Deportes

El fabuloso fútbol rumano

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Los jugadores del Steaua celebrando su victoria en la Copa de Europa 1985-86. Foto: Cordon.

Hubo un tiempo (aunque ustedes no lo crean, aunque les suene extraño) en que Nicolae Ceaușescu fue considerado ejemplo a seguir, la posible tercera vía: un comunismo independiente del intervencionismo exterior de Moscú. El heredero ideológico de Gheorghe Gheorghiu-Dej fue, por ejemplo, el único miembro del bloque del Este que criticó la invasión de Checoslovaquia por parte del Pacto de Varsovia en 1968. Un tipo íntegro, consecuente con sus ideas, se leía por entonces. Qué dura es la historia…

Pero aquí no venimos a hablar de política (o no solo), sino a contarles cómo, en mitad de un régimen esquizofrénico, anacrónico y aparentemente imposible de explicar mediante parámetros racionales, el fútbol brotó con una fuerza inusitada hasta convertirse en icono de todo un pueblo para su imagen internacional. Aunque fuera a su manera, particular y paradójica.

Casi increíble.

Acompáñenos. Vamos a hablar del fabuloso fútbol rumano.

El gran Steaua

Sin duda, el mayor símbolo de lo que fue el balompié en Rumanía durante los años ochenta, en lo bueno y en lo no tan bueno, es el Steaua de Bucarest. Un club que logró nada menos que ser campeón de Europa… además de protagonizar episodios misteriosos que caen a mitad de camino entre lo bufo y lo trágico.

Después de pasar unos años con altibajos, el Steaua de Bucarest logra en 1985 imponerse en la Liga rumana. El conjunto dirigido por Emeric Jenei se alza con un título que le estaba vedado desde hacía más de un lustro, y de paso logra clasificarse para jugar la Copa de Europa al año siguiente.

Y aquí empieza el milagro.

El Steaua era un equipo fortísimo, dentro de los parámetros de Rumanía. Con un estilo de juego moderno y dinámico, deudor del fútbol total de Rinus Michels, los nombres de Belodedici, Balint, Iordănescu, Lăcătuș o Pițurcă pronto empezaron a leerse entre adjetivos de admiración en las crónicas de medio mundo. Nadie sabía cuál iba a ser su límite, pero mientras este llegaba aquellos jóvenes venidos del este parecían dispuestos a disfrutar lo máximo posible. Ganaron al campeón de Dinamarca, al mítico Honvéd de Budapest, al Kuusysi y, finalmente, se enfrentaron al Anderlecht en semifinales. Los belgas venían de eliminar al todopoderoso Bayern de Múnich, pero nada pudieron hacer ante el empuje, sorprendente y sofisticado, de los rumanos. Cayeron por tres goles a cero en el Stadionul Ghencea. El Steaua había obrado el gran milagro, estaba ya en la final de la Copa de Europa. Solo el Partizan de Belgrado lo había conseguido antes de entre los equipos del bloque comunista.

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8 comentarios

  1. Agustín Serrano

    Buen artículo.

  2. Tergiversador de Enredos

    El Steaua ganó la final de 1986 porque en el Ramón Sánchez-Pizjuán, vistiendo de blanco con detalles en rojo, lo más probable es que ganes . Ahí en el Steaua anduvieron listos.
    Por cierto, en aquella época yo vivía muy cerca del estadio, en el camino desde la estación de trenes, y recuerdo que los Boixos Nois dejaron mi calle asquerosa de pintadas. En nuestra fachada plantaron una. Sólo por eso, a mis nueve años, deseé que perdieran.

    • Eddie Raimon

      Probablemente los ultra sur irían de buena fe a llevarle flores a la virgen de los Dolores y todo hubiera sido paz y amor con sus allegados sevillanos y sevillistas…

      • Tergiversador de Enredos

        La insensatez y falta de educación de unos no justifica la insensatez y falta de educación de otros. Aquella guarrada la hicieron los que la hicieron, y no otros. Y en esto me dan igual los colores, es una cuestión de civismo. Pintarrajearon las fachadas de un lado de calle, y los muros del otro lado, que son los de la vieja Fábrica de Artillería, un edificio histórico.
        Aquel día, repito, a mis nueve años, desarrollé hacia el FC Barcelona un sentimiento negativo que, en cualquier caso, no impidió que por otros motivos desarrollara otro igualmente negativo hacia el Madrid. No es necesaria la concordia, basta con tener un poco de respeto hacia los anfitriones. Cuando he viajado con mi equipo a otras ciudades jamás se me ha ocurrido otra cosa que no sea respetarlas.
        Y para tu información, en las cercanías del Ramón Sánchez-Pizjuán encontramos a las vírgenes de Consolación, Encarnación, Refugio y Rosario.

  3. Karlsterio Kovas

    Dorin Mateut no fue un mal jugador. Es cierto que la cifra de goles marcados es una salvajada (presumiblemente «ayudada», como bien dice el artículo), pero no por ello el jugador no mereciese la pena.

    Es conocido en España por haber jugado 2 temporadas con el Zaragoza, donde cuajó buenas actuaciones. De hecho, fue un jugador que ocupaba plaza de extranjero en una época en la que estos jugadores estaban muy limitados en número, y en un equipo acostumbrado a jugar competiciones europeas.

  4. Víctor Planas

    Un artículo excelente. Dejando de lado determinadas ayudas, el Steaua fue un campeón justo en una competición que hoy sería imposible de ganar por un equipo modesto. Era otra época, era otro fútbol, seguramente más auténtico.

  5. Solo 2 aclaraciones a este fantastico y muy bien documentado articulo.
    Una objetiva: El Dinamo Bucarest fue el equipo del Ministerio del Interior, pero no fue el equipo de la Securitate. Ese fue el Victoria Bucarest.
    Una aclaracion subjetiva: El regimen de Ceaucescu fue muy malo, pero fue incluso peor lo que vino despues. Deportivamente hablando, sorprende como un pais tan desconocido como Rumania llegara a ser una potencia mundial en muchos deportes. Y eso, le pese a quien le pese (especialmente a los rumanos), fue gracias a ese regimen. Una generacion futbolistica tan buena como la «Generación de Oro» del futbol rumano no fue producto de la casualidad, sino del buen hacer en el ambito deportivo. Y si esa generación no llegó a semifinales en el mundial 94 fue por perder absurdamente por penalties un partido que tenía ganado. Y no pasó de octavos en Italia 90 porque sus jugadores, recien caido el regimen, estaban mas preocupados en negociar sus contratos en el extranjero y porque además las convulsiones internas fueron brutales durante la celebracion del torneo. Una generación así nunca se volverá a repetir porque es el fruto de decenios de trabajo, frente a la mentalidad a corto plazo que es la que impera hoy en Rumanía.

  6. Pingback: David Goldblatt: "La prensa deportiva no investiga temas difíciles".

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