Cae la tarde sobre las inmediaciones de Waterloo, en la víspera de la gran batalla. El destino de Europa está en juego sobre la campiña belga. Será la culminación de los fabulosos Cien Días, tres meses en los que Napoleón Bonaparte pasó de apearse de una barca en una playa del sur de Francia, sin corona ni ejército, a poner la Historia patas arriba por segunda vez. Porque es la segunda vez durante su extraordinaria biografía en que asciende desde la nada hasta lo más alto; ya lo perdió todo una vez y ahora vuelve a jugárselo a una sola carta. La batalla que todavía no tiene nombre —será el Duque de Wellington quien tiempo después la bautice como “batalla de Waterloo”, entre otras cosas porque era un nombre fácil de pronunciar para los británicos— es la batalla en la que Napoleón se juega su destino, y con él, el destino de Francia y de todo el continente. Si vence, habrá vuelto a asombrar al mundo y sus enemigos temblarán una vez más ante la sola mención de su nombre. Pero si pierde ya no habrá más oportunidades para él.

Napoleón está sentado en la habitación de una posada de la zona, La Belle Alliance, que está usando como cuartel general. Observa los mapas esperanzado y celebra lo que parece una inminente victoria con una cena junto a su Estado Mayor. Lo tiene todo a su favor. Ha dado una de sus legendarias muestras de inspiración y, como decíamos en la primera parte de este relato, ha conseguido lo imposible separando a sus dos ejércitos adversarios, el británico de Wellington y el prusiano del general Blücher. Además ha encerrado a Wellington en una trampa. Si el ataque francés sale bien y las tropas británicas se desmoralizan e intentan una inútil retirada a través del bosque que tienen a sus espaldas, serán presa fácil para los franceses. Un bosque siempre impide un repliegue organizado; si Napoleón gana, Wellington ya no tendrá un ejército con el que regresar a las Islas Británicas.
Mientras el Emperador de Francia celebra el éxito de su arriesgado plan, Wellington, en su tienda de campaña, se lamenta con amargura: “el maldito Bonaparte me ha tendido una trampa”. La Alianza europea que intenta frenar a Napoleón en su asombroso retorno pende de un hilo. Si Wellington es vencido en Waterloo, Bonaparte se girará hacia el ejército prusiano de Blücher y lo destruirá sin duda. Cuando Inglaterra y Prusia hayan sido vencidas de manera casi incomprensible, en solo tres días, por un único ejército y sin ayuda externa, Austria y Rusia se sentirán inseguras y querrán firmar la paz. Tal vez se rindan. Dependiendo de lo que ocurra en las horas siguientes, la Europa del futuro será una, o será otra muy distinta.
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Bajo mi punto de vista, una de las cagadas monumentales de la batalla, mejor dicho, de los días anteriores, fue que Napoleón no hizo mucho caso a la granja de Hougoumont y la dejó estar, Wellington que era una as de la defensa se la quedó haciendo gran énfasis, los franceses a la hora de la batalla propiamente dicha, no la podían dejar detrás de sus lineas al avanzar hacía el enemigo, intentaron tomarla, pero emplearon mucho tiempo y vidas, a partir de ese momento, la moral empezó a decaer.
Otro capítulo histórico y a tener en cuenta fue la carga alocada de caballería de los Scots Greys, al grito de ¡¡Alba gu bràth!! cargan contra la columna de D´erlon (15.000 tíos) que ya llevaban tiempo dándose candela con otra columna inglesa comandada por Picton (5.000), llevaban las de perder, entonces aparecen a caballo este regimiento escocés saltando por encima de ellos y cargando contra el gabacho, se ven tan superiores que se escucha «Hasta París!!!» y ni cortos ni perezosos van solos hacía la boca del lobo, les esperan de frente Les Cuirassiers y en el flanco derecho la caballería ligera. Los diezmaron.
Por lo demás…UN FANTÁSTICO RELATO, tanto esta, como la otra parte. ENHORABUENA.
Sobre Hougomont:
No es tanto que lo dejara estar ni que supiese que sería complicado, en mi opinión, más bien al contario. Se enfrascó demasiado en algo que no estaba previsto.
El mapa de Ferraris y Capitaine que usó para la campaña Bonaparte era bastante impreciso, lo cual también pudo influir en su juicio respecto a ciertos detalles para ajustar tiempos y distancias…incluso no contemplaba Hougomont como una «fortificación» más o menos consistente, si no como una especie de pobladucho, alguna casa que otra…los franceses se encuentran de golpe en que lo que ellos consideraban un ataque al BOSQUE de Hougomont, que suponían ligeramente defendido, se convierte en un ataque en toda regla a unos locos que defienden una plaza fuerte con uñas y dientes y que va absorbiendo tropas y tiempo como una esponja y que además no permite seguir al ala izquierda francesa la presión de D’erlon, con lo que la derecha del Duque puede permitirse el lujo de si es necesario bascular en apoyo de la izquierda y no debilitar el centro.
Pero ahí se le calentó la boca a Jerome. Lo que tenía que haber sido un simple «apantallamiento» se convirtió en toda una odisea, con el consiguiente atasco. Una vez visto lo que allí había, hubiese bastado con fijar a los defensores en vez de enfangarse en una brutal pelea por conquistar Hougomont. Que por cierto, lo sucedido allí, tiene para una buena historia por si sola.
Sobre la carga contra de la Caballería Pesada:
La Union Brigade del general Ponsonby, que murió en esa acción, incluía también a los Royals y los Inniskillings, siempre olvidados al no aparecer en el cuadro de Lady Butler pero que también tienen su corazoncito ;), se encontraron con la Grande Batterie y fueron destrozados por los cañones, creo recordar. Luego la caballería francesa saldría en su persecución.
Sobre el plano personal del personaje en el apartado de Epílogo, creo que adjetivos como tirano absolutista, ambicioso y egocéntrico, leyendo unas cuantas biografías sobre el personaje (es mi caso, tanto francesas como de otros autores no franceses) podrían matizarse bastante, en mi opinión, y no los encuentro del todo acertados… ¿o es que el resto de gobernantes europeos eran unos demócratas convencidos (Fernando VII sin ir más lejos)? Recuerdo que, como gobernante, excepto la campaña de 1808 y 1812, el resto de campañas las iniciaron las coaliciones del resto de países contra Napoleón (gracias en gran parte al apoyo económico de los inglese), no las inició él.
En cuanto a lo de la matanza que no le tembló el pulso entiendo que te refieres a la de la campaña de Egipto (expedición a Acre), y hablando en términos militares,
por lo que tengo leído, él había dado órdenes de no hacer prisioneros en la batalla. Resulta que sus subordinados o no entendieron la orden o no la recibieron, por lo que al acabar la misma, Napoleón se encontró de golpe con unos pocos millares (creo que eran del orden de 1800-2000, hablo de memoria) de prisioneros sin saber qué hacer con ellos. Libertarlos no parecía buena medida y tampoco los podía llevar prisioneros ni dejar un contingente de su propia fuerza para custodiarlos.
Que los fusiló y es moralmente deplorable, de acuerdo. Desde luego. Pero estamos hablando de una decisión desde el punto de vista militar y de un militar del s. XVIII. Ah! Y ejemplos de decisiones como ésta hay en nuestra propia Guerra CIvil Española, igualmente deplorables.
Muy resumidamente, sobre la batalla ya exigiría ya de por sí solo un artículo aparte, pero a Napoleón se le ha criticado de todo en esta batalla, hasta la elección de sus mariscales para la campaña… Yo creo que aunque hubiera ganado esa batalla (Waterloo) y los ingleses hubieran embarcado en Amberes, quedaba el resto de contingente prusiano y los rusos (creo que también los austriacos) acudían también con sus ejércitos mucho más numerosos, por lo que no hubiera dejado de ser un canto del cisne, que es lo que fue, al igual que la campaña de 1814.
Sin dudar de los comentaristas yo echo de menos más información de lo mucho y bueno que hoy disfrutamos en Europa por el legado napoleónico.
Buen texto, enhorabuena. Un detalle que no se menciona en él es que las tropas francesas tuvieron que atacar… cuesta arriba! Lo cual con un terreno embarrado es el más difícil todavía.
Otra versión que circula sobre el por qué del nombre de la batalla es que los correos que se enviaban a Londres para reportar el progreso de la operación estaban franqueadas en el pueblo de Waterloo.
Ya leí la primera parte y me encantó. Esperaba esta segunda parte con ganas… y no me ha defraudado en absoluto. Mi más sincera enhorabuena por tan brillante relato.
Estos dos relatos suyos han propiciado que me suscriba al RSS del blog y tengo que decir que ha sido una decisión totalmente acertada, he encontrado unos textos fantásticos.
Un saludo desde Lieja (Bélgica) lugar bastante cercano a este escenario histórico.
El mejor artículo que he leído nunca. Magnífica historia narrada de una manera excelente. Se me ha hecho hasta corto. Enhorabuena.
Enhorabuena al autor de estos dos relatos… me he quedado fascinado.
Una vez más un relato brillante que atrapa en todo momento al lector, sin duda una excelente segunda parte. Sólo pondría un «pero»: en los dos primeros párrafos comienzas un tanto dubitativo, rápidamente lo subsanas y entras en harina de corte épico.
Me preguntaba cuándo llegaría esta segunda parte y llevo tiempo pendiente del RSS de esta página. Continuaré siguiendo de cerca esta web.
Enhorabuena, un magnífico trabajo.
También añadiría que la selección de cuadros para ambientar el texto es magnífica.
Pingback: Waterloo, la batalla que Napoleón pudo ganar
Una estupenda compilación de la Campaña de los Cien Días, enhorabuena.
La sorprendente llegada de los prusianos en mi opinión no fue tan sorprendente. Napoleón tenía suficientes indicios y pruebas testimoniales, incluidos prisioneros, para conocer al menos tres horas antes, la llegada del cuerpo de Von Bulow. Mi teoría es que el Emperador lo sabía, pero sus acciones solo se entienden si tirando él mismo de wishful thinking y no estando en su mejor día, quiso creer que Grouchy venía detrás de los prusianos.
Respecto a la trascendencia de Waterloo, pese a mi irredenta anglofília y siendo probablemente mi batalla favorita, me parece un poco inflada por la historiografía anglosajona. Creo que el momento definitivo de las guerras napoleónicas fue dos años antes en Leipzig. Además, estimo que durante mucho tiempo se ha ninguneado no solo el papel de los junkers si no también de los alemanes, belgas y holandeses en el ejercito de Su Gracia, hablando de ejercito inglés, en lugar de ejército aliado. Que teniendo en cuenta que más de la mitad de las tropas de Wellington no eran británicas, se ajustaría mejor.
En mi opinión, una victoria francesa en Waterloo no habría forzado a firmar la paz a Rusia, Austria y la misma España, y los ingleses volverían a refugiarse en su Isla mientras financiaban a sus aliados. Napoleón no tenía sitio ya en esa Europa, y Francia había quemado ya todo ‘man power’. Los marielouises de 1813 eran el fondo del barril, y un fondo poco consistente, muchos mandos eran abierta o secretamente proborbónicos, y sería difícil mantenerse frente a una nueva alianza paneuropea que no se contentaría hasta que Napo dejara el poder. No podían permitirlo.
Desde luego, Napoleón pudo ganar aquel 18 de Junio, y creo que aún con todos los errores que cometió, y no fueron pocos, estuvo a punto de hacerlo. El primero, dejar a Davout en Paris. Davout en el ala derecha del ejército y…quién sabe.
…Hay quien apunta a Davout como Jefe de Estado Mayor de Napo en lugar de Soult en la campaña (sobre todo teniendo en cuenta lo especialmente confuso del flujo de órdenes, contraórdenes y comunicaciones en general de L’Armee du Nord, sobre todo a partir del 16, es decir, justo cuando empieza la picadora de carne a funcionar de verdad) también hubiese sido preferible, recordemos que Davout era sobre todo un organizador extraordinariamente meticuloso.
Excelente lectura, me encantó tu narración.
@Luis,
Yo sí pienso que habría forzado la paz, porque seguramente las potencias europeas acabarían llegando también a la conclusión de que detener a Napoleón por la vía militar era, aparte de un fracaso, carísimo. Todos estaban agotados, y la paz era una tregua que jugaba en contra de Napoleón. Obviamente que iban a moverle la silla, pero eso sería ya más bien por medios políticos o incluso promoviendo un asesinato. Napoleón ante todo era un excelente estratega, y jugaba muy bien sus cartas, así que la historia europea hubiera sido muy, muy diferente. Baste pensar que Catalunya hubiera quedado definitivamente anexionada al Imperio Francés, probablemente mucho más de España, y estaría por ver el destino del imperio español que sería de hecho troceado (en puertas de su desintegración). Buf, no, la historia sería muy muy distinta.
Ni tampoco queda escrito que lograsen desembarzarse de Napoleón de un modo u otro.
‘Baste pensar que Catalunya hubiera quedado definitivamente anexionada al Imperio Francés’
¿En 1815? No veo de que manera, francamente. Si ya en 1814 las tropas españolas, no solo inglesas, habían cruzado los Pirineos e invadían Francia. Desde luego, y además no era otra la intención de Napoleón, si consigue la paz no iba a ser ganando territorio alguno.
El tema del dinero lo cubría la Pérfida Albión, como llevaba haciendo años, y Rusia, con su sentido sagrado de la monarquía y después de lo que les había hecho Napo, estaba lejos de agotar su potencial humano. En Austria Metternich, enemigo implacable de Napoleón, tampoco iba a quedarse parado.
Como dije antes, en Leipzig selló su destino. La campaña del 14 en Francia, en la que por cierto el Corso brilló a su mejor altura, dejo muy claras las intenciones de las potencias europeas. No hay más pactos de compromiso, y menos aún cuando el ejercito francés era un año después, mucho más frágil, sobre todo en su cohesión interna y en su moral, como todo el país, que ya estaba más que divido entre realistas y bonapartistas.
No se, es indemostrable, claro, pero haciendo una pirueta y salvando las distancias, diría que 1814 es el armisticio de la Primera Guerra Mundial, y 1815 la rendición sin condiciones de la Segunda. Los aliados no iban a cometer el error de intentar volver a domar a Napo.
Un saludo.
A ver, Luis, que tanto paseo de tropas no es barato ni siquiera para el país que permite el paso y los fondos del RU no son inagotables. Napoleón se basaba para situar las fronteras del imperio en los delirios revolucionarios de la ídem, de llevar las fronteras «naturales» de Francia hasta el Rin y la marca hispánica, y Napoleón incluso aprovechó para cagarse aparte del Imperio Romano Germánico, la república de Venecia y otras por el estilo. Hay mucha mitología de pacotilla sobre la guerra peninsular, pero el hecho es que salvo Galicia (territorio periférico y de acceso complicado), el resto de la península estuvo en control bastante total de las fuerzas napoleónicas hasta que éstas se retiraron. Las razones geopolíticas que les llevaron a anexarse Catalunya (cosa que no hicieron en un principio) estaban más vigentes que nunca, y no iban a ceder aquí como tampoco iban a ceder en quedarse todos los países bajos y la costa del Mar del Norte de la actual Alemania, por mucho que el RU insistiera en lo contrario. De hecho, Napoleón cambió casi *todas* las fronteras, no veo por qué iban a ser sagradas unas más que otras. Porque el punto central de mi argumento es que las potencias europeas iban a abandonar la vía militar para neutralizarlo, y no es muy válida la comparación con la I GM (porque es un acontecimiento que aún no ha tenido lugar), sino más bien la guerra de los 30 años, o cualesquiera otra de las que hubo los 500 años anteriores por la hegemonía en la Europa Continental. Dejar un Imperio Francés excesivamente extenso a un régimen, que como tú mismo apuntas, estaba agotado, era tensarlo al límite. Es obvio que cualquier armisticio cambiaría esta expansión territorial (que Napoleón necesitaba para salvar los muebles en casa) a toda una serie de concesiones en retorno, vamos, por no aburrirnos: que la derrota definitiva de Napoleón ya no sería en un campo de batalla, sino en el terreno político, donde era un punto más torpe y donde además, a diferencia de con un ejército, le es imposible controlar tantas variables. No tengo ninguna duda al respecto, porque Napoleón también jugaba con la quiebra de los adversarios, y también en esto estuvo en un tris de lograrla.
En cualquier caso estoy de acuerdo contigo que las esperanzas «plenas» de Napoleón se fueron donde indicas, todo esto no sería más que ganar algo más de tiempo… pero cambiar totalmente la historia, eso sin duda.
Buenas, he estado esperando con impaciencia esta segunda parte, la primera la empecé a leer sin entusiasmo en mi iPhone (de manera incómoda) y no pude parar de leerla, de hecho he estado entrando en esta página regularmente en busca de la continuación.
Y estoy de acuerdo en el papel de Napoleón como uno de los grandes de la Historia, no conocía su gran conocimiento de la artillería, y era la primera vez que leía algo en detalle sobre Waterloo.
Simplemente quiero dar las gracias al autor por hacerme pasar dos grandísimos ratos con estas lecturas, seguiré de cerca esta página.
Un saludo
Querido estratega editor de este blog E.J. Rodríguez,
Cuando expliques una batalla, mmm, a ver como te lo digo educadamente, que tal si lo ilustras con….
UNOS MAPAS!!, que parece que cuesta explicar las cosas. Menudo tocho de texto, y fallaste en lo mas importante. Mapas de flujo de tropas indicando los movimientos y hasta un mapa con la ubicación de Waterloo. En fin, solo espero que el texto sea integro tuyo y no una traducción…
Gracias al autor por estos magníficos artículos. Me lo he pasado genial leyéndolos y además, al tener que esperar con tantas ganas la segunda parte, he descubierto al resto de autores de esta página, que ha ganado otro lector.
Además he disfrutado contándole la historia a los amigos, ya que, por como está escrita, es perfecta para relatársela a los demás de manera interesante, como un cuento histórico.
Las anécdotas, como la del soldado inglés que dispara al francés a caballo, sirven para visualizar lo que pudo ser la realidad, y son perfectas si van acompañas de rigor histórico, como el que presupongo tiene el resto del texto.
¡Gracias, y que sigas escribiendo!
Muchos ya lo habréis leído, pero por si acaso os recomiendo Los Miserables, de V.Hugo, donde se relata de manera exquisita este episodio histórico.
Enhorabuena por este excelente artículo.
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Soy un modelista asturiano y me gustaria que mi proximo proyecto sea realizar un cuadro de infanteria en Waterloo, vosotros como expertos. ¿Me podriais decir de cuantos efectivos se componian? ¿Pudieron coincidir en el mismo cuadro unidades de highlanders y de infanteria regular? Si me podeis ayudar , os agradeceria que me enviaseis toda la información que tengais sobre este tema, muchas gracias por vuestro tiempo. Un saludo
Muy buen relato, lastima el final, es cierto que Napoleón estaba en contra de la libertad de expresión pero, que le hubiese pasado a un ingles o a un español que hablase a favor de Francia en sus respectivos países en esos momentos? Seguro los hubiesen ejecutado, eso no es estar en contra de la libertad de expresión? A caso la coalición no había masacrado a nadie? tampoco habían mandado miles de jóvenes a la guerra? cosa de la que Napoleón es culpado.
La cosa es que sin coalición, tampoco hubiese habido Napoleón, ya que su fama vino por el afán de las monarquías europeas por poner fin a la revolución y sus efectos cosa en la que fracasaron rotundamente. Como dijo Víctor Hugo en «Los Miserables»: «Mientras que antes Napoleón colocaba a un cochero en el trono de Napoles, después Luis XVIII firmaba la constitución»
La verdad es que Napoleón fue un arma de la revolución para mantenerse viva, cuando dejo de ser necesario fue desechado.
Excelente serial, alguien sabe de alguna biografía de Napoleón recomendable? Gracias.
Antonio, a lo mejor ya le contestaron, pero no puedo dejar de recomendarle la biografía escrita por Emil Ludwig. Si bien tiene casi un siglo, es insuperable. Si le interesa profundizar en el lado militar de Napoleón, lea »Las campañas de Napoleón», de David Chandler, editada por La Esfera de los Libros. Saludos cordiales.
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Hasta donde sé, la cena del 17, jornada previa a Waterloo, el Corso cenó en la granja de Le Caillou, no en La Belle Aliance, tal como se expone, creo que erróneamente, al inicio del artículo.
J.M.
Muchas gracias por ambos artículos, E. J.
Dan ganas de leer más sobre el personaje, aprovecharé algunas de las obras recomendadas. Gracias