
Las vidas de los grandes escritores están plagadas de lugares comunes. Una clase de gimnasia, vestirse para una primera cita, pagar facturas, el dolor por lo perdido, una infancia al sol, barro en los zapatos. En una entrevista publicada en el diario Clarín en 2011, el brasileño Gilberto Noll defendía que «la literatura busca trascender la mediocridad de lo cotidiano. La literatura es una forma de resistir». Selma Lagerlöf y Astrid Lindgren resistieron, y tuvieron vidas normales salpicadas de acontecimientos extraordinarios.
Selma Lagerlöf publicó casi cuarenta obras, entre novelas y volúmenes de cuentos, de temática diversa. Su obra más conocida es El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, traducida a más de sesenta idiomas. Selma ostentó el honor de ser la escritora sueca más traducida hasta que apareció Astrid Lindgren con Pippi Långstrump, publicada en más de setenta lenguas. Astrid escribió cerca de cincuenta obras, entre novelas, libros de cuentos y alguna rareza; la mayor parte de ellos de temática infantil y juvenil. Y (ahora hay que coger aire) ha vendido más de ciento sesenta y cinco millones de libros en todo el mundo.
Estamos en un frío Estocolmo de finales del año 1939. Astrid ha leído por encargo La Nochebuena y otros cuentos de Navidad de Selma Lagerlöf y está escribiendo una reseña para el diario Stockholms-Tidningen. La nieve cae ligera tras las ventanas. Su hija Karin llora y Lasse, el mayor, cuida de ella mientras su madre hilvana el texto que tiene que enviar a primera hora del día siguiente. Días después de publicar la reseña habla con Börje Brilioth, el jefe de redacción, para que la ponga en contacto con Selma. Intentará que le conceda una entrevista. Selma acepta la entrevista con una carta breve en la que también se interesa por los textos de Astrid. Deciden reunirse en abril del siguiente año en el café Sundbergs Konditori de Estocolmo. Astrid solo ha leído algunos de sus libros y se hace con algún título más para preparar la entrevista. Lee con vivo interés El anillo del general y vuelve a sentir una perplejidad similar a la que experimentó por aquel lenguaje preciso, aquel estilo que basculaba entre el realismo y la fantasía, cuando años atrás leyó Jerusalén. Pero la cita en el Sundbergs no tiene lugar. Selma fallece en marzo de 1940 en su casa natal de Mårbacka, casa que había recuperado gracias a la dotación del Premio Nobel de Literatura (1909). Allí pasó sus últimos días junto a su hermana y junto a Sophie Elkan. Su amante, su confidente, su compañera de vida. El Nobel de Selma había sido el primero otorgado a una mujer y tardarían diecisiete años en dárselo a otra: la italiana Grazia Deledda. Había muerto la primera Premio Nobel de Literatura.
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Gracias, de verdad gracias, las desconocía por completo. Da igual si éste sea bueno o mal momento, lo importante es que han llegado. Hoy mismo empiezo a leerlas.
Excellente articulo!!
Deseando leer algo mas de la mano de David Gambarte.
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