciente, un instante fugaz que aún así es oro puro: la escena del polvo. Ese encuentro sexual que se nos muestra es una ocurrencia tan brutal, pesimista, representativa y devastadora que una vez contemplado como mínimo habría que levantarse del sillón y enmarcar la televisión.

Esa televisión. Y su aterradora pantalla negra.

48 comentarios

  1. Buen análisis, aunque si que hay algún pequeño spoiler…

    Yo vi la serie sin saber de que iba (buenos amigos que tengo) y es de lo mejor que he visto en televisión desde hace mucho tiempo. Factura impecable, guiones buenísimos… mi favorito es el tercer capitulo, sin duda, aunque los tres tienen su encanto particular. Comentado la serie con un colega llegamos a la conclusión de que los capítulos son una crónica, un poema y una novela.

    • Me gusta vuestra “conclusión” final.

    • Genial su analogía final. Yo me quedo con el segundo capítulo (el poema), en parte por la carga visual que es bastante agresiva y sobre todo porque es el que da más miedo. A diferencia del primer y tercer capítulo, no hay ninguna opción de redimirse, ni socialmente (podría ser el caso del cap. 1) ni personalmente (caso cap. 3). Para mí el más flojo es el primero, tiene un arranque espectacular pero una resolución un poco tosca (hablando del ‘terrorista’). En cualquier caso las tres son importantes y tienen sentido en conjunto.

  2. Konnie Huq guionista de Black Mirror? Lo que engañaba, la chiquilla

  3. Efectivamente se trata de lo mejor que se ha hecho en televisión en los ultimos años. Es una lástima que se le haya dado tan poca repercusión por aquí, quizá por tratarse de una serie inglesa y no americana. Eso sí, lo que da más pena es saber que en España una serie como esa no pasaría ni del filtro de la producción…Es lo que tiene vivir en el país en el que la audiencia la marcan Belén Esteban y las series casposas.

    http://noteniabillete.blogspot.com.es/2012/01/black-mirror.html

    http://noteniabillete.blogspot.com.es/2012/01/black-mirror-15-million-merits-2.html

    http://noteniabillete.blogspot.com.es/2012/01/black-mirror-entire-history-of-you-3.html

    http://noteniabillete.blogspot.com.es/2012/02/carencia-de-talento.html

    • Te sientas frente a un productor español y mientras le empiezas a explicar la trama del primer espisodio el, disimuladamente, aprieta un botón que tiene debajo de su mesa para llamar a seguridad.

    • Se ve que no has visto Crematorio, Qué pasó con Jorge Sanz, Plutón BRBnero… Son series de calidad, y españolas. Y hay bastantes más, pero desgraciadamente poco famosas.

  4. Gracias por la primera frase. He parado de leer al terminarla y no pienso seguir hasta que vea la serie. Nunca perdonaré a Vargas Llosa el artículo sobre The wire que escribió para El País…

  5. Coincido en alabar la primera frase. En general me gusta ver así las series y películas: huyo de trailers, artículos y hasta conversaciones para no saber nada de nada. Nunca lo he agradecido tanto como con Black Mirror.

    Mi preferido es el primero. El segundo es un pelín más flojo, y con él entro en la categoría de GRAN SPOILER (huid, insensatos) para plantear una duda/reflexión:

    Al final del capítulo el protagonista apaga su ordenador y queda en una habitación blanca. A su alrededor hay un par de objetos que nos señalan su cambio de status. Si no recuerdo mal, un zumo y un pingüino de cerámica en vez de aquel de papel que ella le regaló una vez. En la última toma está de pie, frente a un gran panel en el que se ve un inmenso bosque. Me pareció un golpe genial: el tipo, a costa de todo aquello en lo que cree, sólo (¿sólo?) obtiene una caja más grande, con lo que yo entendí como una “televisión” más grande, y si se quiere, de mejor “calidad”, ¡hasta puede que sin anuncios!.

    Pero un amigo discrepa y afirma que ese panel es en realidad un ventanal y lo que ve es el mundo exterior, que en realidad sí ha dado el salto y pertenece a esa casta superior “que sale en la tele”. Ahora no encuentro el vídeo, sólo volví a verlo una vez y la imagen del bosque tras el panel/ventana no me sacó de dudas. ¿Alguna opinión, con perdón por el ladrillo?

    • Me sumo a los arriba firmantes. Paré de leer con el primer parrafo y me la he comido bien agusto. Pepino de serie, tremenda. El mejor el tercero, claro está, pero me gustaría reinvidicar el segundo que es el que más “palos” se está llevando. Es una gran y aterradora muestra de ese futuro distóico no tan lejano.

      Raúl, yo creo como tú, que simplemente es una habitación más grande y quizás con alguna otra ventaja, pero en ningún momento me pareció un ventanal.

      De acuerdo con Diego Cuevas, la escena del polvo me dejó catacroker.

    • Lo que consigue el protagonista es más resolución (o más megapíxels)

    • Yo lo tengo claro. Para mi solo es caja mas grande. Y ya lo debatiremos.

  6. De acuerdo “imprescindible”.

  7. La serie es muy buena, estoy de acuerdo. También el segundo me pareció el más flojo y el tercero el mejor. De lejos, además. El comienzo del primero es como un golpe en la mandíbula, sin embargo, me pareció poco creíble que una sociedad reaccione de esa manera. No pude evitar comparar en mi cabeza el chantaje al gobierno con el asesinato de Miguel Angel Blanco. Aún así, hay algo que no he logrado entender en ese episodio y que lo cambiaría todo: ¿cómo es posible que nadie distinga el dedo de un hombre del de una princesa?

  8. Pues después de ver la serie (yo también paré de leer el artículo después de la primera frase), la verdad es que esperaba más, me pareció demasiado irregular.

  9. Desde luego es de lo mejorcito en mucho tiempo. Una visión del futuro tan desgarradora acojona, pero te hace que abras los ojos. Me encantaron los tres capítulos y es recomendable 100%.

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  11. No es por llevar la contraria, pero de los 3, me quedo más con el segundo. En cuanto a calidad no podría dictaminar cual de los 3 episodios ha sido mejor, cada uno es diferente, y plantea distintas cuestiones. Llega un punto que están tan bien hechos que todo se reduce a cuestión de gustos.

    El tercero suele ser el favorito, y es inmejorable, cuestiona de forma sublime los problemas éticos de ese modo de vida que protagoniza ‘el grano’: por una parte puede resolver cualquier crimen, quien infrinja la ley no quedará impune, con lo que, probablemente, ese futuro será un futuro con un índice de criminalidad casi nulo, posee gran variedad de ventajas biológicas que más de uno envidiaría, pero, ¿Es ético? ¿Es bueno al fin y al cabo? Cómo se observa en el episodio, y de forma magistral, es que en ese mundo, ya no existen los secretos, y a veces la verdad no es conveniente.

    Sin embargo, el tercer capítulo es eso, es moral o no un artilugio así. Además no parece un futuro muy lejano. Pero el segundo plantea una cuestión, que a mi parecer es más pura. Bueno, en realidad son varias cuestiones, una de ellas es el cambio a una vida artificial, falsa, y sobre todo, carente de toda libertad. Futuro desalentador, en este aspecto va más en linea con el tercer capítulo. Pero añade un elemento más, que considero humano, esa rebelión contra el sistema, esa proclamación de lo auténticamente verdadero, reflejada en esa chica y esa canción que le cantaba su abuela, chica que después sucumbe y queda totalmente mancillada. Pensar que el protagonista se enamoró de ella y tiene que soportar ver esas imágenes, ver algo tan puro reducido a la misma mierda de siempre. Después escuchamos su desgarradora voz a punta de cristal, era un mensaje a todos los que están en su condición. Pensamos que ese mensaje esta hecho de puro idealismo, yo creía que cuando le ofrecían entre una vida mejor (¿realmente mejor?), nada o el suicidio, pensé que se iba a suicidar pero no, todo ese idealismo acaba perdiendo la partida una vez más, nos damos cuenta que ese mundo seguirá siendo el mismo, y que de hecho su mensaje no llega a nadie, su cerebro ha sido lavado. Y el de nuestro querido protagonista, al final, también.

    • Totalmente de acuerdo; Mi favorito es el 2,que es el que todo el mundo cataloga como mas ”flojo”, pero que sin embargo a mi me parece el mas aterrador…

  12. He llegado a la serie tan virgen como ud. pide. La vi ayer en Cuatro, donde el tercer episodio fue emitido en segundo lugar y viceversa.
    La serie me parecio muy buena pero no genial.
    El primer episodio parte desde un punto tan alto que es imposible que no vaya hacia abajo. El final es un tanto precipitado y mal contado ¿por qué se suicida el terrorista?
    El de las bicis, para mi en el mejor en contra de su opinión. Una metáfora cruda de nuestra vida. Las bicis son el trabajo, los puntos son el dinero. El concurso la posibilidad de salir de la condena. La chica, el riesgo que asumes de ser triturado por la máquina. El chico es manipulado rápidamente por la perversión del sistema. Brillante.
    El tercero, también muy bueno, ¿quién podría soportar vivir con una memoria tan buena?
    Me gustó.

    • El secuestrador trataba de llamar la atención con el secuestro de la princesa, no quería que el acto sexual se llevase a cambio (de ahí que la suelte 30 minutos antes) solo cuando ve que NO hay nadie en en la calle para ver la liberación de la princesa y que todo el mundo está pegado a las pantallas de sus televisores por el puro morbo de ver al Primer Ministro, es cuando se da cuenta de lo profundamente podrida que está la sociedad por lo que decide quitarse la vida.

  13. Maravilloso resumen. Creo que es de lo mejorcito que he visto y encima relacionado con un género (Sci Fi) que no siempre tiene representaciones tan brillantes como esta, en la categoría de series televisivas.
    Una pena que solo hayan hecho 3 capítulos.

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  17. Acabo de ver los tres episodios y quedé impresionado!
    cuando la ciencia ficción es encarada de una forma tan introspectiva y _visceral_ es tan real, tan posible… muchas gracias por esta recomendación, tremenda!
    Los leo desde Bogotá

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  21. La serie es de lo mejor televisivamente hablando de los últimos años. Cada capitulo único y diferente nos ofrece un punto fatalista de la tecnología. Hace más de un año tuve la oportunidad de ver los tres capítulos del tirón y me quede tan fascinado que tuve que hacer un humilde análisis: http://giogarcreativo.blogspot.com.es/2012/01/black-mirror-el-lado-ocuro-de-la.html

  22. Pingback: Imprescindibles: Black mirror de Charlie Brooker

  23. Coincido completamente con Diego Cuevas que el segundo es el más flojo, aunque los comentarios hayan ido en otro sentido. Sin embargo, creo que el primero es el mejor sin lugar a dudas. A mi me dejó seca durante un buen rato, pensando en lo que había visto.

    ATENCIÓN SPOILER. A partir de aquí voy a contar muchas cosas del primer capítulo.

    Sí, el tercero habla de los límites de la privacidad, de si es bueno olvidar. Buenísimo el sacar a un personaje que ha decidido dejar de vivir así.
    Creo que el primero habla de muchos temas. El papel de la monarquía. De esos personajes ‘elegidos’ por el pueblo (recordemos que la Reina Elisabeth II tuvo que rendir ‘tributo’ al recuerdo de alguien que ya no formaba parte de la familia real).
    Habla del papel del Primer Ministro, de cargo más alto político de un país en relación a la monarquía.
    De las redes sociales, twitter y youtube, y su creciente influencia.
    Habla de nuestra sociedad ansiosa de morbo que se reúne toda en pubs a ver el ‘show’. Aunque eso es más propio de la sociedad anglosajona, no quita que en España se hiciera de otra manera, en casas, en bares, o en pantallas gigantes en la calle.
    También toca el tema personal e íntimo de la relación del Primer Ministro con su esposa. De cómo ella se siente ninguneada, presionada por una sociedad que le pide que sacrifique a su marido. Y él se tienee que plegar a su cargo. Y no lo superan. Después de un año, ella no le ha perdonado. Su matrimonio está roto.
    Pero sobre todo, habla de los límites del arte. No entiendo por qué se ha hablado del ‘terrorista’. Es una obra de arte que un año más tarde es calificada por unos de los mejores críticos de arte como lo mejor en lo que va de siglo. Es una performance en la que todo el mundo toma partido. El artista plantea un debate, presiona a la sociedad, la monarquía y el ejecutivo a tomar parte. Y lo hacen. Después de eso, el hecho del suicidio es para mi parte más de la performance. No quiere que se hable de la investigación, posterior juicio. Confiesa su objetivo y se ‘retira’. Quiere que la gente se plantee cuál fue su papel en esa performance.

    Por todo ello lo consideré siempre el mejor.

    Gracias por el artículo y por descubrirme más de Charlie Brooke. Yo también vi la serie sin tener ni idea de nada y coincido también que es la mejor manera.

  24. Channel 4 o 4oD la misma cadena que acaba de dar la segunda parte de Black Mirror, 3 nuevos episodios al nivel de los 3 primeros para mi gusto, ha sacado esta otra mini serie que podría haber firmado Brooker:

    http://www.channel4.com/programmes/utopia/4od
    Utopia.
    Comic, influencia de Alan Moore, internet, vigilancia, Estado policial, para-estados, pesadillas orwellianas y huxleianas (sorry), altered states, genetica, ciencia, humor… es una gozada.

  25. Pingback: Black Mirror | Te Lo Digo En Serie

  26. Es estupenda la serie.

    Saludos

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  33. El tercero trata sobre la memoria y los temas que se mencionan en el texto son secundarios

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  35. Buen resumen, la verdad que me ha gustado la síntesis que has echo. un saludo

  36. Discrepo. Vistos los 6 capítulos de las dos temporadas de “Black Mirror”, mi capítulo favorito es el de “15 millones de méritos”. Porque más allá de la visión somera que algunos hacéis, yo veo en él crítica hacia la absurdez del trabajo por el dinero, de dicho dinero como entelequia irreal, de la narcotización social por medio de la tele e internet, de la alineación del individuo ante la falsa felicidad consumista, de la falsa meritocracia en la que nos quieren hacer creer (y que realmente no existe), y de cómo el sistema es capaz de reabsorber lo que le echen…. ¡Coño, si hasta sale el hijoputa de Risto Mejide y el papel de lacayo que realmente desempeña!

    Un capítulo fabuloso con muchos niveles de lectura. Realmente acojonante. Mi favorito, sin duda.

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